jueves, 7 de junio de 2012

Sólo quiero estar contigo...a tres metros del cielo.


ÁNIMO, LA VIDA SIGUE
(Carta a un joven cualquiera)
Publicado en el diario La Verdad el 7 de junio de 2012
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“Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de millones de hombres sin historia, que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que, como las madréporas suboceánicas, echa las bases sobre las que se alzan los islotes de la Historia”. (MIGUEL DE UNAMUNO, En torno al casticismo, 1905)

Supongamos que la crisis se lleva a este país por delante. ¿O por la espalda? Te cuento lo que yo haría.  Me compraría un cuaderno de dos rayas y anotaría todas las cosas que realmente me importan…una mierda: deuda pública, prima de riesgo, activos tóxicos, etc. También algunas escenas pornográficas protagonizadas por los rostros más significados de los poderes del Estado. Dejaría de mirar la vida en sus trazos gruesos y sólo le prestaría atención a los más difusos, aquellos que sólo se perciben desde la distancia, con los que Matisse contó tantas y tantas historias íntimas. Me aferraría a lo que ellos no me pueden quitar: lo que le da color a los días, el tic tac y el perfume del pecho en el que acurruco la cabeza al llegar las noches, sus sabores…  Los abrazos llenos de quienes me harán vivir en la eternidad más allá de mi existencia. El placer del trabajo bien hecho. La vida.
Los hijos de esta gran nación, somos el resultado de los avatares históricos que parieron buenos o malos maestros. En uno y otro caso, la escuela no ha dejado de ser, un procedimiento institucionalizado de reproducción social. Pero siempre que la historia permitió llegar a los mejores a las aulas, al menos aprendimos quiénes éramos y qué ocurría a nuestro alrededor. Fuera de las aulas, en nuestras calles de hoy, la tesis de la competencia como valor absoluto corrompe de fuera a dentro la bondad innata del hombre, huérfano de guías que le ayuden a construir sueños y deseos, más allá de la satisfacción de necesidades. Consiguientemente, los pupilos no pueden conocer lo que el maestro ignora y el entorno social les niega.
Nuestra herencia no ayuda nada. Siempre dudé de aquellos valores religiosos de la justicia divina, el forzoso valle de lágrimas… cuando en mi entorno, los aprovechados de la desgracia ajena y de la desigualdad siguen siendo los poderosos (parece que estos no renuncian a ningún paraíso, terrenal o mágico).
Cuánto más sibilino y fácil es alienar la mente con dogmas de izquierda o de derecha que arriesgarse a la libertad y al buen juicio de la inteligencia y el análisis racional; sobretodo en las fases más moldeables y receptivas de los futuros ciudadanos.
Los actuales actores (con perdón) educativos han bebido de las fuentes de quienes por acción u omisión hicieron desaparecer las aportaciones de la Institución Libre de Enseñanza y la sociedad laica y racionalista del primer tercio del S.XX. Nuestras instituciones educativas desde ese fatídico momento, tanto en los centros de primera enseñanza como en las universidades, fueron controlados por los principios del “glorioso” movimiento nacional, el dogma, una casta de vencedores y un liberalismo sólo en lo económico, sustentado en un sistema policial y de ausencia de libertades y pensamiento crítico.  De aquellos lodos, nosotros y sobre nosotros nuestros maestros.
Hoy los rectores son elegidos democráticamente por la comunidad educativa universitaria. En los últimos días están demandando recursos económicos para mantener la calidad y autonomía ante los poderes políticos. Sin embargo, ni en sus mejores momentos, nuestras universidades consiguieron los primeros puestos en el ranking mundial. ¿Inocentes?
Sí, hemos vivido un tiempo trivial y lo sustancial necesita madurez, requiere reflexión, pasado y futuro. Hoy no hay tiempo para nada de ello. El presente se instala en el pensamiento como paradigma de lo real: de lo único real. No es verdad. Y, sobretodo, no es verdad para aquellos que como tú tenéis toda una vida por construir.
Nada de lo desconocido, mueve nuestro interés. (Rousseau. El Emilio). Nadie desea lo que desconoce, nadie se afana por lo que no desea, nadie disfruta con lo que no consigue. Para muchos jóvenes aprender a mirar y entender la realidad social y económica, aprender a desear, aprender a discernir y tomar decisiones representa la única posibilidad de alcanzar un proyecto de vida elegido. Todo lo demás es humo. 
Quedará lo aprendido, quedarán los errores,.... y espero que no quede la ausencia de valores que impregna nuestro sistema educativo.  Los valores son los cimientos de una sociedad y la nuestra se construye sobre una base bien precaria. Así nos han ido las cosas, así hemos construido urbanizaciones en el aire y, de seguir así, no hay futuro más allá de la repetición de la historia: un enriquecimiento ficticio que oculta la pobreza estructural de nuestra España.
De nuevo, como después de nuestras grandes crisis de país toca regenerar España y esta vez hacerlo bien, contando con lo mejor de nuestro país, sin caer en la tentación de la mediocridad, cómoda por silenciosa y cómplice. Si algo debiéramos aprender es que los milagros no existen, ni siquiera los laicos;  el camino no es corto (ni tampoco lleva a Marbella), y los valores apuntalan el progreso de nuestra sociedad.
No es tiempo para el desánimo. Todo estará bien al final, si no está bien, todavía no es el final… La  vida sigue. Es vida.  

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