jueves, 28 de octubre de 2010

¿Cuando serán responsables los irresponsables?

LA VERDAD 28-10-1010

El profesor Marín Rives, director de la Cátedra de Responsabilidad Social Corporativa de la Universidad de Murcia, afirma que la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) bien entendida, representa una actitud de mejora en las relaciones con aquellos que te rodean: los grupos de interés (proveedores, empleados, clientes, consumidores…). Como miembro del equipo de la Cátedra hay una línea de investigación que me preocupa y ocupa: ¿Cuál es la naturaleza de la relación entre las partes interesadas? ¿Hablar o cooperar? Una buena relación de las empresas con sus grupos interesados tiene sentido en cualquier caso, pero ganará partidarios si se enfoca desde la perspectiva de modelos de negociación cooperativa, basados en el mutuo interés y la creación de vínculos a largo plazo. Se puede resumir en que todo no puede ser para uno, que hay que repartir y que no se puede abusar del poder. ¡Qué difícil para el que se las está llevando a mansalva! Sí, pero para los minoristas de la codicia también.

Analicemos un ejemplo de la vida cotidiana. Supongamos que Vd. tiene la desdicha de conocer a uno de esos políticos abrazafarolas de los que no se puede esperar ni una mala palabra ni una buena acción. Cada vez que Vd. se tropieza con él, le repite aquello de… “Bueno, pues nada, me alegro de verte, un día de estos te llamo y nos tomamos unas coca colas”. Con independencia de que lo normal es que el tipo nunca le llame ni se ponga si es Vd. quien le llama, el político en cuestión le ha trasladado su predisposición a tener en cuenta sus intereses y expectativas, lo que constituye en si mismo un valor. En política, la relación con los grupos de interés puede responder en igual medida a una respuesta basada en los valores y principios que a un acto de inteligencia compleja y tomadura de pelo simple. Algo parecido viene sucediendo en el mundo de la empresa.

Pero este no es el camino, o cambian o les harán cambiar. Con la que esta cayendo y gracias a la globalización, cada vez son más los focos sobre el decorado político y empresarial. El ojo público y la opinión publicada en los Mass media no perdonan y la irresponsabilidad cada día tiene más impacto en las decisiones de inversores, consumidores, agentes institucionales...
En la inmensa mayoría de los casos, lo que las empresas desarrollan a través de la RSC, es una estrategia preventiva donde el punto de mira, más que hacia beneficios, apunta hacia cómo evitar los riesgos. La irresponsabilidad puede acabar pasando factura y, algunos, prefieren evitar este trago: costes de imagen e impacto sobre la marca, responsabilidad civil y/o penal...
En mi opinión, el siguiente paso consistiría en adentrarse en un modelo de negociación ganar-ganar donde construir y conservar relaciones a largo plazo con los grupos de interesados, incorporando de verdad sus intereses y expectativas, es el mejor camino para maximizar los resultados. ¡Qué bonito! ¿Verdad? Sólo hay un problema: las posiciones e iniciativas de las partes interesadas hay que analizarlas en un contexto dominado por la verticalidad y las asimetrías del poder y, consiguientemente, no hay futuro sin generosidad.

Es más, dos personas pueden no cooperar incluso si en ello va el interés de ambas. La estrategia ganar-ganar no siempre es la estrategia dominante. La que mejor funciona depende directamente de qué estrategia estén usando los demás y, particularmente, de si tal estrategia deja espacio para el desarrollo de la mutua cooperación. Sí, hablamos de la “Teoría de los Juegos” (popularizada en la película “Una mente maravillosa” inspirada en la vida del matemático y premio Nobel John Forbes Nash y su lucha contra la esquizofrenia paranoide). En la película hay una escena donde Nash está con sus amigos en un bar y observa sus reacciones cuando aparece una rubia muy atractiva. Analizando la rivalidad que se crea entre ellos, encuentra el germen de la idea que andaba buscando: el equilibrio de Nash. Aplicado al tema que nos ocupa, la conclusión sería la siguiente: Si cada cual (político, empresario o ciudadano) se deje llevar por el propio egoísmo, el camino hacia la responsabilidad es muy peliagudo (excepto si lo encuadramos en parámetros de pensamiento mágico o tiramos de Adam Smith). Es decir, la ausencia de corresponsabilidad hace prácticamente inviable la responsabilidad ¿Qué como acabó lo de “La Rubia”? No le eche morro y alquile la película en el video-club más cercano.

Es imposible exigir a las empresas si los ciudadanos no cumplimos, si los gobiernos no cumplen. Además, ¿Por qué las empresas tienen que ser más responsables que los demás? Hay vasos comunicantes entre la responsabilidad ciudadana, política y empresarial, y no podemos exigir velocidades distintas. Muchas empresas ya están cumpliendo una parte de su pacto porque sólo tienen tres purísimas: la purísima fuerza, la purísima necesidad y la Purísima Concepción (algunos necesitan un milagro) ¿Y el resto? ¿Qué? Para hablar con la boca grande hay que tener el culo muy limpio.


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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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