jueves, 9 de junio de 2011

¿Por qué, por qué… los domingos por el fútbol me abandonas?



COPAGO
DIARIO LA VERDAD 09.06.11
©VÍCTOR MESEGUER

"Habrá que reconsiderar el copago en el futuro" (Carlos Ocaña, Secretario de Estado de Hacienda. Enero 2011) Y unos meses después… "Se trata de medidas muy valientes", adelantó en Madrid el presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, para defender que los ciudadanos sufraguen un porcentaje -"el que sea"- en la cuenta de la educación, sanidad y dependencia. “Sr. Valcárcel, va a ser que no” (Begoña García, candidata del PSOE a la Presidencia de la Comunidad. Mayo 2011) «Que dimita toda la candidatura del PSOE si el 23-M ponemos el copago» (Juan Carlos Ruiz, portavoz en funciones del Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea Regional de Murcia. Mayo 2011). «Ni habrá copago ni más impuestos» (Ramón Luís Valcárcel, candidato del PP a la Presidencia de la Comunidad. Mayo 2011) ¿Usted se ha enterado de algo? No se preocupe, ellos tampoco. Pero hoy celebran el día de la Comunidad, el día de una Región donde sus ciudadanos somos cada vez más invisibles para ellos.

Vayamos por partes. Educación, sanidad, protección social no pueden pasar a engrosar las filas de la especulación económica o política. Su desarrollo constituye un salario indirecto al que no estamos dispuestos a renunciar, ni a dejar que se debilite tras argumentos de rentabilidad economicista.

No obstante, en defensa del Estado Social y de Derecho, el tema merece una miradita desprovista del estruendo de demagogia y bravuconería que suele acompañar a las campañas electorales. Para no dar muchos rodeos, en mi opinión, sí o sí, tenemos que repensar las diferentes respuestas que demos al cómo y al porqué en la prestación de servicios públicos como la educación, la sanidad, la asistencia social y la dependencia. A la solución, llámele copago, corresponsabilidad o, mejor todavía, energía.

Seguro que alguien dirá... ¿Otro pájaro que quiere aprovechar la actual situación de crisis para provocar un revisionismo a la baja de las grandes conquistas del Estado del bienestar y un gradual desmantelamiento de las políticas sociales y grave retroceso del valor de lo social, la solidaridad, la redistribución y los derechos sociales…? ¡Uy que rojo queda esto! No hombre, no. Lo mío no deja de ser un llamamiento a la corresponsabilidad de todos en la defensa del bien común o, lo que es lo mismo, al compromiso cívico en beneficio de la sostenibilidad del Estado social y de derecho. Y no me venga usted con la monserga esa de que esto hay que inculcarlo a través de la educación, desde esa temprana edad en la que nuestros chicos rompen a ir a la escuela. Uyu yu yu yuiii ¡Qué tierno! Sí, hombre, ya, pero mójese un poquito más y deje de mirar para otro lado. Posiblemente, hoy, no le aplauda nadie pero con el tiempo, sus hijos y el mío se lo agradecerán.

Dejémonos de pamplinas. Nuestro actual modelo sólo defiende el valor de lo social, la solidaridad y la redistribución para un amplio, pero decreciente, sector de la población conformado, mayoritariamente, por clases medias asalariadas, así como empresarios y profesionales “mileuristas” (tres de cada cuatro empresarios y profesionales declaran ganar menos de 1.600 € según los datos del Ministerio de Economía y Hacienda). Para el resto se siguen aplicando las reglas de la limosna, la caridad y, pasado un tiempo, el olvido o, simplemente, la invitación a que vuelvan a sus países de origen para que disfruten mientras que pedalean.

A ver, me salto lo del cheque-bebé pero… ¿Tiene sentido el abuso, que no uso, que hacemos de la sanidad pública? ¿Acertamos cuando permitimos que la Ley de Dependencia se esté utilizando para financiar la economía sumergida, cuando no para incrementar el nivel de renta familiar con independencia de cual sea ésta? ¿Podemos permitir un sistema de subsidios y ayudas sociales que desincentiven la búsqueda activa de empleo? ¿Deben utilizarse sus impuestos para pagarle una tercera titulación universitaria a un tipo como yo? ¿Me puedo permitir el lujo de suspender una y otra vez?... Vale, todo el monte no es orégano, pero ¿No le pone cara y nombre a alguno de los ejemplos arriba citados? ¡No me joda!

¿Y qué más? Ufff..., si yo le contara. Un suponer: ¿Por qué no deducir en la Declaración de la Renta por todos los gastos por servicios profesionales (esos por los que siempre se nos olvida pedir la factura con su IVA y toda la pesca)? ¿Por qué no damos de alta en la Seguridad Social a los cuidadores de las personas dependientes?... Aumentaríamos el dinero circulante, la recaudación, afloraríamos la economía real del Estado y reduciríamos las cifras de desempleo. Cambiando de tercio… ¿Por qué no acabamos con los negocios privados en la sanidad pública? ¿Por qué no ligamos los subsidios y ayudas sociales a trabajos comunitarios? ¿Por qué, por qué… los domingos por el fútbol me abandonas?

¿Y? Pues eso, que como dijo un tal Aristóteles “La equidad significa la aplicación de la justicia a casos concretos, la cual se obtiene tratando igual a los iguales y en forma desigual a los que no se encuentran en igualdad de circunstancias”.

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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