jueves, 7 de julio de 2011

CLEMENTE GARCIA



AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS....


© VÍCTOR MESEGUER


“Kant nos enseñó que la libertad no surge de ejercer derechos, sino de asumir deberes. No hay libertad sin moral y la persona libre es la que, por consideraciones morales, se obliga. Quien se obliga es noble, dijo Ortega y Gasset, invirtiendo la convención de que nobleza obliga. Y nobleza es esfuerzo, apostilló Jorge Manrique”, según recoge en una reflexión César Antonio Molina.

Clemente García encarna ad personan estas tres ideas, que se refieren a un mismo concepto moral básico que yo amo y persigo: libertad, nobleza y esfuerzo. No se trata de un reconocimiento a lo que fue (y es), ni de acopiar unas breves notas de su denso pasar por la vida, sino de escribir en tierra firme una de las lecciones más hermosas que yo he conocido y que constituye un claro paradigma para quienes amamos esta tierra.

Nuestra primera vez fue en 1992, en la antigua sede de CROEM, entonces en la calle Jaime I. Aquel señor me impactó. Aún recuerdo su exquisitez en las formas y la cognición con la que manejaba el difícil arte de la argumentación y la retórica. Sin lugar a dudas, era hijo de la buena educación e instrucción. Sí, Clemente era más que un digno representante de aquellas magníficas y hoy añoradas élites de la burocracia del Estado (los cuerpos de ingenieros, abogados del Estado…etc.) que lamentablemente, fueron ninguneadas con la llegada de la democracia dado que, supuestamente, no eran de fiar, como muchos otros, por haber nacido antes de tiempo. También a los que los nuevos popes arrinconaron con una marabunta de técnicos de nuevo cuño (y coña), que aunque fueran bobos, eran de los “nuestros” o de los “suyos”.

Una de sus peculiaridades que me sorprendió sobremanera fue su trasfondo político: pensé que Clemente, se parecía a esos jóvenes de las clases ilustradas francesas (Jospin, Chirac, Villepin, F. Hollande,…) que se formaron en los famosos Institutos de Estudios Políticos de París (Grande École Sciences Po Paris y la École Nationale D´Administration). Es decir, no vi a un empresario ni a un dirigente de empresarios, lo que vi, o creí ver, fue a un gran político y gestor de la cosa pública.

Sí, teníamos que amar en tiempos revueltos y en eso andábamos. Lo cual no es óbice para recordar que Clemente fue de los primeros en abrir las ventanas a la democracia y uno de los pilares de la transición que, asombrosamente, no capitalizó porque los “demócratas de repente” nunca le perdonaron su falta de adscripción partidista. Quizás, su mayor legado como alcalde de Murcia fue el Plan General de Ordenación Urbana de 1977, que marca un antes y un después en la modernización de la ciudad y da la medida de su capacidad como gestor público.

Con el pasar del tiempo, Tomás Zamora y yo le cambiamos el despacho a la calle Santa Teresa, pero mi primera impresión nunca cambió. Como maestro de maestros, en la fina estrategia negociadora del anclaje documental, es fácil encontrar su sello impreso en todas y cada una de las cosas que otros dicen haber hecho y no es verdad; todo ello sin menoscabo de aquellas otras, en las que él entendió que debía estampar su firma, que también son considerables. Todas importantes, pese a que él nunca ha querido darle la menor importancia, pero que cuando se leen, entre líneas se hace visible su mano prudente pero firme en la defensa de los intereses generales de nuestra Comunidad. No, no me he equivocado, soy testigo de excepción de que, en lo importante, él siempre antepuso los intereses generales a los de la organización que representaba. Y lo hacía como lo hacen los tipos como él, intentando sacar lo mejor de cada una de las personas que le rodeaban, por muy difícil o imposible que pudiera parecer la empresa. En todos mis encuentros con él siempre percibí su fortaleza intelectual (y de voluntad) para analizar, proponer y redarguir, pero nunca encontré desprecio o indiferencia, y cuando nuestros intereses entraban en conflicto, encontré en él a un coopositor de valía al que siempre respeté y admiré.

Siendo importante lo político y lo profesional, siempre se ha visto superado por el ser humano que hay detrás. Clemente, por sabio, es una persona extraordinariamente normal, humilde, discreta, en su sitio, equilibrada, cercana,… y con sentido del humor, propio de quienes entendieron a tiempo el sentido del vivir y relativizaron la vida, sin perder un ápice del interés por la aventura que supone vivirla para lo bueno y para lo malo. Una vez más, él se ha echado la corbata al hombro, y esta vez, creo que sin solución de continuidad: “La emotividad y las lágrimas las puso Clemente García, que se despidió tras 32 años en la secretaria general de CROEM…”

La Región de Murcia y Paquita, una gran señora y su compañera en la vida, le ganan tiempo, al tiempo de un gran hombre de Estado y de su casa, a un ciudadano libre, noble y muy trabajador. Yo me conformo con reivindicar un lugar preferente en el escenario de nuestra historia para un demócrata de los de verdad, quien nunca dejó de serlo desde el ejercicio del poder, con el que fue honrado a lo largo de toda una vida: siempre tomó la decisión más justa que, la mayoría de las veces, era la más difícil para él. Va por él, porque creo que estas palabras dicen justicia.

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