miércoles, 23 de mayo de 2012

SI NOS QUERÉIS, IRSE


PUBLICADO EN DIARIO LA VERDAD EL 24 DE MAYO DE 2012
BY VICTOR MESEGUER

SI NOS QUERÉIS, IRSE
…Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra. (Blas de Otero)

Las caras se desencajan con el paso de las noticias. Como diría un castizo de Madrid, poco a poco, nos vamos enterando de que debemos más dinero que Alemania después de la II Guerra Mundial. A la vista del delito continuado de estafa, los dos partidos mayoritarios, en vez aunar fuerzas para corregir los errores de país, están pensando en cómo devolvérsela los unos a los otros. Bueno, quizás, la altanería y chalanería del PP marca la diferencia y es más insultante. No obstante, últimamente, la mayoría de los políticos son como sacos, que pese a estar vacíos se mantienen de pie.
Y esta crisis la vamos a pagar todos menos los responsables, sobre la base de una relación de proporcionalidad inversa: a mayor responsabilidad, menor coste. Pongamos un ejemplo: en España no sólo exportamos frutas, verduras o turismo (oferta de servicios turísticos que genera una corriente o flujo de ingresos de divisas que mejoran la balanza de pagos del país), aunque cada vez menos, también exportamos el derecho a recibir asistencia sanitaria. Para que nos entendamos, un alemán sin actividad laboral, residente y empadronado en La Manga, es asegurado de nuestro sistema de salud y, por tanto, tiene reconocidas en España las prestaciones sanitarias. Derecho que reconoce el país emisor de su Tarjeta Sanitaria Europea, haciéndose cargo, igualmente, del gasto sanitario en el que pueda incurrir en sus desplazamientos temporales por cualquier país del Espacio Económico Europeo. Pero esta es sólo una parte de la realidad de las prestaciones sanitarias que prestamos a extranjeros y a inmigrantes.
De acuerdo con el informe del Tribunal de Cuentas, tras haber fiscalizado la asistencia sanitaria que prestamos a personas extranjeras en España, se detectan graves deficiencias y diversos errores administrativos y de gestión, de los que se responsabiliza a nuestro Sistema Nacional de Salud y a las comunidades autónomas. El informe pone de relieve que se han pagado prestaciones que no correspondían, que existen ciudadanos europeos asegurados en sus países de origen, que reciben prestaciones hospitalarias en España sin que facturemos estos servicios a sus países; que contamos con una deficiente informatización en los servicios sanitarios, que hay duplicidades en personas a las que les concedemos una tarjeta sanitaria individual, a la vez que una tarjeta sanitaria europea, entre otras deficiencias.
¿Y la solución? Muy fácil. Dejar sin cobertura sanitaria en atención primaria y medicina preventiva a las personas inmigrantes en situación irregular que están empadronados en nuestros municipios, como hace el Real Decreto Ley 16/2012 de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones.
¿Quién y qué hace insostenible nuestro sistema de salud?  Las operaciones de cadera, los trasplantes a ciudadanos de la UE que luego no facturamos a sus países de origen, o la atención sanitaria a personas en situación irregular, que permanecen en España mal viviendo en chabolas en las proximidades de los campos donde obtienen trabajo en condiciones precarias. No confundamos a nadie, por favor. Si alguien piensa de verdad que el exceso de gasto en sanidad es culpa de las prestaciones sanitarias a inmigrantes económicos en situación irregular, es que hemos perdido nuestra capacidad de analizar la realidad. No sigamos extendiendo el mensaje xenófobo, basado en el discurso del chivo expiatorio, “la culpa es de los otros” y ahora los otros, son los inmigrantes económicos. No, no son los extranjeros los culpables del excesivo gasto en sanidad, son los problemas competenciales, de gestión, administrativos, farmacéuticos, entre otros.
La única movilización posible no consiste en ganar la calle, sino las instituciones, pero, como ya dije en algún lugar, cada vez más personas dejan de tener interés por sintonizar el canal de su propia vida. Y ese desinterés dificulta el amor, impide la solidaridad, entierra los valores. Sí, creo que fue Casaldáliga, carismático obispo de Recife, quien vino a decir algo así como que ser solidario no es compartir lo que nos sobra sino compartir lo que somos. Y una buena pregunta sería: ¿Quiénes somos?
¿Y qué hicieron los alemanes después de la II Guerra Mundial? Primero, se dieron cuenta que la culpa no era de los judíos ni de los moros ni de los perro-flauta.  Segundo, juzgar a los culpables: políticos, banqueros, jueces, fiscales… Al fin y al cabo no es para tanto, como dice David, un residente de la vieja cárcel por el que profeso sincero respeto: por mucha pasta que hayas manejado, cuando llevas más de cinco años en la cárcel, te das cuenta de lo poco que necesitas para vivir. Y también, de las pocas cosas que echas de menos. Como el Rey, en su soledad, a la Reina y poco más.
¿Y después? Trabajar hombro con hombro por reconstruir el país. De esto último y de otras cosas hablé el otro día en unas jornadas organizadas por el Comité de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), bajo el título “Las organizaciones de Personas con Discapacidad ante la Responsabilidad Social Corporativa”. El punto de partida era el voluntariado corporativo (usar el tiempo pagado que te deja tu empresa, para ayudar en trabajos en beneficio de la comunidad). Como los alemanes, creo que tenemos que ir más allá…
¿Se quedan o se van? “Entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo consiente, hay cierta solidaridad vergonzosa” (Víctor Hugo).




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