viernes, 11 de mayo de 2012

EL BARRO HUMANO


EL BARRO HUMANO
Prejuicios, desprejuicios y disimetrías

Diario La Verdad, 10 de mayo de 2012. Víctor Meseguer. Investigador de la Cátedra de Responsabilidad Social de la UMU


Las relaciones humanas en la cárcel, desprejuiciadas, son tan normales como en cualquier otro grupo. Quizás con menos libertad física y más tiempo para pensar o, según el caso, para matar el tiempo, o las moscas.  Un día a la semana me reúno con un grupo de internos con el objetivo de ofrecerles herramientas legales para que éstos, a su vez, asesoren a otros internos y puedan hacer frente, con cierta solvencia, a su realidad penal y penitenciaria. El resultado es satisfactorio, en mi caso, estoy aprendiendo mucho. 

Ayer me comentaron que el Derecho penal es un mecanismo de dominación del poder establecido y de los intereses corporativos que lo integran (la transcripción no es literal pero la idea, sí). Bien pensado, ellos tenían razón; por ejemplo, en la elaboración de la normativa que conforma el Derecho penal suelen participar los mejores penalistas quienes, en no pocos casos, viven de quienes más grave y conscientemente y desde una situación de privilegio quebrantan la norma penal y, a mi juicio, si estos señores tuvieran que vivir de lo que les pagaran las víctimas, el Derecho penal sería muy diferente y la población penitenciaria, también. Una realidad que no es singular de esta rama del Derecho. 

Por ejemplo, ahora todos estamos un poco enfadados con el populismo de la Sra. Fernández de Kirchner que, aprovechando la debilidad de España y la de los elefantes de Botswana, “nos” ha birlado el 51% de las acciones de YPF, aunque más bien, se las ha quitado a REPSOL y no a España. El caso es que ahora, a los señores de REPSOL sólo les quedan dos opciones: o llegar a un acuerdo de justiprecio y que la buena señora se lo pague si lo tiene a bien, o bien, demandar a Argentina ante la Corte de Arbitraje Internacional dependiente del Banco Mundial, que para eso está. Sí, una putada y un atentado a los más elementales principios de seguridad jurídica. Pero, la cuestión es ¿Y la seguridad jurídica de los millones de ciudadanos a los que eso que llaman mercados les han robado su empleo, su casa o, simplemente, las pocas seguridades de las que disponían a cambio de muchas incertidumbres ¿Cómo se arregla esto? ¿Alguien ha previsto algún sistema para llegar a un acuerdo o poner una demanda? ¿Cuáles son las opciones? 

Pongamos otro ejemplo más cercano. Hace unos meses el Partido Popular, en compañía de otros, rechazó  una propuesta que suponía aceptar la dación en pago como fórmula para que los ciudadanos pudieran saldar sus deudas hipotecarias, alertando contra el daño a la "seguridad jurídica" que podría suponer esta fórmula para modificar un contrato entre particulares. Pues bien, si ponemos en relación lo dicho con el RD-Ley 3/2012, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral, decretado por un gobierno del mismo partido, se dice que si ese contrato en vez de llamarse contrato de hipoteca se llama contrato de trabajo, una de las partes lo puede modificar sustancialmente a poco que demuestre que la cosa de la economía ha cambiado ¿Qué si ha cambiado? ¡Y tanto! Para este contrato y para el otro, también. ¿Seguridad jurídica? ¿De quién?
De quienes siempre han mandado. Todos tenemos alguna idea de las grandes aventuras de los bancos y cajas de ahorros con dinero ajeno, pero lo gordo ha estado en el menudeo tramposo e impune al que se aplicaba la economía de escala. Como afirmaba un directivo financiero hace unos años: “Si tienes una cesta, en vez de meter dos melones de 50 kilos, mejor 100 melones de un kilo, si mañana se te pudre uno, no pasa nada…”

Me explico con otro ejemplo. Las entidades de crédito, incluidos bancos y cajas de ahorros, están obligadas, desde hace años, a cumplir con unos requisitos en las ventas de productos financieros que afectan a la información que deben facilitar a los inversores (Directiva europea MiDIF).  Pues bien, la inexistencia de un código de buenas prácticas y ese paradigma de modelo productivo de retribuciones por objetivos, sin cuestionarse los objetivos, derivó a que timoratos pequeños inversores fuesen embaucados por empleados de nuestras entidades financieras a pasar los ahorros de toda su vida a fondos de inversión o acciones preferentes, que les prometían más rentables y con la misma fiabilidad que sus plazos fijos. Cuando se ha descubierto el “pastel”, decenas de miles de fatuos ahorradores e ignorantes financieros, cuya firma dactilar identifica su realidad, han escuchado de sus familiares o sus abogados que aquellas bicocas hoy son papel mojado y que su obligación de amortización está por el año 3.000 ¡Sí, para entonces estaremos calvos!

Ahora recuerdan aquellas palabras quedas de su amigo banquero y aborrecen el día que confiaron en aquel “amigo”, que simplemente trataba de conseguir objetivos para su oficina.  Ya no queda banco en cual confiar. Sólo se escuchan los enormes sueldos y las pensiones de los banqueros que han dejado huecas las cajas fuertes que guardaban… La deuda de los bancos se convierte en deuda soberana y Bankia se come nuestro país. Por cierto  ¿Son renglones torcidos del Derecho, de la política, o del ser humano? ¿Dónde está la delgada línea que los separa? 

¿Y la cárcel? Es fácil que la abundante diversidad de realidades socialmente rechazables e inaceptables te conduzca a deshumanizar unas relaciones que, en mi caso, actúan en sentido contrario y son las que más me humanizan.







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