jueves, 5 de agosto de 2010

ALL YOU NEED IS...¡MONEY!



EE.UU es el referente mundial en tecnomedicina y cuenta con unos profesionales excelentes, a la altura de los españoles, diría yo. No obstante, detrás de las bambalinas hay otro mundo… Este artículo está basado en hechos reales y cuenta la historia de un joven que viaja a Estados Unidos a estudiar inglés pero que acaba en un hospital aprendiendo latín.

Tras recibir los primeros cuidados en el área de emergencias del hospital, una empleada del Departamento Financiero del mismo le dio la bienvenida: hola joven, tienes que hacer un depósito de 1,290.21 €, le espetó la buena señora en un perfecto inglés. Es lo que tiene hablar idiomas aunque el chaval se quedó mudo.

En EEUU la salud está en manos de las aseguradoras privadas, que anteponen los beneficios económicos a la salud. La industria de la salud consiguió en 2005, más de 10.000 millones de Euros en beneficios, en lo que viene siendo una burbuja especulativa con mayor poderío que el pelotazo urbanístico made in Spain. Algunos datos que sustentan esta afirmación:

En EE.UU. la sanidad supone el 16 % del PIB. Más de 94 millones de norteamericanos, uno de cada tres ciudadanos, no tiene cobertura sanitaria en algún período del año. La mayoría son trabajadores de PYMES, donde los sindicatos son muy “flojitos” o, simplemente, ni están, ni se les espera. Si pierdes el empleo (o la salud con carácter irreversible), tú y tu familia perdéis el seguro. Más de 100.000 enfermos mueren todos los años por falta de atención, tal y como afirma David Himmelstein, profesor de Harvard.

En España, el gasto sanitario público supone el 5,8 % del PIB. Con el 35,4 % del gasto sanitario per cápita en USA, nuestra asistencia sanitaria, es universal y gratuita.

La reforma sanitaria impulsada por el presidente Obama, se centra en ayudar económicamente a las familias que no pueden pagar las primas de los seguros y en frenar los abusos de las aseguradoras. Un gesto quizás insuficiente, pero valiente en un país donde la industria de la salud es uno de los mayores financiadores de las campañas electorales.

“No te preocupes por la factura hijo, lo importante es tu salud”, le dijo al joven paciente su padre. El precio de los servicios por entrada de emergencia y estadía en habitación, bajo observación y pruebas para, por ejemplo, una gastroenteritis, puede llegar a costar entre 3,794.61 €/día y 11,383.18 €/día o más, dependiendo de las pruebas. No se alarme, los hospitales tienen redes de cobros en casi todo el mundo. Hay una muy grande en Suiza, que se encarga del nutrido colectivo parroquial integrado por pacientes europeos.


“Hello, hello, I would like to talk with 274 room”. Repitió el padre una y mil veces con la angustia propia de quien no sabe que está pasando a miles de kilómetros. Hablar con el médico era imposible, había que violar la HIPAA dada la mayoría de edad del chaval. Se trata de una ley federal de 1996, que protege la confidencialidad de los pacientes, a la vez que ayuda a la poderosa industria del cuidado de la salud a cobrar sus facturas, convenientemente alimentadas, por las participaciones societarias de buena parte de los más honorables profesionales del sistema.

Una vez controlada la enfermedad, tocaba cerrar el coste total. Es la única forma de relajar el estómago bulímico (o quizás su ausencia) de los mercaderes de la salud. Por los cuatro días de hospitalización: 22,767.84 €. Tras una acertada negociación, llevada a cabo por un amigo de la familia con saber experto acumulado en la materia, el hospital hizo dos propuestas: 30% de descuento si suscribía un plan de pago a plazos o 50% de descuento si se pagaba a tocateja. Llegado a este punto, el padre de la criatura tenía serias dudas de si hablaba de salud o regateaba el precio de un animalico en una subasta de ganado.

¿Punto y final? Pues iba a ser que no…“No obstante, debe Vd. esperar de 3 a 5 días para que el médico emita factura desde su oficina privada. No le puedo decir al momento de cuánto será” afirmó la Consejera Financiera del Hospital. Las aseguradoras privadas contratan con los distintos proveedores de servicios sanitarios (médicos, centros sanitarios, hospitales, etc.), pagándoles a cada uno por diagnóstico y/o tipo de intervención profesional.

Vicenç Navarro, Catedrático de la UPF y Miembro del grupo de trabajo que presidió la Sra. Clinton para la reforma sanitaria, afirma que… “Cada treinta segundos, una familia estadounidense se declara en bancarrota, como consecuencia de su incapacidad de poder pagar las facturas médicas y las pólizas de aseguramiento privadas”. De los afectados extranjeros, no se dispone de datos.

¡Vaya tela! Cuidemos nuestra sanidad ¿Nuestro sistema es mejorable? Sí; es demasiado fácil confundir el uso con el abuso.

La salud no es un lujo elegible. Dejarla en manos del mercado, sin competencia pública, convierte a las personas en víctimas cautivas de la avaricia.

3 comentarios:

  1. ¡ Vaya tela, Victor !.
    Lo que ocurre en la primera potencia mundial.

    Indudablemente, nuestra salud pública española es un buen modelo para otras sociedades.

    Preservemos ese modelo, y no nos dejemos embaucar por modelos abusivos de salud, en lo cual, lo que más prima es, lo económico antes que la calidad de vida de todos sus ciudadanos.

    Por lo tanto, nuestros gobernantes, ya sean de una ideología u otra, deben tener presente:
    ¡ Evitar las sociedades de castas (India) ! aunque lógicamente, estamos hablando sobre la primera potencia del Capitalismo (o individualismo agresivo).

    Saludos.

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  2. BYE BYE, TÍO SAM

    Durante muchas ocasiones y con motivo de los debates sobre cuestiones políticas, económicas o sociales con compañeros trabajo de posiciones ideológicas de derechas o liberales, siempre escucho que USA es el modelo a imitar: en libertades, derechos, garantías, progreso, bienestar, etc.
    También conozco amigos que proponen las universidades norteamericanas como el paradigma de una enseñanza de calidad, de investigación y de avances en todos los campos de la ciencia, y están deseando poder viajar para estudiar o hacer un master allí.
    Luego están las noticias de que hay un sector muy grande de pobreza, de ciudadanos que no pueden acceder a una pensión de jubilación o a la sanidad; los problemas de los espaldas mojadas, el Bronx, el tráfico y el consumo de drogas, etc. el reverso de la sociedad capitalista.
    Y en estas que un jovencito ilusionado, con ideas poco conformista con el sistema, hijo de unos padres asalariados con unos ingresos suficientes para vivir holgadamente, viaja a este país de ensueño y sufre una diarrea grave que le obliga a ser hospitalizado. En España, con el sistema sanitario vigente por ahora, sería llevado a un centro hospitalario, donde una vez identificado y acreditado su derecho a la sanidad, se le practicaría un reconocimiento, unas analíticas y una anamnesis, previamente se le habría colocado una vía para hidratarlo y corregir sus electrolitos y después de un diagnóstico y un tratamiento paliativo o curativo, dado de alta al cabo de tres días sin más complicaciones.
    La lectura del artículo, cuya veracidad ni pongo en duda, ni tampoco termino por creérmelo en su descripción colorista, me indica que esos hechos, son un alucine para los padres de un hijo que viaja a EE.UU. y en medio de un problema de salud en la potencia más avanzada del mundo, se da cuenta de que la sanidad de ese país es un negocio que mueve un porcentaje enorme de su PIB y que la salud y las vida de los “asegurados” solamente el pretexto para ese gran lucro.
    Qué economía familiar puede hacer frente a una factura de cuatro millones de las antiguas pesetas por una enfermedad casual de gravedad media y corta duración. A cuanto ascendería la factura para las graves y largas enfermedades de los pacientes que ocupan las habitaciones de nuestros hospitales. Cual y hasta cuando recibirían tratamiento en ese país con los condicionantes de compañías médicas que establecen los límites del gasto o para aquellos que por despido, jubilación o quiebra económica no pueden pagarse un seguro.
    Algunos políticos ya nos amenazan con los criterios de optimización de gastos, la gestión de los hospitales por fundaciones y los criterios de empresa en los centros dependientes de nuestros servicios regionales de salud. Y si siguen gastando nuestros responsables autonómicos sin el control necesario, puede haber una bancarrota provocada para que se reoriente el sistema que tenemos hacia una privatización y que la sanidad evolucione primero al copago, después a las compañías de seguros sanitarios privadas para alcanzar el modelo de sanidad de este poderosa nación cuyos grandes beneficiarios son los centros sanitarios, las aseguradoras, la industria farmacéutica y los profesionales de la medicina.
    ¡Americanos, os regalo vuestro país! No me interesa ya ni viajar por placer a vuestras tierras, no quiero verme desahuciado por no poder depositar en la cuenta del hospital una fianza que luego ningún seguro de aquí la cubriría. No puedo asumir el riesgo de una factura del sueldo de un año por tres días de hospital sin cirugía siquiera, aunque después pueda ser posible negociar el precio como si de chalaneo de una bestia se tratara.

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  3. Víctor, si me permites, perfecto todo el artículo menos las últimas líneas. Tu dices: "es demasiado fácil confundir el uso con el abuso" responsabilizando a las personas usuarias de que continuemos teniendo un sistema público y de calidad como el de ahora. No hay que confundir responsabilidades ni hacer un mito de un "abuso" que no lo es, sino en muchos casos desorganización, desatención crónica, falta de instrucciones claras, etc., pero siempre del "otro" lado, no de las personas enfermas o que creen estarlo.

    Y las "cautivas de la avaricia" (o mejor, en su lenguaje, de "la maximización de beneficios" son las empresas, (mutuas, asegeuradoras, farmaindustria, hospitales y clínicas privadas) especialmente las que sacan y multiplican estos rendimientos sacando tajada de la sanidad pública para privatizarla en su único y privado beneficio. Un saludo,
    àngels

    La salud no es un lujo elegible. Dejarla en manos del mercado, sin competencia pública, convierte a las personas en víctimas cautivas de la avaricia.

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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