jueves, 27 de octubre de 2011

EL GOLPE




O nos esforzamos por ser mejores o viviremos peor
© Eduardo Contreras y Víctor Meseguer



Lo que supuestamente nos separa da pistas de donde venimos, de nuestra militancia e ideología. Lo que nos une delata nuestra vocación política y afinidad personal…

“No nos une el amor sino el espanto”, llegó a decir Borges de los argentinos. No es nuestra realidad, aún, pero la crisis ha golpeado con tanta dureza a nuestro mundo tal y como lo teníamos ideado, que sus efectos devastadores son cada vez más visibles, generando oleadas de desconfianza entre nosotros. Una realidad, que nos exige apelar a un nuevo tiempo político, donde se redefinan los estándares de lo que significa gobernar,  estar en la oposición o en la oposición a la oposición. Ninguna posición es mala, pero todas pueden ser indignas, o no. 

No, no sólo hablamos, aunque también, de la necesidad de un consenso de todas las fuerzas políticas, económicas y sociales. Hablamos de política, de la de verdad,  porque el consenso no es un bien absoluto, el único bien absoluto es el bien común y su consecución es imposible sin rozarle la piel a nadie. Lo que ahora toca son decisiones valientes aunque sean impopulares y molestas, que contengan ideas de país, preñadas de futuro.

El Estado y las instituciones que lo integran tienen que volver a responder a una pregunta compleja por simple ¿Quién es el débil y quién es el fuerte en nuestra sociedad? Causa cierta perplejidad que con cuatro millones de parados, otros tantos que han perdido su casa, pero no la hipoteca, y una marabunta de chavales con fracaso escolar, llamados a superar en desdichas y desgracias a los dos grupos anteriores, que las únicas preguntas que nos hagamos sobre la necesaria modernización y eficiencia de las administraciones y servicios públicos, pasen (exclusivamente) por las condiciones de trabajo de los servidores públicos.

Este gran país (España, sin ir más lejos), precisa de una acción de los dos grandes partidos. Nunca fueron tantas las razones, ni siquiera el día después de aquel 23-F. Hoy, la tiranía de los especuladores y la avaricia de los privilegiados dirigentes de los mercados financieros representan una cruel amenaza para la democracia y nuestro modo de vida. Pero de las crisis, se sale cambiando. Las exigencias de una nueva realidad económica y social globalizada nos obligan a cambiar. Nunca volverá a ser lo mismo: seremos mejores o viviremos peor (nosotros, y nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos).

A quien gane le toca gobernar, pero también tiene que contemplar algo muchas veces dicho,  oído  y aplaudido pero siempre olvidado: dar más democracia a nuestra democracia. La participación política no se reduce a depositar el voto cada cuatro años, por cierto, período en el que la minoría siempre tiene motivo de queja ante cualquier iniciativa del gobierno y  donde la mayoría canaliza mal la victoria, utilizando como su mejor y único argumento las sacrosantas urnas. Pues no, es tiempo de compromisos valientes y de cambios profundos, y espero que nadie ponga en duda nuestro sentir democrático si manifestamos que esto trasciende del propio resultado electoral. ¿Tiene que pasar algo más grave que lo que estamos viviendo para entender que la situación no va a cambiar si seguimos haciendo lo mismo?

De estas cosas y de cómo comprometer a una sociedad cualificada en la búsqueda de soluciones, hablamos ayer los dos en unas jornadas organizadas por la Federación Estatal de Municipios y Provincias. Todas las miradas de los participantes (políticos y técnicos municipales de todo el Estado), se centraron en las 50 medidas del Plan Estratégico de Capital Humano de Molina de Segura. Un plan que no aspira a cambiar la vida de nadie, sino a hacer posible que los ciudadanos construyan vidas mejores (para sí y para otros) y a generar evidencias de que otra forma de hacer política es posible.

La idea que transmitimos es muy sencilla: el sentido social de la política apela al ejercicio de un liderazgo vinculante: los ciudadanos no eligen a sus  representantes para que les solucionen los problemas, sino para que les adviertan de ellos y les  propongan vías de solución y retos colectivos.

Modificar el actual paradigma productivo en vigor en España durante los últimos 30 años, mejorar la eficiencia del sistema educativo, modernizar las administraciones públicas, reconstruir la normativa fiscal, financiera y laboral, o adecuar la Constitución, son retos colectivos de primer orden que exigen a nuestros partidos políticos un compromiso por encima de los plazos y alternancias electorales sobre un proyecto de futuro común. Un compromiso, además con la ciudadanía que tiene derecho a la participación política por cauces que se están descubriendo y que no pueden reducirse, exclusivamente, a los partidos políticos ni a grupos de mediadores económicos y sociales con intereses más o menos contestables.

La peor amenaza es caer en el convencimiento, convertido en norma, de que para sobrevivir en política, lo mejor es no hacer nada. Todo esto lo apuntamos desde lo aprendido a través de nuestra experiencia, en la que han convivido errores y aciertos. Los hemos compartido. De unos y otros hemos aprendido que  la política debe ser un ejercicio de persuasión, clarividencia y liderazgo que dé como resultado el rearme moral, intelectual y profesional de la sociedad española. Lo moderno no es más gestión, sino más política.



jueves, 13 de octubre de 2011

MI(E)DO



"POOR BOY BLUES”


© BY VÍCTOR MESEGUER

La ambición desmedida y la falta de escrúpulos de algunos siguen golpeando la espalda ya curvada de los de siempre, de los nadie, de aquellos cuya vida vale menos que la patera que los mata… Porque la vida mata cuando no es vida.
…La oscuridad de la noche resaltaba con intensidad el blanco nieve de sus ojos, blanco del miedo a lo que no saben y les espera. Inmigración ilegal. La trata sexual y laboral se ha convertido en el segundo negocio más lucrativo después del tráfico de drogas. Este artículo empezó a andar tras contrastar algunas fuentes de información que me alertaron sobre supuestas redes de trata, que utilizan a mujeres y supuestos hijos para hacer posible su entrada a España, sin riesgo o con menor riesgo, de la repatriación a su país de origen. Pero me tropecé con una investigación abierta y pensé que no era adecuado dar difusión a esta realidad, pues estaría influyendo negativamente en la investigación y poniendo en riesgo a las fuentes de información. Como a mí sólo me preocupan las vidas de estos niños y de estas mujeres, me guardé el secreto.
Así que cambié de historia, pero no de tema, una tarea nada difícil porque la realidad política nos lo pone fácil, muy fácil. Lo primero es reprobar las impresentables declaraciones del señor Duran i LLeida. Ese diputado de CIU y presidente de Unió, tan centrado, tan hombre de Estado, tan responsable y estadista que ha decidido trasladar a los cuatro vientos que hay demasiados inmigrantes en España, que la educación baja de calidad en los centros educativos en los que hay un alto índice de escolarización de hijos de inmigrantes, que el valor de las viviendas se deprecia cuando llegan inmigrantes a nuestro barrio y a nuestra escalera. Estas y otras lindezas le sitúan en el discurso de Anglada, para sumar votos gracias a un discurso xenófobo frente a la inmigración. Su señoría es muy zorra o astuta y sabe cómo medir el miedo.
¿Y la izquierda política? Andamos liados en ese viaje a una socialdemocracia muy locuaz pero vacía de contenidos; más allá de las respuestas elaboradas, cuando las preguntas eran otras y confundiendo la ética con la estética. La posición del actual gobierno ha estado matizada por el miedo escénico al impacto electoral negativo de las políticas de integración de las personas que huyen de los miedos conocidos a los desconocidos y, en consecuencia, ha mantenido el mismo discurso de fondo, cuando lo que tocaba era apostar, con mucha más decisión y convicción, por las políticas de convivencia en barrios, por la interculturalidad, la igualdad de trato, la no discriminación y la gestión de la diversidad, para evitar el conflicto que se avecina. Por ejemplo, la Ley de igualdad de trato y no discriminación, la escondieron en el cajón porque les daba vergüenza y les quitaba votos, fue a Consejo de Ministros tan tarde que nos hemos quedado sin Ley en esta Legislatura. Peor suerte va a correr la estrategia integral contra el racismo y la xenofobia que no llegará al Consejo de Ministros. Por eso, no quise seguir pensando en los porqués de un partido conmocionado por unas listas de las que lo único que se sabe, es que van a ser más los náufragos que los flotadores. Mientras escribo este artículo, recuerdo que la verdad se olvida, que la razón se pierde, que las emociones se eliminan, que la izquierda se evapora... y todo por un cálculo matemático de lo que nos interesa decir y hacer en políticas sociales antes de unas elecciones. Cuando queramos recuperar la verdad, la razón, las emociones, las posiciones de izquierda, tal vez será tarde, seguro que será tarde.
…Pero Abdou es un niño de tan sólo cuatro años y no son sus lágrimas las que le impiden ver cómo su infancia se desdibuja de su rostro porque se la arrebató una patera. Antes de tiempo, cortando prematuramente esa dulce ingenuidad que desdramatiza los recuerdos de la niñez, por muy adversos que éstos sean. Sí, los culpables son esos hijos de mala madre de la trata. Pero sus verdugos no están solos. Saben que nadie se preocupará por unas víctimas criminalizadas por ellos o por nosotros…Qué más da, criminalizadas al fin. Operan en un territorio propicio, abonado por la falta de cabeza, y otras cosas, de una derecha que no defiende ideas sino intereses, así como una izquierda sectaria, funcionarial, mágica y acomplejada que responde con los mismos criterios de la derecha. Con estos mimbres no nos debe sorprender que, de cara al próximo 20-N, muchos ciudadanos y ciudadanas estén pensando que para una fotocopia se quedan con el original. No es que pida yo un giro del PSOE a la izquierda, de hecho no lo pido porque nunca entendí en qué consiste eso. Sólo recordar que nuestras raíces filosóficas beben de principios como la justicia social, la dignidad humana y la democracia real.
La sociedad que hemos creado, decide. Aunque no haya muchas cosas sobre las que decantarse. De fondo suena, “Soldadito marinero” de Fito & Fitipaldis:“Él también quiso ser niño pero le pilló la guerra”. En el nombre de nuestros padres, por nuestros hijos…no renunciemos a un mundo mejor.




VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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