jueves, 20 de enero de 2011

LOS PA(C)TOS DE TOLEDO

“Dábale el judío pan al pato, y tentábale el culo de rato en rato”

VÍCTOR MESEGUER

 


El futuro de las pensiones ya no pasa por tener más hijos, sino por mejorar nuestra competitividad y productividad ¿Y qué piensan nuestros gobernantes? ...“El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas” y Felipe González añade que "rectificar es de sabios y de necios tener que hacerlo a diario"

¿De dónde venimos? Del párrafo anterior. En la segunda mitad del S. XIX, Dinamarca creó un beneficio público de pensiones para pobres de solemnidad financiado con impuestos generales; y la Alemania de Bismarck puso en marcha el primer seguro público de pensiones para trabajadores financiado a través de cotizaciones.

¿Dónde estamos? En España, creo. Y los ciudadanos españoles disponemos de dos seguros públicos de jubilación:

El primero, las pensiones no contributivas financiadas a través de los impuestos (20%). Su cuantía es de trescientos y pico euros al mes. Pensadas para aquellos ciudadanos que no han podido aportar al seguro de pensiones contributivas o lo han hecho de una manera insuficiente.

El segundo, las pensiones contributivas (80%). Su cuantía ronda entre los seiscientos y los dos mil y poco euros mensuales. Son financiadas por las cotizaciones de trabajadores y empresarios a la seguridad social, mediante un sistema de reparto. Para entendernos, el sistema de reparto se basa en un acuerdo intergeneracional, que implica que los que estamos en edad de trabajar les pagamos las pensiones a los que no lo están. A cambio de que cuando nosotros nos hagamos viejecitos, los que vienen por detrás hagan lo propio y arreen con el macho ¿Y cómo se hace? Muy fácil, se hace un cálculo de lo que nos viene costando la fiesta y, a lo que toque, nos hacemos cargo de la factura. El buen funcionamiento del sistema se basa en la concurrencia de dos variables: crecimiento económico y crecimiento demográfico ¿Y cómo va eso? Mal. Nuestro modelo de crecimiento económico está en cuestión: un mercado de trabajo que, reforma sobre reforma (¡Santo Cristo! Un pasito hacia ningún lado, un pasito hacia ningún lugar), no responde adecuadamente a las variaciones de la productividad; un sistema educativo incapaz de generar talento y, cuando lo hace, incapaz de retenerlo… ¿Y si tenemos más hijos? Pues hombre, depende, si es para lo que viene siendo mandarlos al paro… Da lo mismo que lo mismo da ¿En otros sitios lo hacen de otra forma? Sí, hombre, el sistema de capitalización: consiste en que lo que tú ahorras y cotizas es para ti, punto y radio.

¿Hacia dónde vamos? Si lo supiera, a ti te lo voy a contar yo. No obstante, aunque la economía manda, una cosa es estar de acuerdo con la necesidad de la reforma y otra muy diferente es que las líneas maestras que la inspiran, favorezcan (por aquí van los tiros) una obsolescencia planificada del actual sistema.

Aunque el cambio demográfico y la crisis conforman el argumentario visible, lo que no se dice o no se quiere decir, es que todas las previsiones apuntan también a una economía menguante. Para más inri, a decir verdad, un estudio pormenorizado de las medidas del Gobierno respalda la teoría de que el debate abierto responde a dos lógicas que tienen que ver con un presente rematado y con muchos intereses compuestos en darle un giro a un futuro incierto.

Por un lado, la lógica financiera. Ahora todo es economía y hacienda (la primera va mal y la segunda nos la hemos merendado) y hay que sacar de aquí y de allá, para cumplir con los objetivos de reducción del déficit y tapar agujeros varios. El ansia recaudatoria encuentra reposo en el supuesto de bajar las pensiones actuales y desviar la atención poniendo en el atolladero a las futuras.

Por otro lado, la reforma prioriza la contributividad frente a la equidad y la solidaridad. A medio plazo, la consecuencia lógica será una reducción de las cuantías de la pensión para una gran parte de los beneficiarios, que se verán arrojados a buscar sistemas complementarios. De otra parte, el actual sistema tampoco es atractivo para los que más ganan y cotizan, cuya renta de sustitución (la pensión) se les queda en ná y menos en relación con lo cotizado.

Ya hay quienes afirman que para este viaje, vayámonos directamente al sistema de capitalización y dejémonos de cuentos. No creo que sea para tanto, pero esta línea de trabajo (la que hoy está sobre la mesa) abre las puertas a una vieja reivindicación del Círculo de Empresarios: un sistema mixto de reparto y capitalización ¿Privado o Público? Da igual. A la vista de lo visto, en su caso, la única duda sería quién rescata a quién. De paso, se intenta dar un aperitivo a los mercados financieros que están incubando la próxima burbuja especulativa: los seguros subprime. Al tiempo.

Post Data. Por cierto, después del aperitivo de las pensiones ¿Cuál será el primer plato? Hasta que no se hable de la necesidad de una verdadera dieta, el festín puede ser como las bodas en Lorca, de postre arroz y pava.



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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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