jueves, 17 de marzo de 2011

SIN ATRASAR A NADIE


©Víctor Meseguer




¿Todos somos Wael Ghonim?



«Sólo una emoción está a la altura de los tiempos: la alegría de la ingenuidad. Ingenuidad significa extender el brazo para palpar la tentadora objetividad del mundo, sin cuidarse demasiado de todo ese muro de prevenciones –hipercriticismo, escepticismo, relativismo, pluralismo- que la cultura contemporánea ha levantado contra un impulso tan directo; significa primar lo saludable y no lo enfermo, ponerse en el lado soleado de la vida, dar curso a lo genuino y a lo elemental sin abandonarse a unos excesos que arruinan la dicha de la espontaneidad, buscando más bien una proporción que nos dé armonía con nosotros mismos y con los demás» ¿Qué chaval? ¿Cómo se te ha quedado el body? Hoy soy yo el que cambia de táctica: todo lo que me envías lo descargo, lo leo y lo pienso porque quiero responderte con ideas útiles, ingenio desbordante y un saco sin fondo del que brota dinero y chocolate negro. Sí, finalmente, las tres intenciones acaban siendo igual de realistas y, por eso, la reflexión que abre este artículo se la he cogido prestada a Javier Gomá: un filósofo lleno de autenticidad.

Todo esto viene a cuento de lo que, hace un par de semanas, me comentó mi amigo Ricardo (ese chiquitín tan grande que siempre está a la expectativa de todo lo que se mueve). Me dijo que el pintor ciezano Pepe Lucas había dicho en “La Verdad”, que los jóvenes árabes les estaban dando una lección a los jóvenes europeos. Bueno, esto o algo parecido, porque ese día no pude comprar el periódico dado que había quedado contigo para ir a ver el musical “The Lyon King”: Sólo decir que me lo pasé muuuuuy biennnn. Bueno, no nos perdamos por las orillas: Yo, personalmente, si que siento envidia de esta gente. Si según Freud las niñas tienen envidia de pene, yo diría que nosotros tenemos envidia de huevos: de los huevos que les están echando esos muchachos, concretamente.

Por cierto, no podemos olvidar el papel... eh, perdón. El papel no, eso está superado. Y es que hablamos de nuevas tecnologías. La importancia de las redes sociales en estas revoluciones es innegable. Aquí, en occidente, o el Norte o como queramos llamar a "la zona privilegiada" del mundo, estas redes sociales también tienen una componente revolucionaria. Y no me refiero únicamente a la revolución sexual: cualquiera que haya usado Badoo sabrá a lo que me refiero (es una red para “ligar” por Internet o tener encuentros casuales). No hay más que ver el movimiento "Anonymous". Aquí la batalla, pues, se libra en otro frente: mientras allí, en el Sur, se lucha vía Internet, para pedir democracia, aquí se lucha para... un momento... quizá se lucha para lo mismo: ¿Acaso el libre acceso a la información no es democracia verdadera?, ¿Todo lo que nos ha descubierto Wikileaks no nos hace más libres? Es la libertad de quien conoce sus cadenas: sabemos quien nos miente.

«Yo soy de una casta de valientes, me río en la cara del peligro» le dijo Simba a Zazú haciéndose el fuertecito delante de la bella Nala e intentando disimular su acojone total ante el inevitable encuentro con las hienas en su guarida.... Pero, en esta otra historia, que es la real, el Rey León no llegó a tiempo y el joven Khaled Said fue golpeado hasta la muerte por la policía. Pero, otro joven, Wael Ghonim creó en Facebook la página “We are all Khaled Said”. Él colgó en la red un video de Khaled con la cara destrozada y, como si nada, miles de jóvenes fueron conscientes a la vez de que si no se movían, sus vidas serían una continuación de la de sus padres.

Sí, es cierto que su "revolución" es más directa: su dictador está a la luz. Los nuestros, en la sombra. No "a la sombra" porque aquí y allí casi siempre hay cabezas de turco. Y, de lo que se trata ahora, es de la cabeza de un libio. En fin, crío, que hacer una revolución no es fácil, pero como afirma Gomá: «Nada del pasado se parece a lo que se está preparando. Lo nuestro es crear un origen, no volver a él». Con una peculiaridad: la ingenuidad de la que él nos habla, «no es candor, ni inocencia o tierna simplicidad, porque no ignora los peligros asociados a una tal vuelta a la objetividad de “les nourritures terrestres”, sino que los conoce de sobra y, conociéndolos, elige conscientemente arriesgarse a vivir» ¡Mecaguenenelqueno! Me niego a compartir los prejuicios con los que valoramos esta revolución.

Estos chicos no han querido dejar que sigan pensando por ellos. Aspiran a vivir en el lado soleado de la vida y construir sus propios sueños. No se cómo acabará todo esto, pero me invade un sentimiento entre orgullo y sana envidia. Les deseo mucha suerte a ellos y a ti, también… Que si mañana os encontráis frente a frente os podáis mirar con una mirada digna. Con una ingenuidad aprendida y de igual a igual. Como dice Paco Toni: “Sin atrasar a nadie”. Pese a que fue la vida la que se dejó atrás a mi amigo tras un golpe seco e inesperado. Va por ti, maestro.

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