jueves, 2 de septiembre de 2010

LA RULETA DE LA VIDA

LA VERDAD 02.09.2010
Anualmente, la Universidad Pompeu Fabra convoca un programa de Ayudas Solidarias para financiar proyectos de Cooperación al Desarrollo presentados por los alumnos. El año pasado, la Vicerrectora de Estudiantes, tras recorrerse medio mundo (Honduras, Paraguay, Senegal, Filipinas,…etc.) leyendo una retahíla de proyectos…, hizo un llamamiento a los estudiantes: ¿No se os ocurre nada que podáis hacer aquí?

A Cris De Maya sí. Aunque estudia en Barcelona, ella es oriunda de Cehegín. Gracias a unas cuantas trampas de fabricación propia y al apoyo de sus padres, ha conseguido que el TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) no se interponga entre ella y sus estudios de economía. Hace poco descubrió la posibilidad de participar en el programa “Fracaso escolar cero”. El programa consiste en pasar un par de tardes a la semana con un niño con dificultades en el colegio. Le parece una buena oportunidad para, en la medida de sus posibilidades, cambiar una realidad que a nadie beneficia; Cris piensa que todos podemos ser actores del cambio. Sus compañeros de clase, optaron por un proyecto de turismo social en Paraguay sobre la gestión de la diversidad y normalización lingüística del guaraní pero, eso sí, desde un enfoque de género y con una metodología participativa y reflexiva.

Barcelona es una ciudad con profundas desigualdades, como todas, pero el caso de la ciudad condal es especialmente ilustrativo. Son notorias las diferencias entre los barrios altos de Sarrià o Sant Gervasi y los más humildes como el Raval o la Barceloneta. El punto de partida no es el mismo para quienes viven en unos y otros barrios. Cris lo sabe, también conoce que las diferencias no sólo tienen que ver con el dinero, atañen igualmente a la cultura, las relaciones o al prestigio; es consciente de que las administraciones intervienen para corregir la desigualdad pero, puesto que estudia economía está al tanto de los índices de reproducción social; es decir, el porcentaje de personas que acaban trabajando en un trabajo igual o semejante al de sus padres y, por lo visto, es un porcentaje muy alto. Cris cree más en la justicia que en la solidaridad, no pretende que tengamos todos los mismos dineros pero si las mismas oportunidades y que la diferencia la marque el esfuerzo, porque lo cierto es que unos lo tienen más fácil que otros.

Pep es de los que lo tienen crudo. Tiene 10 años y vive en la calle de Escuder en la Barceloneta. A su madre la arrolló un buen día la vida y un tren de cercanías. José De Gea, su padre, trabaja cuidando a un anciano por la noche y cosiendo souvenirs de esparto por el día. “Pepito, no hay trabajos indignos. Sólo hay formas indignas de hacer el trabajo”, le comentó un día a su hijo. A ratos, en la soledad de la cocina que, según él, todavía huele a empedrao y a rin-ran, así como a las mejores picardías y garrapiñas del mundo, recuerda las palabras de ella: “José, tu hijo tiene azogue pero no es tonto. Solo necesita un empujón que su señorita no puede darle”.

Cris cree que hace falta una nueva cultura de comunidad social y de comunidad política. Ayudar a Pep es bueno para los dos y, además, es bueno para la comunidad: Sí, de mayor, Pep no será un receptor de subsidios. Aprenderá un oficio, creará riqueza -como suelen decir los de la roche divine política-, contribuirá a pagar la pensión de su padre…

Esta experiencia me lleva a hacer un paralelismo ¿Y en la Región de Murcia? ¿Qué tal nos va? Los datos nos colocan en el Índice de Desarrollo Humano (nivel de desarrollo en función de la salud, la educación y el bienestar material), en la tercera peor posición (tras Extremadura y Andalucía).

Lo preocupante es que cada día hay más chavales con vidas parecidas a la de Pep, que viven muy cerca de nosotros en barrios y pedanías o diputaciones de nuestras ciudades. Durante los últimos años se han realizado importantes inversiones en equipamientos sociales, rehabilitación de viviendas,…etc. Igualmente se habla de reconstruir barrios enteros. De nada sirve que los edificios sean mejores si los problemas que habitan dentro son los mismos. De nada vale la cirugía urbana si no va acompañada de cirugía social.

Los gobiernos deberían facilitar la colaboración ciudadana. Casar oferta (acomodados) y demanda (descolocados). Apostar porque se premiase y se reconociese públicamente estas vías de encaje social. Menos fotos para el corte de la cinta y más para los ciudadanos que participan en iniciativas de cooperación entre desiguales.

No, no hablo de caridad ni de acción social. Me refiero a iniciativas de ida y vuelta, de enriquecimiento mutuo, que a la vez desdibujen el mapa de asimetrías sociales que inundan nuestra geografía política.

Una y otra vez vuelvo al mismo punto de partida para reinventar el futuro de nuestra región, de nuestro país (con perdón): Nuestro cultivo más valioso,…las ideas. Nuestro mejor recurso,…las personas.

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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