domingo, 11 de abril de 2010

MARRUECOS...TAN LEJOS Y TAN CERCA



Crónicas de un viaje a Marruecos

DIARIO LA VERDAD 08-04-2010

Nada más llegar se respira un olor a incienso embriagador que difumina el resplandor de un mar de farolillos de gas y los mil y un aromas de Marrakech. La plaza Djemma El-Fná, además de puestos de comida y vendedores de zumo de naranja, ofrece un infinito número de actividades: escritores de cartas, danzarines, videntes, encantadores de serpientes, dentistas, cuentistas, aguadores, músicos... Tras abandonar la gran plaza, te adentras en el caótico laberinto urbano de la medina, conformado por el zoco y un enjambre de callejuelas oscuras y polvorientas que te conducen a tu Riad, a través de un recorrido donde pululan una marabunta de funambulitas, que a bordo de sus scooters, sortean peligrosamente a la muchedumbre que empantana cada rincón. La sensación de que todo se desarrolla al límite de sus posibilidades, sobre el filo de una cuerda muy floja, impacta en tu retina, a la vez que los protagonistas de este desorden controlado te repiten, una y otra vez: “Amigo, la prisa mata”. Pero, más allá de donde el visitante suele mirar, hay otra vida, otra realidad.

Marruecos es un país con luces y sombras. Liberalizado en el plano económico y en el cultural, pero con una democracia tutelada. Cabe destacar notables esfuerzos de inversión en infraestructuras económicas y sociales, acometidos en los últimos años, aunque también tienen en su haber, un déficit en derechos civiles y libertades públicas, así como en políticas de educación y en la lucha activa para la erradicación de la pobreza. Pese a los avances, tampoco podemos olvidarnos del trato discriminatorio que reciben todavía algunas minorías nacionales, la comunidad homosexual o las mujeres. Por último, un fundamentalismo contenido pero latente completa su paisaje político y social.

No obstante, si Marruecos compitiera en igualdad de oportunidades con España o, por ejemplo, con la estructura productiva de nuestra comunidad, descubriríamos en nuestro vecino de abajo un serio rival.

Muchos empresarios de nuestro país y, especialmente, de nuestra Región fueron los pioneros en descubrir el enorme potencial agrícola y pecuario de Marruecos: agua muy abundante en algunas zonas, tierras fértiles, mucho sol y unos costes salariales contra los que no se puede competir, a no ser que se incorpore un altísimo valor tecnológico y de diferenciación de la oferta.

La riqueza pesquera de sus aguas es sobradamente conocida por nuestros armadores. No obstante, el turismo es el mayor caladero sin explotar de su economía. “Observa, observa, obsérvale. Fíjate, cuídale y luego ya veremos” le dice él, un Tuareg veterano al joven aprendiz de guía. El gobierno de Mohamed VI ha puesto en marcha un ambicioso plan turístico que pretende que diez millones de turistas visiten este año su país. Todos los datos apuntan a que muy pronto hablaremos de un objetivo alcanzado, ya que el año pasado la cifra superó los siete millones de visitantes. Los paquetes turísticos son muy variados: desde Marrakech a Fez pasando antes por Casablanca, Rabat y Meknes, que completan el recorrido por las ciudades imperiales; partiendo de Ourzazate para alcanzar las doradas dunas de Merzouga, después de recorrer un camino donde se puede disfrutar de la belleza de las gargantas del Togdha, el Dades... Para no extenderme, sólo una referencia a otras alternativas que van desde el turismo de montaña (bajo la mirada atenta de las nevadas cumbres del Atlas) al de sol y playa que complementa y refuerza su oferta turística.

Junto al gran potencial emergente de la industria turística, comparten espacio las industrias productoras de fosfatos, la textil, la agroalimentaria, la siderúrgica, la automovilística, la aeronáutica y la electrónica.

Por último, a esta pincelada económica hay que añadir un dato más a tener en cuenta: más del 30% de la población tiene menos de 15 años.

En el desierto, desde lo más alto de la gran duna de Merzouga, ningún árbol te impide ver la realidad: Marruecos es un país emergente que, día a día, reduce las distancias con nuestro mundo pese a las barreras que frenan su despegue. Una labor que depende, en primer lugar, de los propios marroquíes pero, también, de los que ponen trabas al libre comercio aún a riesgo de que la globalización suponga una reacción de radical defensa de su propia identidad.

Son estas y muchas más las razones por las que uno no puede evitar pensar que, o nos anticipamos al futuro, o el futuro nos arrasará como un tsunami cruel por duradero, porque, como afirma, Xavier Sala i Martín –profesor de la Universidad de Columbia y directivo del Barça- un dilema condiciona el futuro de nuestra economía: o hacemos cosas diferentes y mejor o bajamos los salarios (directos e indirectos). Yo, por pedir, me pido la primera.

Al regresar al aeropuerto de Marrakech, donde igual que miles de turistas españoles me dispongo a consumir la hora y media que me separa de España, Adil –mi nuevo amigo del desierto- se despide colmando mi equipaje…”Amigo, vosotros tenéis el reloj pero nosotros disponemos del tiempo”

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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