miércoles, 14 de marzo de 2012

ADIOS, AYER

 
Víctor Meseguer Sanchez  y Víctor Meseguer Sanchez*
Diario La Verdad 15 -3-2012

- Querido hijo, los sindicatos han convocado una huelga general. El PSOE les acompaña, sus líderes lloran en la calle lo que no supieron defender en las urnas. El Partido Popular dice que el conflicto no creará empleo. ¿Qué conflicto? ¿Los violentos están en la calle y los pacíficos gobiernan los mercados? Detesto la mentira, los sindicatos son los más interesados en tener cuidado con la escalera de los conflictos. No se trata de violencia, se trata de una protesta  frente al mayor ataque en democracia contra la quinta pata del Estado del Bienestar: el Derecho del Trabajo.
¿Y los que no tienen derechos?  Pues mira hijo, a ver cómo te lo digo, la sociedad sigue organizándose en grupos, y el que no está en estos grupos acaba muerto y enterrado. Por ejemplo,  a los sindicatos se afilia la gente que tiene derechos porque no quiere perderlos y en los partidos, la afiliación es directamente proporcional al poder que estos desempeñan. Los que no tienen nada que perder, ni se afilian ni votan. Eso sí, todos dicen defender el interés general aunque ninguno conozca a ningún general, porque en la sociedad corporativa –que es la que rige- ya no hay generales, ni gente que eduque conciencias.
Si limitamos el análisis a los protagonistas secundarios (los principales sois vosotros), la cosa está como sigue. Los sindicatos se juegan mucho con la convocatoria de la huelga general: ser percibidos, o no, como una amenaza creíble y la mayor amenaza siempre fue la inteligencia. Rajoy se juega poco porque su respaldo electoral, ahora, está intacto. Además, puede conseguir dos objetivos de un solo tiro: quitarse la huelga que le toca de encima y buscar un chivo expiatorio de la crisis. Por eso, ha planteado el tema como un escenario de amigo-enemigo, pero no un enemigo como el que te hace la púa y no te pasa los apuntes y te gorronea el tabaco, sino un enemigo en liquidación por reformas. ¡Alarmante! ¿No?
-   Estimado padre, a mí lo que me alarma es el 23.3% de desempleo que tenemos en España, una cifra disparatada que nos sitúa, esta vez sí que sí, como campeones de la champions league… del paro. Los españoles y en particular nuestros gobernantes, no podemos perder de vista la gravedad de esta cifra. Ese 23,3% de paro supone más del doble del desempleo medio de la eurozona e, incluso, un porcentaje de desempleo superior al de Grecia, pero, sobre todo, significa que 5.273.600 españoles en edad y disposición de trabajar no pueden hacerlo.
Así las cosas, no hace falta haber sido consejero asesor de Lehman Brothers para entender que algo pasa con España, con nuestra economía y, en particular,  con nuestro mercado laboral… algo malo, se entiende. La situación o la encrucijada, que dirían los buenos guionistas, requiere de respuestas; como país no podemos caer en la indolencia y los que mandan ya no pueden hacerse  más trampas al solitario (que, cuando se manda, es hacernos trampas a todos).
Con más de cinco millones de desempleados, la reforma laboral es una necesidad y, tras cinco años de crisis, ya no valen los atajos, ni los parches: hay que operar.
Que me guste la reforma laboral recientemente aprobada, así de sopetón, sin preliminares, ni encontrarle defectillos y la abrace como la perfección (cual miembro de la CEOE), es harina de otro costal… además, como reza el reggaeton, eso no es amor, es obsesión.
La verdad, es que mi conocimiento de la reforma no es tan profundo como me gustaría, he leído resúmenes de la misma, he asistido a una conferencia en la que prestigiosos economistas y un exministro de Trabajo, Luis Martínez Noval, también economista, daban su opinión sobre el texto y su impacto en el mercado laboral español y en el desempleo; soy un daño colateral del bombardeo informativo de radios, televisiones, diarios, conversaciones de bar, blogs… pero lo cierto, es que todavía no me he puesto con esa delicia literaria que suele ser el BOE.
De lo leído y lo escuchado entiendo que esta reforma actúa, fundamentalmente, sobre los costes de despido y la llamada flexibilidad interna. En román paladino la cosa queda así: echar sale más barato y las empresas tienen más herramientas para adaptarse al ciclo económico (vía despidos, flexibilidad horaria, salarial etc.).
Puede sonar mal, pero lo malo, malo,  es que en estos años, como consecuencia de la crisis, nuestro paro se ha disparado, sin faldas y a lo loco (a costa de destruir empleo temporal, del que se abusa en España). La flexibilidad interna da al empresario otras herramientas para adaptarse a la que está cayendo sin recurrir al despido.
Lo peor de la reforma es que no acaba con la dualidad ni reduce la excesiva temporalidad del empleo en España. Es cierto que la diferencia del coste de despido de indefinidos y temporales se reduce, pero a la baja.
Esperemos que la reforma sirva para atajar la sangría del desempleo, esperemos que mejore durante su tramitación y sirva para que ganemos competitividad (porque nos estamos quedando atrás). La crisis, el mayor reto de la democracia desde la transición, y el inmovilismo no son una opción: nos jugamos el mañana.
- ¡La hostia, hijo! Me dejas sin palabras. Bueno, sí, tu padre, una vez más, hará huelga. Pero, quizás, y aunque me pese, como tú insinuas, el futuro ya está aquí. 

*El padre tiene 49 años y trabaja como funcionario. El hijo, 21 y es universitario.


1 comentario:

  1. Pues eso mismo le digo a mi hijo, el futuro no tiene que ver con el presente, aunque depende directamente de él

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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