miércoles, 1 de febrero de 2012

Prohibido hablar de la cosa


PROHIBIDO HABLAR DE LA COSA
DIARIO LA VERDAD DE MURCIA, 2 DE FEBRERO DE 2012
VÍCTOR MESEGUER

Hay que ver cómo está la cosa, pues sí que está mal la cosa… ¡Mecaguenelqueno! El dueño del bar empapeló el local de fotocopias: ¡Prohibido hablar de la cosa! 

Para paliar la falta de liquidez, los que estuvieron allí, con Zapatero, subieron el IVA y, ahora, Rajoy ha subido el IRPF por tramos. ¿Travestismo político?  Me tienen más despistado que una cabra en un garaje.

Nicolás Sarkozy (conservador) pide un nuevo orden mundial y la regulación del capitalismo. Obama (progresista) afirma que no apoyará la idea europea de la tasa Tobin y José Bove (líder antiglobalización) pide tumbar el acuerdo del tomate con Marruecos. ¡Esto es para mondarse! Es lo que tiene la silicona industrial: ya nada es lo que parece o, quizás, sí. Yo qué sé.

Aquí no hay quien viva. Necesitamos un discurso humanista frente al activismo capitalista y anticapitalista. Por eso, yo no tiré ninguna piedra en Davos, tampoco en Seattle ni en Praga.  

Los cristales que caen en pedazos de sus ventanas hieren la credibilidad de otra idea de progreso. De que sea así, ya se encargan los dueños de los telediarios.

No obstante, el estruendo que hacen al caer nos despierta de la siesta del único modelo posible, pues se evidencia que hay quien lucha contra él.

Aquellos que se enfrentan contra la globalización con la piedra de David (es mentira que golpeara jamás el rostro de Goliat), salvan su vida en una transformación de la energía. Convierten la rabia, la impotencia, la inexistencia de caminos, en una explosión liberadora contra “lo establecido”.

Probablemente no tengan alternativas, pero tienen vida. Saben lo que saben y no es poco; aunque no sean capaces de cambiarlo por lo que desconocen, se levantan de su sillón y luchan. 
 
Sí, es probable que a los Goliat del capitalismo les venga bien. Pueden evidenciar la diferencia entre sus armas automáticas, silenciosas, eficaces, y el estruendo salvaje de cualquier intifada. Carreras, saltos, violencia descontrolada contra el orden perfectamente uniformado que protege el orden.

Es como si ante la globalización actual sólo cupiera la alternativa de los cristales rotos. Y no es verdad. No cabe nada porque, según su propio discurso, el liberalismo capitalista puede no ser perfecto, pero es inevitable. Nos dicen que la lucha contra él es la utopía extravagante que sólo incrementa los perjuicios de lo ineluctable.

Pero si la verdad no es patrimonio de nadie, la parte de esta que corresponde al capitalismo salvaje es lo ineludible de la globalización, como proceso inherente al actual sistema  de las comunicaciones.
Su engaño estriba en hacernos asumir el actual arquetipo globalizador como único factible. Desaparecen los instrumentos de control político atrapados en la red financiera planetaria. Con ellos, las diferencias entre izquierda y derecha. 

Pero es imposible que lo que sólo es una relación entre seres humanos, no ofrezca alternativas a la pobreza, la desigualdad y la explotación. Nadie puede creerse que la diferencia entre pobres y ricos deba seguir creciendo un 50% cada tres décadas porque así lo ha decidido un dios inmarcesible.

No existen leyes físicas que determinen la injusticia. Los únicos dioses culpables somos los hombres.

Si la globalización es un resultado de la huella del hombre, hagámosla humana. Destruyamos la actual de la única forma que pueden destruirse las cosas: sustituyéndolas.

El hombre debe constituir el motivo y el eje de la sustitución de la globalización sin alma. Lo demás sólo son instrumentos. En ese nuevo orden carece de sentido crear riqueza si no se adecuan los medios para repartir las oportunidades de producirla.

La aplicación de impuestos a las transacciones financieras y de reposición compensatoria; reglamentación internacional de las actividades financieras y de las empresas transnacionales, la creación de un Tribunal Penal Internacional para quienes violen los Derechos Humanos: civiles y políticos;  económicos, sociales y culturales; medioambientales... Existen instrumentos adecuados para las externalidades de la globalización. Aunque una ínfima minoría ha confiscado el poder y acumula riquezas hasta la obscenidad, los ciudadanos somos más, muchos más y consumimos y nuestro consumo incrementa sus plusvalías.

No son utopías, pero requieren voluntad, participar activamente, pasar de la indignación y del dolor espectáculo (ese que nos hiere momentáneamente apagándose con el mismo interruptor del televisor) al dolor humano que exige respuestas.

Si a usted todo esto le parece especulación etérea, haga un último esfuerzo, levántese del sillón y asómese por la ventana, seguramente verá como sigue supurando la herida del mundo que estamos permitiendo. Se desliza por nuestra propia piel en pateras, naufraga en la economía sumergida y las prestaciones por desempleo: son 5.273.600 personas. Más pronto que tarde, no habrá flotadores para todos. 

No acalle el silencio. Tome conciencia de que el lugar que ocupa en este mundo es el de víctima. Bueno, puede ser el de víctima o artífice de otro mañana en igual medida. La cosa puede cambiar en tan sólo un segundo. ¡Implíquese! Escriba su propia historia y la de sus hijos y la de los hijos de sus hijos.

PD. Acuso recibo de un mail que me envía un joven amigo: “Víctor, la historia siempre la escriben los que se creen vencedores, pero la memoria habita en cada cual y nadie puede escribir encima...” Gracias.

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