jueves, 10 de junio de 2010

VALORES

LA VERDAD 10-06-2010.


“La decencia es la manifestación estética de la ética”

Llegó junio y, con él, los últimos días para “la declaración contra la renta”. Dos datos llamativos y que invitan a la reflexión son que sólo un 3% de contribuyentes declaran ganar más de 60.000 €; algo así como que tres de cada cuatro empresarios y profesionales se declaren mileuristas. Si algunos en vez de recibir dinero negro en sobres blancos hicieran lo contrario, recibir dinero blanco aunque fuera en sobres negros, habría menos necesitados.

¿Que no se ve? Le doy otra oportunidad: ¿Quieres factura o te lo cobro sin IVA? ¿Qué valor ponemos en la escritura?...”La respuesta está en el aire” dijo alguna vez Bob Dylan.

Por otro lado, nuestras instituciones, empobrecidas, se tambalean: la corrupción política, la politización de la justicia… ¿Queda alguna institución a salvo? Sí, la Iglesia. El cardenal Bertone ha aclarado que "No hay relación entre celibato y pederastia, pero muchos psiquiatras han demostrado que hay relación entre homosexualidad y pederastia" ¡Ah, bueno! Que no se han tapado los abusos sexuales de una minoría de religiosos célibes sino de homosexuales ¡Podían haberlo dicho antes! porque, según las mismas fuentes, esta enfermedad tiene cura (con perdón).

Sí, monstruosidades convertidas en espectáculo en el que los monstruos no se esconden, sino que miran a la cámara fijamente, como si fueran actores de la vida y, toda la hipocresía o la zafiedad, no constituyeran sino exigencias del guión.

Y el espectador enganchado a la espera de otra nueva entrega, real o imaginaria, pero siempre en un escalón más alto, más vulgar, más horrible.

La incapacidad para dejar de mirar, evidencia una compulsiva necesidad de llenar el vacío.

Cada vez más personas dejan de tener interés por sintonizar el canal de su propia vida. Y ese desinterés dificulta el amor, impide la solidaridad, entierra los valores.

Esa es la palabra: “Valores”; el concepto ambiguo que gustan pronunciar los detentadores de su definición y escala cada vez que su rígido esquema se quiebra. “Eternos”, “patrióticos”, “religiosos” son adjetivos con que suelen acompañar la exposición de su propia limitación.

Se están perdiendo. Tienen razón, en eso tienen razón, se están perdiendo. Pero son incapaces de entender el motivo, porque para ellos “valores” han sido siempre “intereses”. No comprenden que sus grandes conceptos no entrañan valor alguno en sí mismos.

“Patria” sirve para justificar muertes inútiles en atentados o en guerras. “Religión” son Teresas tanto como Torquemadas o Bin Laden. “Eterno” es algo tan breve como la nimia existencia de cada uno de nosotros y, casi siempre, menos.

No son, pues, estos conceptos los que definen la facultad de los seres humanos para superar su es­trecha dimensión. Sin la “capacidad de ponerse en lugar del otro” no sirven de nada. Esta facultad es lo que ha moldeado a mis héroes, casi siempre desarmados.

Cada uno con su religión o sin ninguna, cada uno con su patria o sin ninguna, limitados a su propia existencia, han sido capaces de ponerse en lugar del otro. Es decir, capaces de sufrir con su injusticia, con su hambre; perdonando sus errores como a noso­tros mismos, tolerando sus diferencias.

Pero es cierto que se están perdiendo. Lo extraño es la extrañeza. Lo incomprensible es que quienes promueven su desaparición se alar­men de su propia obra. Quizá no la reconozcan, no puedan entender que, en su modelo de sociedad, está el fundamento de la ineptitud para ponerse en el lugar del otro: incapaces de ver que son precisamente sus “valores” los que impiden los “valores”.

Individualismo, competitividad exacerbada, son los pilares de un sistema que incapacita a los seres humanos para “ponerse en el lugar de otro”.

El vacío de esa ausencia se llena de ciudadanos que hormiguean haciendo ostentación de su propia indecencia, de políticos que abandonan a sus ciudadanos, de especuladores que secuestran gobiernos… Y todos ellos lo hacen incapa­citados de ser algo más que “sus” propias ideas, “sus” ambiciones, “sus” angustias, “sus” justificaciones.

Los demás asistimos a este “espectáculo” sin una mueca, sin un gesto de dolor, incapaces de ponernos en otro lugar que no sea el que ocupamos en el centro del universo.

Un buen ejemplo: la insuficiencia ético-política en la gestión de la crisis en España. No es atribuible en exclusividad a una ciudadanía ausente, indolente,… sin valores ni valor. Ni a la labilidad de un gobierno desigual y desligado, confiado hasta la extenuación e incapaz de reparar errores que restan futuro. Ni a la malquerencia de una oposición irresponsable y ventajista, más pendiente de “sus” intereses electorales que de “los” intereses ¿Entonces? De aquellos ciudadanos, estos líderes. Todos somos responsables de todos.

Mañana es muy probable que alguien rompa un cristal, o queme una papelera o....Y puede que sea el hijo de uno de esos millones de personas desposeídas de su dignidad. Gritarán que se están perdiendo los valores. Y tendrán razón.

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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