sábado, 17 de abril de 2010

LOR REHILOS DE LA CARCEL



(A propósito del Centro de Inserción Social “Guillermo Miranda”)
LA VERDAD 15-04-2010

El día antes fue un poco fulerillo, de esos de los que no se puede esperar nada bueno, pero aquel miércoles se respiraba cierta tristeza bajo un sol de ley y una brisa leve, que removía los recuerdos. Al otro lado de la calle, José María, un veterano funcionario a pie de piel, que pese a querer no pudo asistir porque nadie le invitó, paseaba por las calles de la prisión de Sangonera. Su amigo no le acompañaba, pero, como siempre, le escoltaba su experiencia (acumulada tras muchos años de rozarse la vida) sin que ésta le hubiera robado la mejor de sus sonrisas.

El funcionario de a pie nunca acabó de entender eso del “tratamiento penitenciario” porque, en la mayoría de los casos, no hay nada que tratar si por ello se entiende decidir sobre vidas ajenas en función de exprimir los papeles de la sentencia, sin las garantías que dieron lugar a la misma. Tampoco ayuda la confianza en demasía en aquello del “sistema dinámico motivacional” y no se sabe cuántas cosas más. Sus ojos sólo ven personas que han tomado una decisión bajo los efectos de inhibidores o paliativos de la libertad y, en otros casos, por la simple y llana voluntad, libremente conformada, ante las opciones que les da la vida que les tocó en suerte. Estas posibilidades de elección no son las mismas para todos los que deciden delinquir (y las consecuencias tampoco) pero de eso ni el telediario ni la ley dicen nada.

En el reloj de la cárcel suele haber más tedio que tiempo y son los funcionarios de prisiones, como él, los que rompen la inanidad. Ellos son los encargados de abrir las puertas a la igualdad de oportunidades para la reinserción social, promoviendo los hábitos y las competencias más básicas como el aseo personal, la higiene y otras habilidades relacionadas con la salubridad; posibilitando el buen desarrollo de prestaciones penitenciarias como la educación, la formación profesional, el trabajo… Facilitando la participación en actividades culturales y deportivas; fomentando el sentido de la disciplina, la responsabilidad… del compromiso personal. Además, vigilan que las decisiones de la Justicia y, alguna que otra vez, la de quienes la sonrojan o, directamente la violan, no acarreen ningún efecto secundario a los internos. Custodian el orden en un espacio donde lo suyo es maquinar para la violencia, para garantizar su seguridad e integridad, evitando que nadie se pasee por su intimidad, organizando los servicios más imprescindibles (limpieza, alimentación, asistencia médica, comunicaciones con sus allegados y abogados…).
Como es muy difícil preparar para la libertad en un medio de privación de la misma, el nuevo Centro de Inserción Social ofrecerá a los penados que se encuentren en la última fase de su condena y que acrediten determinados requisitos para vivir y convivir en condiciones de semilibertad, un nuevo espacio donde la formación para el empleo y la búsqueda activa de trabajo se conviertan en uno de los instrumentos más útiles para la inserción social activa.
El CIS asumirá la modalidad de cumplimiento a través de medios telemáticos. Son modernos dispositivos de control, como pulseras colocadas en la muñeca o en el tobillo que facilitan el cumplimiento de la condena evitando el desarraigo laboral y familiar. También gestionará los arrestos de fin de semana para delitos menos graves y faltas. Además, coordinará la ejecución de penas privativas de derechos (la mayoría por conducir sin carné o con exceso de alcohol), fomentado el desarrollo de convenios con administraciones públicas y organizaciones no lucrativas para el cumplimiento de los trabajos en beneficio de la comunidad. Por último, se encargará del seguimiento de los liberados condicionales.

Sigue quedando pendiente un mayor compromiso e implicación del Gobierno regional y de los ayuntamientos, que no deberían olvidar que la prisión no es un punto de llegada sino un alto en el camino, con billete de vuelta al lugar de partida. Porque ellos son sus vecinos de ayer y los de mañana.

Resuenan unos acordes sentidos. Allí estaban casi todos y también D. Fernando Berberena que dio un suelo al centro. Se inaugura el nuevo Centro de Inserción Social que lleva el nombre de Guillermo Miranda. Un grupo de funcionarios desgranan una de sus melodías favoritas (Carros de Fuego) mientras que unos versos salidos de las tripas de su amiga del alma golpean, uno a uno y más, allí donde el dolor no tiene remedio. Mercedes, “La Jefa”, henchida de dignidad, evidenciando que en política si hay diferencias, grandes diferencias, le pone voz a las últimas palabras que el común amigo ausente le regaló… “A pesar de las barbaridades que hagan otros contigo, que seas feliz por lo que tu hagas”

En el nombre de sus chicas y en el de todos, gracias por lo dicho y por lo hecho. Guillermo siempre pensó que la privación de libertad no puede ser la única respuesta del Código Penal.

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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