jueves, 25 de noviembre de 2010

Els Amics de les Arts - Déjà-Vu



DESCIFRANDO CATLUNYA
LA VERDAD 25 DE NOVIEMBRE DE 2010


El próximo domingo los catalanes decidirán quién (previsiblemente quiénes) les gobernará durante los próximos 4 años. Hace algunos meses, tras los recortes del Tribunal Constitucional al Estatut y la multitudinaria manifestación del 10 del julio, bajo el lema “Som una Nació, nosaltres decidim” (Somos una Nación, nosotros decidimos) muchos analistas aventuraban que ya nada volvería a ser igual en Cataluña. En su opinión, el espíritu de aquella manifestación marcaría las próximas elecciones al parlamento catalán y el devenir de los catalanes. La realidad electoral desmiente aquellas consideraciones, la tendencia de voto mostrada en los últimos procesos electorales autonómicos se consolida: sube CIU, baja el tripartito y aumenta la abstención; si bien es cierto, que las encuestas indican un aumento de quienes se sienten independentistas.

Así las cosas, la campaña electoral no está teniendo demasiado misterio. Da la impresión de que los partidos aceptan, sin demasiada oposición, el previsible devenir de las cosas (Montilla aseguró que no reeditará el tripartito y más recientemente que éstas son las últimas elecciones a las que se presenta); en definitiva, una campaña muy gris, sin un gran debate político, sin demasiada pasión (la abstención volverá a ser histórica) y con un Artur Mas muy reforzado, cada día con más cara de “president”.

Muchos catalanes perciben a Mas como un político serio y con habilidad para la gestión pública, vamos un tipo presidenciable. Y lo cierto es que al bueno de Mas no se lo están poniendo muy difícil que digamos, entre los videojuegos de dudoso gusto, las campañas provocativas con el único objeto de hacer ruido mediático y demás salidas de tono, al líder convergente le basta con hacer un discurso propositivo (es lo que se espera de un aspirante a presidente, aunque Rajoy todavía no lo sepa después de perder dos elecciones) y no meter la pata como en anteriores comicios (campañas excesivamente negativas y un compromiso ante notario de no pactar con el PP).

En efecto la mayoría de partidos están desarrollando una campaña bastante pobre y llena de errores, probablemente nerviosos por la gran competencia electoral que se da en Cataluña (hay 6 partidos con representación parlamentaria, frente a los 3 de la Asamblea Regional o la Asamblea de Madrid) y obsesionados por la trascendencia mediática.

En el PSC no pasan por su mejor momento, aunque en realidad las autonómicas nunca han sido lo que mejor se les da a los socialistas de Cataluña, ya que una parte de su electorado no se siente concernido por las elecciones catalanas y sistemáticamente se abstiene. Además los gobiernos tripartitos pasan factura a los socialistas que no han sabido plantear un discurso propio y claro con respecto al modelo de Estado. Es evidente que el PSC es un partido catalanista, ni nacionalista ni mucho menos independentista, que defiende una concepción plural de España y una acomodación federal de lo que nuestra Constitución define como “nacionalidades históricas”. Sin embargo, algunas leyes del tripartito han tenido un cierto carácter nacionalista que no ha gustado a muchos electores socialistas.

Por otra parte, José Montilla, pese a haber demostrado ser un político muy trabajador y con brillantes habilidades para la negociación y el consenso, no es un gran candidato. Tampoco están estupendos en Esquerra, radicalizados por el surgimiento de nuevas fuerzas independentistas (como “Solidaritat Catalana” liderada por Joan Laporta o “Reagrupament”), de ahí los absurdos comentarios como el de que “en Andalucía no paga impuestos ni dios”, menudas barbaridades dicen en ocasiones los políticos para subir el ánimo a la tropa.

Pese a que fuera de Cataluña, Carod Rovira es visto por muchos como poco menos que un ogro independentista es importante dar a conocer que el ex líder de ERC es en realidad un moderado dentro de su partido. Carod defendía un “mejor” encaje de Cataluña en el Estado a través del desarrollo de la autonomía (Estatut) o de un modelo federal como paso previo a la “plenitud nacional”; el nuevo líder de la formación, Joan Puigcercós, opina que las relaciones Cataluña-España están agotadas y que sólo queda una salida, la independencia. Y en el Partido Popular, pues ahí están, agitando la bandera de la inmigración de manera irresponsable y, como es natural, centrado el resto de su estrategia en la crisis (caña al mono) y en el bilingüismo, esta vez con más pudor que en otras ocasiones, había que verlos en tiempos del estatuto. Los eco socialistas de ICV (Iniciativa per Catalunya Verds) son los únicos que siguen apostando por el tripartito y la voz más clara en defensa del Estado federal. “Ciutadans” aspira a ser la versión cool del PP con un discurso muy similar que, sin embargo, presume de independencia de Madrid (son un partido catalán mientras que el PP es un partido estatal) y de “progresismo”.

En definitiva, no ha habido ningún cambio radical en la política catalana, las cosas están, electoralmente, más o menos como estaban. Es cierto que el señor Laporta puede entrar al parlamento con la ayuda de una bajísima participación, sea como fuere sabe a poca cosa, los nuevos independentistas auguraban después del 10 de junio que tendrían 9 ó 10 diputados en el nuevo parlamento. Los catalanes no viven en el “planeta piruleta” (del que habla el grupo barcelonés “Els amics de les arts” en uno de sus temas) de Joan Laporta. Los más se quedan con el catalanismo y el nacionalismo moderado y apuestan por un encaje de Cataluña en España, el mismo de Vicens Vives, Josep Tarradellas, Jordi Pujol, Joan Reventós o los dos Maragalls más conocidos, Joan y Pasqual.

El misterio está en qué sucederá el día después de los comicios: ¿Alcanzará CiU la mayoría absoluta? ¿Tendrá que pactar? En tal caso, la duda es con quién, si con ERC, con el PP o bien pedirá su apoyo a los socialistas en la investidura para poder gobernar en soledad…

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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