jueves, 9 de diciembre de 2010

Enemigos de lo púb(l)ico

Día internacional contra la corrupción


No fue Carmen de Mairena sino Manuel Marín (ex presidente del Congreso de los Diputados y más) quien advirtió del riesgo de una "italianización" de la política española ¡No se alarmen! Ni Zapatero se ha transformado en un asaltacunas ni la Moncloa en un burdel mierdoso. Bastante tiene la criatura con lo que tiene. Supongamos que hablo de corrupción institucional. ¡École cua! Lo que Marín quiere sacar a pasear es la pérdida de transparencia del sistema y sus instituciones, que provoca una menor confianza en las mismas por parte de los ciudadanos, así como el desvalor de una clase política que anda enmisa pitos concelebrando la decadencia política y ética del Estado.

La reflexión de Marín es muy oportuna en un momento donde los casos de corrupción política ligada al ladrillo empiezan a perder visibilidad ¿Mande? Sí, la crisis de los sectores de construcción y obra pública, así como las cerca de 750 investigaciones abiertas sobre casos de corrupción que, por cierto, afectan a cerca de 1.000 políticos en nuestro país, constituyen en si mismas un mecanismo disuasorio y, según Transparencia Internacional, en España, dentro de la mejoría, persiste la gravedad. Eso sí, estamos un poco mejor que Italia (Sicilia incluida) y Rusia. El que no se consuela es porque no quiere.

No obstante, antes de adentrarme en los dominios de la otra corrupción: la corrupción institucional (una espiral in crescendo), quiero afirmar que no me gusta como caza la perrita en los múltiples casos de cohecho, prevaricación, negociaciones prohibidas a los funcionarios públicos, blanqueo de capitales…, que han inundado nuestras retinas en los últimos años:

De un lado, la inversión de los valores de la justicia: la culpabilidad o inocencia de los ciudadanos se ventila en la fase de instrucción sumarial, atacando al principio de presunción de inocencia. Una práctica alimentada por las gargantas profundas de la Administración de Justicia y del aparato policial del Estado que a nadie parece interesarle investigar y donde un solo error es tan cruel como irreversible.

Del otro, una posible impunidad de los delincuentes del ramo. Me explico; pese al alto número de casos denunciados e investigados de corrupción es probable que sean muy pocas las sentencias condenatorias, porque sus señorías no puedan probar los extremos exigidos en el Código Penal. El motivo, unas normas penales defectuosas así como alejadas de la realidad social y de la innovación criminal, unido a una torpe o enfermiza violación sistemática de las normas procesales que acaba invalidando los pinchazos telefónicos y otras pruebas preconstituidas, por no traer a colación otras posibles complicidades.

¿No sería más lógico acometer las prevenciones necesarias para garantizar que nadie pueda burlar el peso de la ley y ahorrarnos la pena del telediario? Si no lo hacemos, sucederá lo que dijo Cayo Julio César, un pavo que sabía latín, “alea iacta est” (la suerte está echada): los pájaros volando y la justicia en la jaula.

Retomemos el tema de la corrupción institucional. Sí, WikiLeaks solo ha dado cobertura material a un impúdico streaptease de nuestras instituciones, cuyas desvergüenzas conocíamos o intuíamos casi todos. Pero también da al traste con todos los esfuerzos de nuestros gobiernos para obstaculizar el periodismo de investigación a través de un férreo blindaje del sistema y el absurdo “principio de no molestar”. No obstante, las referencias a la actuación de algunos jueces, ministros y, especialmente, el cable en el que el embajador de EE.UU asegura que el Fiscal General del Estado español comprende las implicaciones políticas del 'caso Couso', me llena de vergüenza ajena y, además, me producen asco (me acojo a la praxis institucional del principio de presunción de inocencia). Como ya les conté en otro sitio, la judicialización de la política o la politización de la justicia constituyen un abuso de poder. Pero ya se sabe, el poder les pone…, les pone ciegos, una conducta impropia de la justicia. Sólo la honorabilidad de muchos jueces, burócratas y políticos hace posible frenar la creciente promiscuidad de los órganos de gobierno de los tres poderes.

Resumiendo hasta aquí, como decía Anarcadis “Las leyes son como las telarañas: los insectos pequeños quedan prendidos en ellas, los grandes, las rompen. ¿Y si creamos el premio Príncipe de Asturias a la decencia pública? ¿Y si se queda desierto? A uno le entran ganas de cortarse las venas con la cuchara del postre por eso de no morir esmayao.

¿Qué hemos hecho para merecernos esto? Según el bueno de Marín, “en la política, se han perdido los aspectos fundamentales que son el discurso, el contenido del mismo y las formas y todo ello se ha cambiado por el "canutazo" periodístico para buscar un titular, que se contrapone con las declaraciones de los adversarios políticos y, así, sucesivamente”. Pues sí, en esto andan los padres de la patria.

La solución, una vez más, pasa por una sociedad civil musculada, participativa, fiscalizadora…, responsable. Un aspecto clave en la línea de construir democracias de calidad es la existencia y ejercicio, como prerrequisito básico, del principio de transparencia y del derecho de acceso a la información pública. Pero ya se sabe, la información es poder y el poder se resiste a compartirla. Por ejemplo, el anteproyecto de Ley de Transparencia y Acceso de los Ciudadanos a la Información Pública no incorpora las garantías suficientes para crear una democracia abierta: Los poderes legislativos (Congreso y Senado) y judicial quedan al margen de la nueva ley. El Tribunal Constitucional, el Consejo del Poder Judicial y el Tribunal de Cuentas también. Para este viaje no se necesitan alforjas.

Por favor, que no nos tomen el pelo y, sobre todo, que no nos tiemble la mano al depositar el voto, que es la única oportunidad que nos queda para no rendirnos. Mi perrita, tras poner su hueso a buen recaudo, me mira fijamente con el rabo alzado y las orejas hacia atrás y, tras inclinar su cabeza hacia el lado…, me pregunta ¿Entonces, amito, a quien vamos a votar? ¡Anda, y que te ondulen con la 'permanén', Patty!

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