sábado, 29 de enero de 2011

CUANDO SOLO TE ALCANZA EL AMOR


¿Oiga? ¿Lo suyo es ignorancia o desinterés? Ni lo sé, ni me importa. Le contestó. El tipo aquel hablaba de “Un mundo sin nosotros”, la más que interesante obra del periodista Alan Weisman, que trata del impacto que tendría sobre la Tierra, la desaparición de los seres humanos. Pero él estaba a otra: su corazón solo latía en un mundo con sus imperfecciones, de las que él se consideraba un claro paradigma. No quería imaginar la vida sin todos aquellos a los que él tanto quería y, a la vez, necesitaba que le quisieran. Su vida había sido un no parar: juntar gente, pensar juntos, untarse las manos de barro humano sin que le diera miedito, dejar de ser invisible para él mismo…y escribir en los ojos de ella, con risas y besos, el aliento de esos instantes en que se abre un cielo lleno de tierra y una boca arrastra su boca “dando a la grana sangre dos tremendos aletazos…”

Aunque esta no es una historia real, es la más real de sus historias. Les cuento. Él pasó de la niñez a los asuntos y sin apenas darse cuenta a… ¡Estás en Babia, tío! «Perdón», contestó él cogiendo su “tapón” y acercándose al grupo. Entre la atronadora música del local, tipo “movida del jueves universitario”, pudo entender como Adriana, una de las camareras, preguntaba a su compañero David en qué trabajaba. «En el sindicato », respondió éste mientras le miraba a él por encima del tapón de whisky que se acercó a los labios... sabía en qué estaba pensando. « ¿Y en ese sitio, qué hacéis?», insistió Adriana. «Pues...defender a los trabajadores, como a ti, por ejemplo». Supieron que aquella joven camarera tenía un contrato por 6 horas, aunque trabajaba el doble, que esa había sido su vida desde los 16 años, que no le interesaba que la defendiera nadie porque ¿Dónde iba a ir luego? A su compañera Isabel la acababan de despedir (de no volver a contratar, perdón) porque ya tenía 28 años y allí sólo querían gente joven, como los universitarios que venían a tomar sus “tapones” (vivos entre el alcohol del ‘hoy es jueves’ y mañana será otro día... si es y un ruido ensordecedor que impida escuchar demasiados silencios...) Él, mientras pagaba, le devolvió la sonrisa.

...Pasaron mil y una noches que sólo desgastaron su piel a fuerza de rozarla con la vida. De otra forma, él sigue siendo aquel, un hombre dentro de un niño en un mundo que no alcanza a entender. Ni siquiera es necesario doler de la vida hasta creer, a una edad basta con amar. Hace unos días entró en un garito y comprobó que hay otros, como él, que sueñan con llegar a algo viviendo sólo en su interior, en el rastro de un mundo perdido. “En todo caso, nos damos cuenta que no hemos perdido (aunque nunca ganemos porque no hay nada que ganar)”, le comento él a su compañero de tutorías José Luis y, éste, le contendió amigablemente… “En lo sucesivo, nos tenemos que moderar mucho más con los refrescos esos que nos tomamos, porque creo que hoy se nos ha ido un poco la mano”.

En un mundo de héroes convencidos de estar tocando fondo, con inocente ignorancia del vacío, él llegará donde quiera si quiere, pero se conforma con estar allí: un garito y un puñado de colegas con quien poder cantar hasta el amanecer. Confundidos, camuflados en la clandestina noche de vinilo, para convertirse en parte de lo que son.... suficiente para él. ¡No te pongas estupendo! le dijo Ame, rompiendo a reír de esa forma tan contagiosa como ríe ella y Victoria, tras mirar su mirada, le remató… “Cuando hay un porqué para vivir, siempre se encuentra un cómo, cierto, como lo es el que quienes no tienen un cómo encontrarán en su exigencia el por qué”

Tras finiquitar su artículo número cien en este periódico apagó su cigarrillo y mirando hacia atrás, se alegró: diecisiete años contando cuentos a los que hoy les ponía algunas caras, nombres (aunque sean ficticios) y el alma de quienes aman. Sí, como solía decir su buen compañero Norberto, era su pequeña venganza a una sociedad donde cada vez más personas dejan de tener interés por sintonizar el canal de sus propias vidas. Y ese desinterés dificulta el amor, impide la solidaridad, entierra los valores….

Quedaba tanto por hacer... pero merecía la pena. Le bastaba con su voz y un puñado canciones para seguir dando vueltas a la noria de los mil caminos. Canciones como aquellas que le ayudaron a elegir sus primeras “palabras de amor, sencillas y tiernas, que echamos al vuelo por primera vez cuando apenas despertábamos de un sueño infantil”.

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