jueves, 3 de marzo de 2011

CARTA A UN JOVEN EN EDAD DE SERLO



SOBRE LAS COSAS DE LA VIDA

© VICTOR MESEGUER
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«Sólamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado». Durante los pasados años, muchos jóvenes empeñaron su futuro y todo el potencial que este rezumaba, en la busca de 'El Dorado'. Cargaron en su mochila el vigor y la fuerza propias de la edad y salieron al alcance de aquello que otros idearon para ver crecer sus tripas a base de michirones aligerados por 'Moët & Chandon'. A cambio, los sueños de muchos chavales se tornaron en tragedia, dejando al desnudo la inconsistencia de la aventura emprendida. Hoy ya no son tan jóvenes, pero el empuje de su propia juventud les ha engullido, se han quedado enmarañados en una edad, sin ningún lugar y escasas direcciones para buscarlo. Otros no se dejaron (o no les dejaron) sucumbir al brillo del 'oro' y continuaron andando la vida sin saltarse ninguna de sus etapas ¡Enhorabuena!

¿Sabes qué, mi niño? Lo que en un momento determinado puede parecer un golpe de suerte, el modo en que ésta es gestionada, puede conducir a una vida desgraciada. Una de las lecciones que me ha enseñado la vida es que nunca debemos abandonar el espíritu del sacrificio y del esfuerzo. Casi todo lo valioso siempre viene precedido por muchas horas de constancia y entrega. Una vez le pregunté a nuestro amigo, qué era lo que más le motivaba para correr una maratón. Su respuesta fue: «20 kilómetros de un seductivo sufrimiento y un enorme regalo de placer tras superar una nueva etapa»

¿Qué debo hacer? ¿Cómo vivir?... ¿Tú también te lo preguntas? Pues, por ejemplo, no huyas del sufrimiento cuando éste sea inevitable, creo que hay que usarlo para construir una vida plena y tomar medida de uno mismo. No sé como lo verás tú a tu edad, pero para mí, se empieza a vivir cuando entendemos lo que es la vida. Y ello implica reconocer el sufrimiento como un ingrediente más de la aventura de vivir, tan consustancial como la búsqueda de la felicidad. Aceptarlo nos ayuda a disfrutar en plenitud de las bondades del vivir y a afrontar, con valentía, el dolor que también supone hacerlo. Nos ayuda a no permanecer «ocultos en los bosques como ciervos espantados». Ambos principios construyen el sentido del ser humano. Nos enseñan a no claudicar prematuramente "ante los desafíos, para cuya consecución habría bastado con estar preparados para la ferocidad requerida por casi todo lo valioso».

¿Algo más? Sí, no renuncies a vivir el amor. Este ingrediente es tan imprescindible como todos los otros de los que tanto te he hablado. Ya sé que esta materia es muy de cada uno, pero no quiero dejar de compartir contigo un par de cosas. La primera: si el amor te alcanza, no seas tonto, desármate y déjate cercar: cada vez que mudes la piel, te darás cuenta de que sigues vivo, volverás a tomar medida de ti mismo y darás «gracias a la vida» y, a veces, sin esperar más ni menos. La segunda: sé fiel a tus principios pero no te dejes asustar por las apariencias, donde no hay mentiras, no hay fronteras. Es decir, haz lo que quieras pero nunca ocultes la verdad a nadie que te quiera, que tú quieras o las dos cosas a la vez. Todos tenemos derecho a vivir con la verdad a la vista y, por lo tanto, tomar nuestras decisiones en libertad.

Bueno, volvamos al principio que llega el final. Creo que vuestro lugar en el mundo, hoy como ayer, depende de dónde os ubique la bola del bombo de la vida (no por obvio es menos cierto). Haber nacido allá o aquí cuenta y mucho, aunque, sobre todo, una vez aquí, lo que más os condiciona es que lo hayáis hecho en una familia u otra, con unos amigos u otros, con unos maestros u otros…. Pero vamos a lo que vamos y no nos desviemos, en tu caso, principalmente, depende de ti.

Todo esto siempre ha sido así, o no. La verdad es que no me importa un pijo ¿Sabes qué es lo que sí me preocupa en estos tiempos confusos que vivimos? Que no os deis por vencidos ni os instaléis en la autocompasión; os necesitamos sanos y leales a la convicción de que todos y cada uno de vosotros, desde vuestro lugar en la tierra, podréis construir un mundo diferente para vuestros hijos y lo poco que quede de nosotros.

«Porque era él; porque era yo», respondió Montaigne cuando le preguntaron por qué quería tanto a La Boétie. Pues eso, que toda la información contenida en este artículo es sólo para tus ojos, o quizás también, y ya sabes, cada vez que mis dedos rompen a acariciar las teclas que abren la verdad de mi paso por la vida y, especialmente, de mis sentimientos, de mis emociones, de mis cagadas… lo hago desde la mayor de las dignidades que soy capaz de empuñar, porque nunca olvido que tú siempre estás ahí, mirándome… 'Many kisses. Thursday, March 3th, 2011. London, England.'

2 comentarios:

  1. El cristianismo es una filosofia que siempre me acompañó. Sobre sus valores fuí construyendo los mios. No obstante, mi relación con el cristianismo no es religioso sino ética.

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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