jueves, 27 de mayo de 2010

EMPLEO PÚBLICO Y SERVICIOS PÚBLICOS



Y el público… ¿Que piensa?


LA VERDAD 27-05-2010. VICTOR MESEGUER


El tema no es el 5% sino que, de momento, los funcionarios conservamos el 95% del salario y un empleo por vida ¿Cómo les va al resto? En el sector privado llevan dos años de ajuste por la vía de destrucción de empleo. En materia de ajustes no hay color entre unos y otros.

A los funcionarios cada vez se nos hace más difícil defender nuestra posición ante argumentos de ineficacia, opacidad y despilfarro. Argumentos más extendidos y agresivos, hasta el punto de sentir como a nuestro alrededor se va abriendo una enorme brecha que, sobrepasando lo dialéctico, se ha trasladado a las mismas vísceras sociales y nos señala como un islote: egoísta, insolidario, inútil.

Generalizar suele conducir a error. Es injusto con muchos empleados públicos pero también es verdad que muchas veces las cosas son lo que parecen.

Nuestros dirigentes sindicales manifiestan que “la huelga del 8-J es una respuesta firme, contundente y unitaria" ante las medidas anunciadas por ZP porque "son una clara agresión a […] los servicios y administraciones públicas y al conjunto del personal que trabaja en ellas". Ligar interesadamente instrumentos y objetivos no es de recibo. Todo el mundo sabe que los intereses corporativos son un cosa y los servicios públicos otra.

En esta línea, quiero abrir una discusión planteando, desde el honrado y científico ejercicio de la duda metódica, algunas consideraciones.

1ª Duda: ¿Son necesarios los servicios públicos?

Para el club de especuladores que viven de las suculentas rentas que les genera la crisis financiera (crisis que, por cierto, previamente han fabricado) evidentemente no, incluso estaría por afirmar que en su opinión ahora sobran hasta las cárceles. Para el resto, está claro que los servicios públicos constituyen un elemento de redistribución e integración en una ciudadanía plena y, por lo tanto, de máximo interés para todos.

¿Prefiere Vd. otra versión? Según Keynes, la Agenda del Estado más importante no se refiere a aquellas actividades que los individuos privados ya están desarrollando, sino a aquellas funciones que caen fuera de la esfera del individuo, aquellas decisiones que nadie toma si el Estado no lo hace. Agenda que debería contemplar la incorporación de burócratas con demostrada capacidad e independencia que custodien la ley, mantengan a raya al mercado, eviten la confusión entre el interés público y el privado… ¿Hay alguien de vacaciones?


2ª Duda: Si la necesidad de los servicios públicos es tan evidente, ¿Por qué los funcionarios nos encontramos en el ojo del huracán, señalados por el dedo de gran parte de la sociedad?


En ningún momento puedo admitir como respuesta una sociedad insolidaria; probablemente lo que se plantee no es ya la existencia de unos servicios públicos, sino la falta de calidad y elevado coste de los mismos. Lo que en muchos casos se rechaza, reconozcámoslo, es su prestación a través de medios públicos, que se identifica con opacidad, ineficiencia e inmunidad laboral (¿es estrictamente necesaria la condición de que no se pueda despedir a nadie aunque sea un parásito del sistema?)

Creo por ello que es el momento de plantearnos honradamente el por qué de ese rechazo al instrumento (trabajo público), no al objetivo (servicio público). Para ello tenemos que incorporar definitivamente y discutir sobre conceptos como Economía, Eficacia, Eficiencia, en los modos de los Servicios Públicos. Evidentemente estas "3 E" no pueden trasladarse directamente a los objetivos de dichos servicios, ya que deben matizarse con criterios sociales, culturales, políticos, de justicia social en definitiva.

La supervivencia de lo público, como instrumento, ante lo privado, no constituye un objetivo de la sociedad y, por tanto, difícilmente se va a producir escondiendo la cabeza bajo el ala: debemos demostrar que somos eficaces, es decir, que cumplimos aquellos objetivos sociales, políticos, que la sociedad demanda; que somos eficientes, porque lo hacemos sin que al ciudadano se le grave con impuestos excesivos.

¿Oiga, hay alguien ahí? ¿Quién esta a cargo de esta empresa? Sí, unos políticos que, excesivamente pendientes de los ciclos electorales, prefieren evitar marrones antes que cambiar el modelo, el sistema de trabajo de unas personas, unos profesionales, que en un alto porcentaje son los primeros interesados en hacer bien su trabajo.

Hablemos, en definitiva, de introducir en el sistema la productividad, aún a riesgo de destapar agravios aún mayores que la creativa propuesta de convertir a los funcionarios en inversores -sin titulo- en deuda pública. Por ejemplo, igual salario a desigual aportación de esfuerzo y talento: esta si que es la madre de todos los agravios.

Es absurdo por ello negar la incorporación de elementos de la gestión privada en la medida en que faciliten el cumplimiento de objetivos.

Que si hombre, que sí, que no pueden ser trasladados directamente todos los instrumentos de gestión privada, dado que lo público debe regularse también garantizando conceptos como "objetividad", y "transparencia", pero compartirá Vd. conmigo que entre el blanco y el negro hay muchos grises.

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