viernes, 1 de julio de 2011

España: ‘La penícula’


Norberto Miras y Víctor Meseguer


Éramos pocos y parió la abuela. Como no nos bastaba con nuestro negocio de adivinar el futuro (y esas cosas) hemos decidido meternos en el negocio del cine, pero a lo grande, nada de medias tintas, con una gran superproducción llamada "España: la penícula" (o en su defecto, el Flin). Rodada como un falso documental, de esos que están tan de moda, se basa en hechos reales ligeramente modificados, como un telediario, pero manipulado.... rectifico, como un telediario, a secas.

El guión no es nada del otro jueves, en un país del sur de Europa, de gente simpática, con carácter mediterráneo (divertido, pero terriblemente antieconómico) ocurre una gran desgracia: se quedan sin su principal fuente de ingresos: la construcción y casi medio país se parte de risa, cuando se queda sin trabajo. A partir de aquí, se suceden los gags y las escenas musicales hasta la resolución del problema que, lamentablemente, no se produce en esta primera parte de la película porque está previsto que la cosa tenga secuelas.

En la segunda parte se contempla que los Bancos cierren y en la tercera, que empiecen a faltar alimentos básicos (bueno, te partes) ¿Y por qué no arreglamos lo del paro, en la primera parte, se preguntarán ustedes? Pues no. Porque esto sería como despanzurrar en los diez primeros minutos toda la trama y la cantidad de gente que se quedaría sin trabajo en la película (sobre todo primeros actores) sería un drama.

Supongan que arreglamos lo del paro en la primera parte. ¿Y en qué situación se quedan los de atrezzo, los escenógrafos, los de vestuario? (No es lo mismo vestir a un parao y construirle una escenografía ad hoc, que se hace con cuatro duros, que tener que invertir en vestuario y escenarios de gente bien y así). El objetivo principal de la película son las secuelas, lo cual obliga a los guionistas a alcanzar una tensión no resuelta en la primera parte, regular la problemática en la segunda y, en la tercera, el país alcanza un éxito irresistible, para que la gente salga de la peli con buen sabor de boca, naturalmente, por consenso con los agentes sociales y económicos, que parece que no, pero ayuda una barbaridad ¿O no?

De todos modos, hemos de reconocer que un cierto individualismo para algunas profesiones de riesgo para terceros, no vendría mal. Un suponer, si algún día nos tienen que destripar y, eviscerar el apéndice, estos servidores prefieren que no se haga democráticamente y que alguno sepa lo que hay que hacer (preferentemente el del bisturí). ¿Se imaginan una votación a mano alzada, alrededor de la mesa de operaciones, con los médicos, los enfermeros, las auxiliares de clínica, las limpiadoras, los camilleros… y una comadrona que pasaba por allí, que decidan por consenso como arrancar de cuajo la cosa? Preferimos que le hagan caso al cirujano jefe, aunque sea un dictador de mierda. Mi amiga la Desi –que es más lista que el hambre- y su marido Tomasico –que es un chuchurrío, en opinión de mi amiga Victoria, porque dice que sí a todo lo que dice la Desi-, opina que para salir de ésta habría que arreglar primero lo de la educación y que la culpa no es de los críos. Ella dice que las personas humanas son seres vivíparos y que si los dejas solos en la selva, van los tíos y aprenden. Lo cual, no deja de sorprendernos y sino, ¿Por qué si los metes en la escuela se atontan?

Total que al final de la primera parte, los del gobierno llaman a la Desi y ésta les da la solución, lo que viene siendo el nau jau. La cosa se complica cuando los del gobierno, que están empeñaos en hacernos alemanes, (sale una gorda en la peli, regañando a todo el mundo, que te tronchas, tío) ponen en marcha una Universidad de gui ken, para lo de la innovación, los inventos y eso (ya te digo yo, que éramos pocos…) y para lo de la cosa social, con unos dinerillos para los que están en paro y para los paraos. A éstos últimos, ni se les llama la atención, ni nada. Les siguen dando la pasta por lo del consumo, que estaba bajando mucho, para que se lo gasten en el chino de abajo, donde trabaja un imbécil con los ojos como Juanito Valderrama, 25 horas al día… ¡Será necio! (éste ni sabemos qué pinta en la película).

Total, que se nos fue la mano con lo de los decorados, que si resorts de lujo, que si campos de golf, edificios públicos restauraos nuevecitos, que si el ave, que si los aeropuertos de barrio, una pasta. Y nos quedamos sin posibles para pagar a los cuarenta millones de extras, que necesitaba la película (sólo en bocadillos, se nos ponía en una barbaridad). ¿Y esto venía?, Ah sí, que tuvimos que llevar el desenlace de la primera parte, al planteamiento de la segunda parte y el nudo de la segunda parte, al desenlace de la tercera. Tres años llevamos con la matraca.

Al final, hemos acabado la primera parte de la película y, después de solucionar algunos problemillas con alguna gente, que no quiere salir en la peli, estrenamos, por fin. Si no quieren salir, se mete la tijera y en paz. Ay! la censura, qué recuerdos. Qué tiempos: “luz de Trento, martillo de herejes, espada de Roma…” Sí, las buenas tradiciones no deberían perderse nunca.

Bueno, disculpen las molestias, pero seguimos rodando. El estreno de la segunda parte, si Dios no lo remedia, está previsto para el próximo 23 de julio, en las páginas de Cultura y Sociedad de este periódico. Y recuerde: no es amarga la verdad, lo que no tiene, es remedio.



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