jueves, 10 de noviembre de 2011

A LOS 600 €, POR PUNTOS O POR K.O.




Longinos Marín y Víctor Meseguer *

Imaginemos una urna de cristal dividida en dos partes, una que contiene agua dulce y otra agua salada, ambas separadas por una membrana. Así ha sido hasta ahora este injusto mundo, dividido en 2. En la parte salada, mueren 10.000 niños de hambre y 2.000 millones en la miseria, a costa de que en la parte dulce se permita tirar a la basura los alimentos necesarios para evitar esa barbarie. Ahora la membrana se está rompiendo, y el poder económico va  pasando de occidente a China y a sus primos, que fabrican, transportan y (en muchos casos) venden todos los productos que compramos a diario, excepto la alimentación. Tienen toda la pasta, han salvado de la quiebra  a quien han querido (vease CityGroup), compran la deuda de los países de la zona euro o se plantan en la cumbre de Copenhague, a decir que lo del protocolo de Kyoto no va con ellos. Con sigilo ya han colonizado económicamente el mundo.
Las armas colonizadoras han sido el trabajo, la constancia, la discreción y la disciplina, lo que les ha permitido generar ya la mitad de los ingenieros del mundo y desterrar la idea de que mientras ellos trabajan barato, nosotros íbamos a vivir del I+D+I. Con salarios de 100 euros y disponiendo de la misma tecnología que en Wall Street, en sus fábricas son capaces de manufacturar toda la producción mundial de ropa, electrodomésticos, menaje o muebles. En estas circunstancias, parece inexorable su dominio del mercado y del dinero y, que a medio plazo, las economías occidentales, como Europa, caminen hacia la bancarrota. No hace falta saber mucha economía para hacer esta predicción. Ahora estamos con Grecia, mañana con Italia, pasado con Portugal,… Y las soluciones que plantean nuestros políticos, agentes económicos y sociales se basan en política fiscal, endeudamiento, impuestos, prima de riesgo y otras cuestiones financieras.
En el mejor de los casos, se propone, ahora en campaña, alguna idea para generar empleo que suena, más que nada a andar lamiendo hueso. Señores, a ver cuándo nos damos cuenta de que el problema es económico, no financiero. Con salarios de 1.500 euros es imposible competir, ni con I+D+I, ni con cuatro íes más. A medio plazo, no queda otra que converger. El mundo ya es único, y el chino de las afueras de Shangai es como si estuviera trabajando en Santomera, y con él estamos compitiendo.
La membrana se ha roto, y el agua salada está pasando al otro lado de la urna, con el agua dulce. A medio plazo, toda la urna tendrá el mismo tipo de agua. Lo normal es que las economías emergentes incrementen su calidad y nivel de vida, y también que nosotros empecemos a vivir peor que lo hacemos actualmente. De forma muy parecida a cuando éramos pequeños. Ellos emprenden el camino partiendo de 100 euros, nosotros bajaremos desde los 1.200. En algún punto intermedio del camino nos encontraremos. Cuando eso suceda, algún empresario de Lorca podrá pensar que es viable volver a fabricar calzado, el de Yecla volverá a fabricar muebles, y el de Elche a fabricar zapatos, en el punto del camino en el que los costes no sean tan asimétricos como los actuales.
Sólo entonces, empezaremos a ver el futuro con optimismo y la cifra de los 4 millones bajará. No tengamos miedo al camino, al fin y al cabo, redistribuye la renta mundial. Será, sin embargo, un camino duro para los más desfavorecidos, a los que se debe proteger desde los poderes públicos. Y los que podamos trabajar, deberemos hacerlo intensamente, desde muy temprano, como diría Guardiola.
El problema de ese duro viaje son las importantes resistencias con las que cuenta occidente, como el romántico paso por el estado del bienestar, el poder sindical, la falta de resignación ciudadana para acometer sacrificios voluntarios, nuestros políticos (muchos) acomplejados y todos los tertulianos creadores de opinión, que se asustan y ponen el grito en el cielo por todo (ya que no entienden de nada). Pero no hay opción, a medio plazo,  el mundo será global y la situación actual es, a todas luces, insostenible para occidente, salvo que alguien ofrezca una idea mejor.
Los mercados (que es como se denomina ahora al Banco Central chino) manejan la membrana que conecta los dos lados de la urna, y nos dan la opción de que emprendamos el camino poco a poco. Si nos resistimos, el combate se tendrá que decidir, no por puntos, sino por KO. Al fin y al cabo, todo el mundo sabe (o puede preguntar) qué le pasa a un pez de agua dulce cuando le entra agua salada de golpe. Una reflexión final. Los alemanes y los franceses están acostumbrados a levantarse después del KO, en los últimos 100 años lo han hecho varias veces, y están más formados. Nos interesa que el combate vaya por puntos.
Acaso todo esto le suene a muy liberal, pero, posiblemente, lo más liberal haya sido que occidente acumulara riqueza y derechos a costa de la pobreza e indefensión de todos los demás. Ahora, lo más probable, es que sea demasiado tarde hasta para lamentarse, nuestro país se cae y no tiene donde sujetarse, sólo queda converger.  

* Longinos Marín es Profesor Titular de Comercialización e Investigación de Mercados y Director de la Cátedra de RSC de la Universidad de Murcia y Víctor Meseguer es miembro del CES e investigador de la Cátedra de RSC. 


1 comentario:

  1. Hace ya al menos 40 años mi padre, economista, en una charla informal pronosticó la realidad de hoy. Increíble pero cierto.-

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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