jueves, 29 de octubre de 2009

NO ME GUSTA COMO CAZA LA PERRITA



VICTOR MESEGUER/DIARIO LA VERDAD/ 29.10.2009
(…porque aunque la mona se vista de seda, mona se queda)


Octavio Paz decía que, “probablemente el marxismo no haya sido la respuesta adecuada, pero las preguntas continúan ahí”. Yo disiento. A la vista de lo visto no puedo escapar al recuerdo de aquella escena donde Groucho Marx, nariz contra cristal, le comentaba a su hermano -que se hallaba en idéntica posición- “…en el edificio de ahí enfrente hay un tesoro”. A lo que éste le respondió “pero… ¡si no hay ningún edificio!”. Tras unos segundos, Groucho remató: ¡Pues que lo construyan!

Esta claro que cada día son más a los que el paso del tiempo no les enseña nada. Todavía no hemos reparado en los errores del pasado-presente y ya le estamos echando cuentas al futuro.

Unos cuantos empresarios a los que echarle la culpa (con razón y sin ella) mientras los verdaderos responsables se van de rositas: una banca y unos reguladores (gobiernos)… ¡i-res-pon-sa-bles!

El papel de los bancos en la crisis es sobradamente conocido. Se trata sin duda de "papel higiénico": son los primeros que se han descubierto llenos de mierda (fueron ellos quienes prestaban a quienes no podían devolver y los instigadores de todo el boom inmobiliario... y, claro, si es "boom" tiene que estallar.) Eso sí, no olvidemos que el papel higiénico sirve para limpiar, y es lo que han hecho los Gobiernos: invertir en papel higiénico (traducción simultánea: dar pasta a los bancos) para limpiar lo que les salpicaba del chorreo de la crisis. Perdón, ¿he dicho limpiar?; quería decir "cambiar la mierda de sitio". Y es que la porquería, como la energía, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. La única forma de acabar con ella es acabar con lo que la genera: el modelo económico.

Según el Perich, la religión sirve para solucionar los problemas que no existirían sin la religión. Hagamos el ejercicio de cambiar "religión" por "banca"... Aunque quizá ambas se parezcan bastante: anda que no hay que tener fe para creer que alguna vez terminarás de pagar una hipoteca; lo de la Santísima Trinidad se queda en ná. ¡Ojo! que con todo esto no pretendo escribir una invectiva demagógica contra los bancos. No podría: podemos comer gracias a ellos. Mi sobrino, concretamente, gracias a la cubertería de acero inoxidable (hasta que se oxida) que le regalaron por la hipoteca que se llevará el 40% de su sueldo durante los próximos 50 años.

Como diría “El Roto” ¡La operación ha sido un éxito: Hemos conseguido que parezca crisis lo que fue un saqueo! Ya saben, vivimos en la Sociedad-Espectáculo donde lo único que importa es lo que las cosas parecen y no lo que realmente son.

Mientras tanto, la mayoría de los gobiernos del mundo mundial recuperaban del fondo de armario, el viejo modelo de los neocon que sigue defendiendo que las leyes del mercado y que la maximización de la búsqueda del beneficio optimiza, por sí sola, la contribución de la empresa a la sociedad y minimiza los impactos negativos derivados de su actividad. A la vista queda.

Un poco de por favor…Stop. Como me suele decir Rosalinda cuando viajamos… recalculando, recalculando, a cincuenta metros gire a la izquierda. ¿Cómo? Necesitamos que la mano visible de los gobiernos redefina las reglas del juego y reinvente la política. Es evidente que el ser humano no puede seguir jugando con unas reglas que imponen unos pocos. Devorándonos unos a otros en una esquizofrénica partida de parchís, sin darnos cuenta que, el único beneficiario, es el que nos cobra por utilizar el tablero.
La solución pasa por nuevas políticas económicas y el cambio de modelo productivo. Hay que acometer reformas estructurales como la redefinición de la función pública, con el objeto de que el empleo público no suponga una restricción para la modernización de las administraciones públicas.

Hay que revisar del modelo de mercado de trabajo, de los sistemas de educación y desarrollo personal y la distribución social de rentas inmateriales. También hay que retomar el impulso de los derechos sociales como única vía para la igualdad real de derechos y oportunidades (el general Franco decía que la mejor política social es elegir bien la familia en la que uno nace); la superación de la brecha industrial de España (nos separan 15 puntos de PIB industrial de los países más avanzados de Europa); el desarrollo de un nuevo régimen fiscal que rescate la idea de proporcionalidad/redistribución e impida el fraude (con la actual subida de impuestos se pretenden recaudar 15.000 millones de euros y nuestro fraude fiscal se aproxima a los 90.000 millones de euros); el fomento de la economía intensiva en conocimiento; la regulación de los flujos internacionales de capital y de un nuevo modelo financiero y económico. Desgranaré estás y otras propuestas en próximas entregas.

Víctor Meseguer
http://dotraforma.blogspot.com

jueves, 15 de octubre de 2009

¡CUERPO A TIERRA QUE VIENEN LOS MIOS!



LA VERDAD 15.10.2009 - VÍCTOR MESEGUER

LOS COSTES DE LA ESTUPIDEZ
La erosionada reputación de nuestras instituciones alcanza niveles mayores allí donde gobierna el Partido Popular. El caso Gürtel ha hecho visibles las correas de transmisión de la mano invisible que mece la cuna en los aledaños del poder y en el mismo epicentro del poder. Como diría Rajoy... ¡Cuerpo a tierra que vienen los míos!
Son las consecuencias de la irresponsabilidad. Los expertos vaticinan que, tras la crisis, necesitaremos un nuevo modelo productivo pero, a mi entender, ética y regeneración democrática deben compartir las prioridades en la agenda. La democracia puede morir por falta de vida o, lo que es lo mismo, porque entre todos la matamos y ella sola se murió.
Para solucionar un problema no podemos aplicar la misma lógica que lo ha creado. La identificación de los delincuentes es nuestro compromiso con la ley, pero no constituye en sí misma una salida a la lamentable situación higiénica de nuestras instituciones. El cambio pasa por la corresponsabilidad de todos en la defensa de la decencia en la vida política, económica y social.
Urge devolver la política a los ciudadanos. Porque aunque algunos confían en que el destino lo decide Dios o una instancia superior, en una sociedad como la nuestra, los que decidimos de verdad somos los ciudadanos, si nos dejan ejercer como tales y, a veces, incluso porque no nos dejan.
Ante la ausencia de un cuarto poder (no me refiero a la prensa sino al poder de los ciudadanos), los responsables de la irresponsabilidad, parapetados y apestillados en la máquina de condicionar voluntades, que da el ejercicio del poder, se dedican a desacreditar y/o amedrentar cualquier voz crítica, promoviendo la cultura del chantaje a propios y ajenos, la del desprecio, las medias verdades o verdades interesadas... Son los costes de la estupidez.
A estas alturas del cuento ni tan siquiera nos puede sorprender el creciente envilecimiento del debate político. Cuando los jefes se pelean... y se pelean, arriba se lanzan insultos; abajo, los indios, no más oyen, ven y luego... ¡se matan!
Algunos, intentando emular o superar las lindezas que se cruzan sus jefes de fila sacan del fondo del armario el más destructivo de los discursos: el discurso de la mentira, del insulto generalizado, de los juicios de valor gratuitos,...
Este tipo de discursos se sabe cuándo empiezan pero no cómo y dónde acaban; crecen y se desarrollan tras el cobarde discurso del anonimato y «el calumnia que algo queda». Una política de tierra quemada donde pueden acabar pagando justos por pecadores.
Por todas estas razones y alguna más que dejo en el tintero, no entiendo la imagen de un Rajoy a la defensiva. Debería aprender del pasado y situarse en la vanguardia del cambio. Aunque sólo fuera en defensa de la honorabilidad de la inmensa mayoría de los militantes del PP -que estoy seguro- repudian la corrupción.
No obstante, no seré yo el que utilice la corrupción como arma arrojadiza contra el PP (bastante tienen los pobreticos defendiéndose del fuego amigo) estando como estoy convencido de que vivimos una crisis de valores que, en mayor o menor medida, va penetrando en el tejido social sin distinción de colores ni clases. No nos engañemos. La diferencia la marca el poder en sus distintas dimensiones/manifestaciones y la probidad moral o su carencia de quienes lo ejercen.
Este país necesita un poder que controle al poder de las instituciones y de los partidos políticos. Necesita de la corresponsabilidad de todos, de un cambio orientado a alcanzar una vida democrática más plena, donde sea posible contar permanentemente con el compromiso responsable, la participación y la movilización de la ciudadanía. Esta implicación, en los últimos años ha tendido a debilitarse, con el riesgo que comporta para las libertades y las instituciones. Es imprescindible, pues, un nuevo impulso democrático que haga ver el papel decisivo que en la política tienen los ciudadanos.
Para avanzar en esta dirección es necesario, en primer lugar, que las instituciones sean percibidas como patrimonio de todos y no como instrumentos de una sola voz, monopolizados por la fuerza política que las gobierna. Por eso, las instituciones y las administraciones deben ser más abiertas y más cercanas a los ciudadanos. Solamente de esta manera, podrán responder con flexibilidad y celeridad a sus demandas. Y solamente así, serán, a la vez, controlables y transparentes.
Además, las instituciones representativas y las organizaciones políticas no agotan la expresión de la participación ciudadana en la vida pública. La política se hace hoy de muchas maneras y en muchos ámbitos -asociativos, profesionales, culturales y laborales-, y no únicamente por la vía de los partidos y de las instituciones. Estos tienen una función fundamental e insustituible. Pero deben ser complementados con movimientos y asociaciones ciudadanas, como parte de la red social que asegura la participación política permanente, amplía y desde la base.

jueves, 1 de octubre de 2009

VOLVER AL FUTURO


LA VERDAD 01.10.2009

Pedro López es el nuevo secretario general de los socialistas de la ciudad de Murcia. Lo decidimos por arrolladora mayoría los socialistas en la asamblea municipal celebrada el pasado sábado. ¿Para qué? Para promover una nueva ciudadanía responsable que dé respuestas a las preguntas del tiempo y el espacio que nos ha tocado vivir.
Pero dar respuestas al ciudadano que camina junto a nosotros no es sólo aspirar a gobernarle. Como tampoco será nuestra victoria el silencio que espera la derrota del contrario por desgaste. Porque el socialismo no es sólo una opción de alternancia, de la que se pueda esperar una mejor gestión, o la alternativa menos mala ante un inevitable hartazgo de los rostros y formas de la derecha. Siempre he defendido que no se trata únicamente de hacer mejor las cosas, sino de hacer cosas diferentes.
Debemos recuperar para ello la capacidad de comunicarnos con el ciudadano; de escucharle en primer lugar, pero también de explicarnos. Aprender de sus angustias, de sus necesidades; trasladarles nuestros proyectos, nuestra ilusión. Hacer confluir su hambre de pan y la nuestra de horizontes.
No son silencios lo que nos piden, sino la palabra como arma cargada de futuro, para dar esperanza y convencer al ciudadano de que no debe renunciar a ser el actor y el objeto de mañana.
Palabras camino del trabajo, hablando de lo que nos preocupa, explicando por qué el agua no es patrimonio de nadie y lo es de todos; de por qué debemos regular cualquier intervención que modifique su naturaleza con el fin de respetar y garantizar escrupulosamente el futuro de nuestros hijos.
Respeto al medio ambiente y solidaridad, en el vino y en el agua, se gobierne o se esté en la oposición. Todos ellos son elementos irrenunciables de la marca socialista y ninguna estrategia debe alejarnos de nuestras señas de identidad. Para que la sociedad confíe en nosotros debemos ser absolutamente respetuosos y coherentes con lo que afirmamos representar.
Los socialistas siempre hemos abanderado el reparto del agua excedentaria. Pero dicho reparto en ningún modo debiera superar lo que puede suponer de aportación a un crecimiento sostenible. Respeto al medio ambiente es un signo irrenunciable de la izquierda.
A los otros se les va el agua por la boca a la vez que secan el vientre de nuestra tierra como consecuencia de su incapacidad para apostar por un desarrollo sostenible: «Aquél capaz de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer el derecho de las generaciones futuras de satisfacer las suyas propias».
Su ignorancia como contrapartida del beneficio inmediato traslada un coste insostenible a medio plazo. La crisis económica es el legado de los neocon cuyas recetas nos quiere seguir aplicando el Partido Popular. ¡Qué disparate!
Palabras a pie de obra para explicar que el mundo necesariamente no tiene por qué dividirse en vencedores y excluidos, que no existe un único modelo, por lo que las leyes de la lógica del crecimiento no tienen porqué profundizar en la separación entre países pobres y ricos; y, dentro de estos, en sociedades injustamente estratificadas. Hay que evidenciar que el socialismo, esté en el Gobierno o en la oposición, tiene un modelo de crecimiento no excluyente.
Escuchar a pie de obra las angustias de quienes se ven obligados a trabajar doce horas cobrando sólo seis, a quienes llevan ya tres contratos en lo que va de año y a los que saben que lo terminarán sin ninguno. Escuchar y comprometerse con ellos ahora en la oposición y, por descontado, cuando se gobierne.
Palabras al volver a casa, mientras agotados esperamos un autobús que nunca llega, porque el transporte público no interesa al mercado al no ser que pase por una Universidad Católica.
Palabras que hagan ver de forma clara a nuestro vecino que quien le arroja del mercado no es ese hombre que llegó en patera, sino quien le explota porque sin papeles está indefenso.
Palabras cuando se ha hecho de noche, y ya cansados de esperar ese transporte que nunca llega, caminamos por calles mal alumbradas; palabras para hacer comprender que la izquierda quiere velar por la seguridad, porque las primeras víctimas de su ausencia son siempre los pobres.
Reconciliarnos con nuestro pasado, avenirnos en el presente y, sobre todo, dedicarnos a juntar ciudadanos para promover un programa por el cambio en la ciudad de Murcia es la mejor de las formas del volver al futuro.
Sí, nosotros podemos. Porque a Pedro, más que las palabras, le definen sus hechos. Pedro es un ejemplo de ciudadanía responsable, defensor de un futuro en el que el ser humano sea el objeto y el fin de la acción política.
Victor Meseguer
http://dotraforma.blogspot.com/

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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