martes, 19 de julio de 2011

MATRIGAY




Polémica sobre los matrimonios entre ciudadanos del mismo sexo.
MATRIGAY.
Diario “La Verdad” de Murcia. 23-06-05.
© víctor meseguer
Cada uno tiene derecho a defender sus propias concepciones de las cosas, sus valores. Salir a la calle, manifestarse dentro de los cauces legales a favor o en contra de algo, es un acto de ciudadanía de una sociedad viva. Es precisamente esa libertad de poder hacerlo la que nos hace responsables y, por lo tanto, nos define. No salimos a la calle, obviamente, por todo lo que nos agrada o repulsa, sino en relación a aquellas cosas que realmente nos preocupan más.

Nadie debiera por tanto, criticar el hecho de que una parte importante de la jerarquía de la Iglesia, acompañada o acompañando al Partido Popular, se dieran cita en una manifestación cuyo lema era «En defensa de la familia». Dicho lo cual, tampoco debiera escandalizar, a quienes se han manifestado, que los ciudadanos saquemos nuestras propias conclusiones de lo que constituyen sus valores como seres humanos y como ciudadanos. Ni que las expresemos libremente.

Lo primero que evidenciaron son los elementos que para ellos suponen poner en peligro su concepción de familia. Lo que en su día fue la Ley del Divorcio, a la que ambos se opusieron, ahora lo constituyen los matrimonios entre homosexuales. Curiosamente la ley no habla en ningún caso de recortar los derechos de nadie, sino de reconocer el de unos ciudadanos que, pagando sus impuestos como el resto, eran marginados por razón de una opción sexual. Defender la familia pasa para aquellos por seguir discriminando a quienes son diferentes.

Sin embargo, para otros muchos ciudadanos, las cuestiones que realmente suponen un peligro para la familia son la precariedad laboral, en especial para los jóvenes, el coste de la vivienda, las cada vez mayores dificultades para la conciliación familiar. Disparidad de criterios.

Disparidad que se acentúa en la segunda evidencia de sus valores éticos: los argumentos utilizados. Los matrimonios entre homosexuales «atentan contra la Ley Natural», al igual que pasaba con el divorcio. Siendo esta Ley Natural, según su doctrina, la percepción humana de la Ley Divina, su existencia sería al menos tan discutible como la de quien afirman haberla dictado. Tratar de imponerla a una sociedad definida como laica es tanto como tratar de imponer la creencia en su Dios.

Pero aún más grave que tratar de imponer su fe, es pretender diseñar nuestras artificiales instituciones a partir de aquella. Porque el matrimonio no es sino eso, una institución creada para aglutinar una serie de derechos y obligaciones en un solo contrato. La Iglesia católica lo único que hizo fue definir aquel contrato ya existente como sacramento para ellos, claro. Decir que un modelo de contrato es anti-natura es como afirmar que la regla del fuera de juego en fútbol es anti-divini.

Pero cuando a estos ya de por sí inescrutables argumentos se unen las justificaciones políticas genera hilaridad. Defender ahora que se trata de una cuestión semántica y que hubiera bastado con otra denominación, dicho por quienes hasta hace poco más de una año se negaban sistemáticamente al mínimo reconocimiento de parejas homosexuales, no sólo es hipócrita, que lo es, sino que se eleva a insulto de la inteligencia de los ciudadanos. La denominación de las instituciones define legalmente el contenido de estas, no de quienes las utilizan. La sociedad mercantil, el leasing, o el matrimonio son lo que son, independientemente de que los contratos estén constituidos por hetero u homosexuales. ¿Se imaginan por otra parte la nueva redacción que tendría nuestro derecho de familia? Algo así como La familia o Famigay se forma a partir de la voluntad de dos personas que deciden unirse en matrimonio o matrigay. Coña que el Partido Popular aboga por que se reproduzca en cada uno de los artículos que hacen referencia al matrimonio o la familia y con lo cual, según afirman, quedaría resuelto el problema. No voy a seguir ahondando en demasiado fáciles evidencias de hipocresía, como lo curioso de ver a quienes contraen nupcias con Cristo y denominan familia a congregaciones (de un mismo sexo todos sus miembros, claro), defendiendo un concepto de familia que se niegan a sí mismos porque perjudicaría su ministerio. Simplemente quiero terminar con la tercera y última evidencia de lo que han hecho ver son sus valores, sus prioridades.

Evitar que los homosexuales puedan contraer matrimonio constituye el único motivo, hasta la fecha, suficiente para manifestarse. No lo ha sido ninguna guerra, ni el hambre en el mundo, ni la violencia de género.

Jamás me atrevería a afirmar que mis valores o concepciones éticas son superiores, me conformo con evidenciar que son diferentes. Si esto al menos queda claro, me quedo realmente tranquilo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

TABLON DE ANUNCIOS

Sin noticias