jueves, 18 de agosto de 2011

LA ELUCIDACIÓN

© By Víctor Meseguer

“[…] Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene…”


Lo más radical que hizo Martín Lutero fue traducir la Biblia al alemán. La lío parda el buen hombre, cargándose de un plumazo a los mediadores: el clero. Desde entonces, los alemanes –que nunca le pillaron el punto al latín- pueden leer e interpretar la Biblia por si solos.

Unos años más tarde, el periodista Vittorio Messori entrevistaba al Cardenal Ratzinger (hoy Papa Benedicto XVI) y…"Empiezo con una ‘provocación’: Eminencia, hay quien dice que se está dando un proceso de ‘protestantización’ del catolicismo". “…se referirá, sin duda, en términos generales, a un cambio de eclesiología (organización y gobierno de la Iglesia)”, le contestó Don Joseph Aloisius como el que ve llover. Entre medias, fue otro alemán, Max Weber, el encargado de ofrecer una visión comprehensiva de la interdependencia entre religión, economía y política: una argumentación de que el éxito económico es la mejor garantía para alcanzar la gracia divina.

Mientras tanto, nosotros a lo nuestro, a la sopa boba. Seguimos fieles a la "culpa católica". Pero eso sí, sin hacernos dañito, la fijamos en los demás (somos católicos, pero no tontos). Por ejemplo, una inmensa mayoría de la sociedad española tiene el pálpito de que hay que borrar de la faz de la tierra al ZP, porque él y sólo él es el culpable de la crisis. Un cambio de ciclo irreversible, que ni Rubalcaba ni Dios hecho hombre van a poder parar. Pues vale, Rajoy presidente y… ¿Y qué? Aunque el tipo no haya dicho ni “mu”, porque “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla”, todos tenemos la certeza de que tras las próximas elecciones generales, nada nuevo se interpondrá entre los 58.293,81 metros cuadrados de suelo, sobre los que se levanta el Palacio de la Moncloa y el sol que cuelga de la inmensidad del cielo…

Ya; ni entre los españoles y nuestra realidad. A ver, no es cierto que nos hayamos vueltos pobres, sencillamente, nunca fuimos tan ricos. Más allá de quien nos gobierne, si no queremos que el futuro empeore el presente, España precisa de un esfuerzo colectivo. El Estado del Bienestar, tal y como lo conocemos, es inviable en un país donde, por primera vez en muchos años, perdemos población y capacidad de agregar valor económico. No hay otra que incorporar un nuevo sentido de comunidad, que vaya sustituyendo al “papá Estado” por el compromiso voluntario -y no retribuido- de sus ciudadanos. Un concepto hoy reservado, de un lado, a la cultura protestante norteamericana, donde además del dinero, el compromiso comunitario da prestigio social. Y de otro lado, a una parte minoritaria de católicos practicantes, que encuentran en la misericordia un camino más, para dar fe de su fe. Por ejemplo, dedicando su tiempo libre a colaborar en comedores sociales, cuidando de ancianos que viven solos…

Un discurso que muchos esperábamos del otro clero, el del Estado: partidos políticos, lobbies económicos y sociales... Pero no lo han hecho, quizás, pensando que nuestra sociedad, por católica, “castiga al hereje, pero es indulgente con el pecador”. Sí; unos y otros, condicionados por sus intereses corporativos y en un ejercicio de transformismo sin precedentes en nuestra historia contemporánea. Lo cierto es que han sido incapaces de jugársela, ya no por nuestro destino, ni siquiera por sus propias convicciones e ideales. Conservadores y socialdemócratas se han unido bajo el paraguas de la común sensibilidad de un populismo barato, que encubre la falta de ideas y la crisis de las ideologías. Bueno, para ser justo, si alguien no lo ha hecho, aunque sólo haya sido muy al final de su mandato, ciertamente ha sido José Luis Rodríguez Zapatero y, precisamente por eso, se tiene que ir.

¿Asistimos hoy a una ‘protestantización’ de la política? Vayamos por partes. Puede que el futuro ya no sea una mera extensión del presente. Quizás, las viejas ideologías, por ejemplo, la socialdemocracia y el liberalismo tengan que ser reformuladas y adaptadas a una nueva realidad. Es posible que tenga que extenderse al sistema de partidos…también. ¿Y en lo económico? Ahí si que no lo veo. Nos seguirán gobernando los mercados esos que son como el Espíritu Santo (que ni Dios les pone cara). Es más, a estos Señores el cuento de la democracia se la repampinfla y no necesitan de una nueva curia, ya tienen derrotados y vencidos a… ¡Hostia Bendita! Esto se me complica por momentos... A ver, retomemos, la solución pasa por abrir caminos a nuevos sistemas de democracia directa, una vía, les adelanto, nada fácil, porque requiere de ciudadanos formados e informados… ¡La he vuelto a liar! Me da igual, porque una cosa tengo clara, o nos comprometemos responsablemente con el gobierno de la polis o surgirán nuevos totalitarismos que lo harán por nosotros.

¡Ah! Se me olvidaba, la cita que abre este artículo, es un fragmento de la parábola de los talentos (Evangelio según San Mateo 25, 14-30), que no deja de ser una forma muy mía de celebrar que hoy llega a España el Papa de Roma. Bienvenido y bienhallado. Nunca el futuro nos unió tanto, Santidad.




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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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