sábado, 5 de mayo de 2012

ALTERNATIVAS AL CRECEPELO


Longinos Marín y Víctor Meseguer*
Publicado en el Diario La Verdad el 5 de Mayo de 2012

El catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, Julián Pavón, afirma que “los chinos crean empresas chinas, contratando empleados chinos, para vender productos chinos, fabricados y distribuidos por chinos, en China, y el dinero lo meten en bancos chinos que lo transfieren a China. A este fenómeno lo denomina “Modelo Parasitario Chino de Expansión Económica”. Dice el catedrático, que con los 3 billones de euros que tiene China en divisas está comprando las materias primas en África y América Latina, llegando a controlar la economía mundial.  
Es de las explicaciones más realistas y claras que hemos oído sobre las causas que determinan la actual crisis económica, y que se alinea con lo ya expuesto en nuestro artículo, publicado en La Verdad con fecha 10 de noviembre de 2011. Al principio era creíble, pero a estas alturas no es difícil deducir que la crisis no se debe sólo asociar con el tema inmobiliario, el déficit, la crisis financiera, el tipo de cambio, y no sabemos qué más. El problema es que en los últimos años no producimos y no vendemos; hemos sido parasitados y el dinero se va fuera, concretamente, al Banco Nacional Chino. En efecto, si 9 de cada 10 productos que compramos son fabricados en China (pensemos en los últimos que hemos comprado cada uno) la sangría que estamos haciendo a la economía regional y nacional es cada vez mayor. Más allá de alentar el consumo, posiblemente, cuanto más consumamos, más pobres seremos y más parásitos tendremos.
En los últimos meses nos quejamos de los recortes, de la caída del estado del bienestar, del paro,… y de la ley de la gravedad. Respuesta lógica. Pero es pertinente reflexionar y analizar que el problema no son las políticas de Rajoy, ni Bernal, ni Merkel. Cualquiera, de cualquier signo e ideología, haría algo parecido. Pensemos que Inglaterra y EEUU han entrado ya en recesión, y que ellos están alejados de la influencia alemana (desde las guerras mundiales llevan resistiendo). El motivo es que en la mayoría de las Administraciones Públicas, los gastos suponen el doble de los ingresos actuales, y ya nadie nos presta, sólo queda gastar menos. Señores, la economía es global, y las políticas son nacionales, o regionales, ese es el problema;  nuevamente un problema de convergencia, de tendencia a que las economías de todo el mundo se igualen. Porque hoy, ya, las economías no se pueden proteger. Los parásitos nos han pillado por sorpresa y si no queremos que nos echen del Euro tenemos que reaccionar muy rápido. 
Otra cuestión tampoco resuelta ni explicada por el catedrático ni por ninguno de los mejores economistas, es qué hay que hacer para salir de la crisis. Existe un aturdimiento generalizado, un mirar para el lado a ver si el otro es capaz de explicarlo, no hay precedentes de un cambio de escenario tan abrupto en la historia económica. Ni los tertulianos pesebreros, esos que ponen cara de interesantes cuando hablan de algo que no tienen ni idea, son capaces de explicarlo. Por eso se acude a tópicos. Lo de vivir del conocimiento, lo del traído y llevado I+D+i  suena a la fórmula del crecepelo, que sólo funciona en casos muy muy concretos (Sillicon Valley, Alemania, Holanda, y ya no nos acordamos de más), gracias a tener ancestrales raíces ancladas en vivir más allá de la mano de obra barata. El resto, calvos, o en términos de Pavón, plagados de parásitos. Hasta que no escuchemos otra explicación más convincente, que recibiremos haciendo palmas con las orejas, no nos queda otra que seguir el procedimiento tradicional de tratamiento parasitario: diagnóstico y tratamiento.
Lo primero, en efecto, es consensuar el diagnóstico, es decir, cuál es el problema, la parasitación, la toma del poder mundial por la economía china. Y que ahí lleguen todos los agentes sociales: políticos, ciudadanos, sindicatos, empresarios, universidades y ONGs, entre otros. Eso favorece hacer un planteamiento concertado sobre el escenario en que la enfermedad dejará de perjudicar, es decir, qué hay que hacer para eliminarla. En política económica nacional, dado que no podemos devaluar nuestra peseta, ni jugar con el tipo de interés, parece clara la necesidad de una disminución de costes en los procesos de fabricación y distribución: mano de obra, materias primas, infraestructuras, suministros, costes indirectos,…. Todo tiene que bajar, sí o sí, para que las empresas puedan competir. También se tienen que poner en marcha todos los activos del país: trabajadores, terrenos, energía, tecnología, financiación y talento. Todos a trabajar. Puestos a reflexionar en este sentido, no vendría mal un Impuesto de Activos Improductivos, en el que los propietarios pagaran por los recursos que estén sin producir: tierra, terrenos, naves, viviendas (a partir de la segunda) o máquinas. Los propietarios los pondrían en el mercado (a veces hasta gratis) para ahorrarse el impuesto y bajaría, considerablemente, el coste de su uso. En ese escenario, a un emprendedor le costaría menos (o nada) alquilar una nave, contratar mano de obra, cultivar un terreno o comprar una maquina. Como los sueldos deben bajar, tampoco vendría mal doblar el período de tiempo de pago de las hipotecas, para que la cuota mensual pueda ser pagada por los ciudadanos. O liberalizar, de verdad, los servicios de aprovisionamiento de energía o telefonía. En definitiva, que todo esté a salarios y precios mucho menores para poder competir fuera, empezar a crear empresas españolas y poder desparasitarse. Además de competir fabricando, es muy probable que el turismo europeo, gravemente lastrado por la severa inflación española de los últimos años, se reactivara de forma considerable, y los alemanes e ingleses volverían a disfrutar de la fiesta y la siesta, sí, sí, que jueguen al golf, se emborrachen, tomen el sol y compren adosados otra vez.
Todo ello precisa de un período de reposo, de recuperación, de generación de las defensas orgánicas que puedan plantear un frente respetable a los parásitos. En ese tiempo hay que pasarlo mal, sí, mal. Hay que asumirlo, y tenemos que ser todos. En este punto resulta imprescindible desarrollar la resignación suficiente para acometer un proceso, necesario,  que podría llevar a la ansiada recuperación, y del que, al final, cualquiera podrá beneficiarse, poniendo su negocio y desarrollando su labor emprendedora en un mercado global, donde todo será más difícil y competitivo. Sería el momento de empezar a despegar. Cuando al señor Ortega se le ocurra volver a encargar los zapatos de sus tiendas en Alhama o Yecla (un 1% nacional actualmente frente al 99% en otros países) porque le empieza a “compensar” en términos de calidad/coste/servicio, empezaremos a tener esperanza de que esto va mejor. O el recién licenciado en Ingeniería Industrial, que diseña unas  pizarras digitales absolutamente innovadoras y decide montarlas y fabricarlas en una nave que ha alquilado en Beniel o en El Raal. Parece imposible ¡Qué lejos, qué difícil, qué utópico, qué triste pensar que eso hoy es absolutamente imposible!
Este camino será, además, el mejor proceso para proteger, de verdad, a los más desfavorecidos. Sólo trabajando todos los que podemos hacerlo, seremos capaces de pagar el disfrute de una vida mejor a los que no pueden trabajar. El gran problema de la asistencia social o sanitaria es que no haya empresas y trabajadores suficientes para poder pagarla.
Estamos convencidos de que todo lo dicho hasta ahora no es de derechas ni de izquierdas, ni público ni privado, ni liberal ni intervencionista, ni jacobino ni federal, tan sólo son razonamientos y posibles alternativas acerca de cómo se puede salir de esto, de cómo dejar de ver los telediarios como alma en pena, de cómo a veces es mejor ponerse rojo de una vez que estar aguantando veinte anaranjados. Si a estas alturas a alguien se le ocurre algo mejor, que no sea el crecepelo, el I+D+i en el que nos encantaría creer, pero que en el corto plazo parece imposible, por favor, pónganlo sobre la mesa, que lo compramos.

* Longinos Marín es profesor titular de Comercialización e Investigación de Mercados y Director de la Cátedra de RSC. Víctor Meseguer es miembro del CES e investigador de la Cátedra de RSC. Universidad de Murcia.

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