miércoles, 29 de julio de 2009

EL DESDIALOGO SOCIAL

















(…crónica de un desencuentro anunciado)

Los empresarios de este país andan enjugascados en el proceso de dialogo social y, como nadie lo impida, nuestras cabezas corren el peligro de convertirse en improvisadas pelotas. El presidente de la patronal, sólo o en compañía de otros –yo me inclino por lo segundo-, busca la deslegitimación del diálogo social. Ellos (y muchos más) perciben el diálogo social como un objeto en sí mismo, un espacio para ejercer el lobby económico y social. Y, puestos en harina, es lógico que les ponga más la bilateralidad e intimidad.

La propuesta de los empresarios, la descapitalización del sistema de Seguridad Social para rebajar de forma decisiva el coste laboral de las empresas y la descausalización del despido, junto con su abaratamiento, más que un fin es un instrumento.

Lo que más duele no es que la patronal haya decidido perpetrar este atentado contra los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos aprovechándose de la debilidad del gobierno y los sindicatos. Lo más hiriente, es que lo hayan hecho en un momento en el que los ciudadanos más nos merecemos una actitud socialmente responsable de los empresarios; un momento, donde la concertación social es el único camino viable para planificar el futuro, para hacer hoy las cosas que nos permitan un mañana donde el paso del tiempo haya servido para algo.

Como dice mi viejo amigo el maestro Valdés Cifuentes, la actual situación de crisis y algunos elementos de la realidad que no producen la crisis, pero condicionan la duración del ciclo, sus consecuencias económicas y sociales y las alternativas de salida, ponen de manifiesto diversas debilidades estructurales de nuestro sistema productivo y disfunciones de los sistemas de aprovisionamiento y distribución de capital, tecnología y stocks de capital humano, a las empresas. En su superación está el botín del futuro.

Y de botín a botón como de cojín a…Como muestra, un botón (o varios). Aunque a algunos, apoltronados en su sillón, les sude uno o los dos. Ahí van unos cuantos ejemplos…

Tenemos un mercado laboral raro, raro, raro. Hemos perdido un millón y medio de empleos en un año con un impacto mínimo sobre el PIB (un 3% en términos interanuales). Lo que yo te diga, un mercado laboral con una lógica invertida, pues incrementa su productividad cuando pierde empleo.

Cada día es más visible la crisis sistémica de nuestras estructuras de educación, formación y empleo. En nuestro país, uno de cada dos escolares no finaliza con éxito ni obtiene el certificado de estudios secundarios obligatorios; dos de cada tres acceden al mercado de trabajo sin ninguna cualificación profesional; casi uno de cada dos alcanza la madurez laboral con niveles de cualificación bajos o nulos y con experiencias de trabajo no transferibles a otros sectores y empresas; y el esfuerzo económico que representa la inversión pública en formación universitaria, se diluye en subempleos o empleos precarios, públicos y privados, raramente vinculados con los estudios realizados (excepto en carreras técnicas, tal vez), generando un retorno de inversión mínimo.

Mientras que la mitad de los ciudadanos de la UE habla, al menos, un idioma distinto a la lengua materna, con el que podrían mantener una conversación, los españoles nos situamos por debajo de esta media con un porcentaje del 36%.

En nuestro país se produce una falta histórica de vocaciones empresariales entre los ciudadanos con mayor nivel de cualificación y mejores redes sociales. Malo, malo, malo.

Durante ese precioso tiempo de futuro que hemos empezado a perder, veremos crecer la geografía de puntos negros que generan más accidentes, con resultado de muerte o consecuencias irreparables para la vida de los ciudadanos; accidentes, que, por cierto, no están en las carreteras. Puntos negros que se distribuyen, como un rosario de fracasos colectivos, a lo largo de la geografía española. Se hayan presentes en barrios y concentraciones humanas periurbanas, conformando un modelo imposible de convivencia. Crecen en el olvido, viven en silencio, subsisten al margen de las reglas que nos protegen al resto, mientras se alejan de cualquier futuro. Lejos de las miradas de la mayoría, reconstruirán inframundos que se reproducen de generación en generación, como una pesada herencia inelegible, cuyo legado es muy difícil de romper…Pero parece que no les importa.

¡Ay Gerardo! Patrón de patrones...No todo está dicho, no todo está escrito, no todo está inventado, no todo está pensado.... Que sí. Que los ciudadanos no somos el problema, somos la solución. Hasta incluso, Sr. Díaz Ferrán, para que los sindicatos recuperen tiempos mejores…

Víctor Meseguer
http://dotraforma.blogspot.com/
Publicado en LA VERDAD el 060809

sábado, 25 de julio de 2009

LOS PILARES DE LA CRISIS...

















(…al galope de la mano invisible que mece la cuna)Esta semana toca hablar del papel de las entidades financieras en la crisis económica. Antes de iniciar este artículo he consultado con mis abogados. Inmediatamente después de hacerlo me he dado cuenta de que no tengo abogados... pero aún así me han cobrado por la consulta... En ausencia, pues, de representantes legales, le cedo todos mis derechos, copyrights, TMs y pelusas del ombligo, que es lo más personal que se puede tener, a “especuladores sin fronteras”, una oenegé que apunta maneras.

Todo empezó en los tiempos de la banca “paisa barato”. La banca nunca pierde y las cajas siempre ganan. Los mismos que ahora se hacen los estrechos, hace muy poco, desplegaban su top manta de subproductos financieros a cambio de hipotecar la personalidad de una generación llamada a pagar nuestras pensiones. Dinero busca dinero y, en una aventura con red, las autotasadoras supervaloraban las garantías de sus aliados en la crisis e infravaloraban las garantías de los demás.

Dicen que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer y detrás de un gran especulador hay siempre… ¡Quieto parao! Supongo que hacer cualquier insinuación más aquí, podría convertirse en objeto de demanda... y no quiero que me demanden (aunque, bien mirado, si me enchironan me pilla más cerca el curro).

Aquellos vientos trajeron estas tempestades. Ahora, el gobierno, con el dinero fresco de los contribuyentes, garantiza el rescate de las entidades financieras y la captura de casi todos los demás por las susodichas para que paguemos sus deudas.

Dicho en romano paladín, bancos y cajas, utilizan los chorros de dinero que el Gobierno ha puesto a su disposición para rebajar su volumen de endeudamiento, compensar las pérdidas patrimoniales, refinanciar a aquellos clientes cuya caída arrastraría a la de la entidad (lo que más que como clientes les define como socios) o, peor aún, sanear la entidad con el dinero de todos para después venderla.

Los perdedores en esta crisis, a los hechos me remito, son las empresas de la economía real (que dejan de tener liquidez para operar), además de los ciudadanos (que dejan de obtener créditos para el consumo). Las consecuencias: menos ventas, menos inversión, pérdidas, despidos…Sin contar la sangría de empleos que va a costar la reestructuración del sistema financiero, para entendernos, las fusiones de cajas.

“Las peores consecuencias de una crisis no devienen de la crisis en sí, sino de sus respuestas” dice el gobernador del desgobierno. ¡Qué razón tienes, Mari! (Como diría un chupamedias). Proponen para salir de la crisis todo tipo de reformas: laborales, sociales... (Despido libre, retraso de la edad de jubilación, pérdidas salariales…) pero en el fondo no se reforma lo que ha creado la crisis: el modelo financiero. ¿Dónde están las iniciativas para reformar las entidades financieras "de verdad"?; No digo reforzar el control sobre las entidades, sino cambiar el modelo.

En la última conferencia del SOS, Michael Onfray, sacaba igualmente el tema y formulaba, por qué se mantiene el modelo de banco que tiene al mismo como eje central, y no al ciudadano; esto es: Por qué se prima al que tiene dinero y no al que no lo tiene, que es quien lo necesita.

Un debate éste, del que no se deben ni pueden escapar las cajas de ahorro, teóricamente desprovistas de la avaricia capitalista. Pero controladas, versus utilizadas, por nuestros políticos (por cierto, cada día son más las voces partidarias de sacar a los políticos de los consejos de las cajas), que no tienen accionistas ni deben repartir dividendos. Y es que las cajas de ahorro deberían estar obligadas exclusivamente a dedicar la totalidad de sus excedentes a reservas y a la obra social.

La realidad evidencia el alejamiento de las cajas de ahorro de sus fines fundacionales. Las consecuencias: el disloque de los índices de la morosidad y cobertura como resultado de su incursión en aventuras impropias (no sería honesto conmigo mismo si no dijera que la entidad líder regional Cajamurcia, en cuanto a estos indicadores, es una excepción envidiable y envidada).

La solución no pasa por privatizar las cajas y tampoco por generar un oligopolio. Quizá hablar de la nacionalización de la banca da miedito... y si un señor de derechas ha leído esto, ya se habrá encerrado en su cuarto colocando la cómoda por trinchera. ¡Vale, vale! No obstante, los perdedores debemos evitar que vuelvan a las andadas, ¿no? Pero igual, como decía La Trinca, “ni somos tantos ni es para tanto”.


Víctor Meseguer

PUBLICADO EN EL DIARIO "LA VERDAD" 25.07.2009

miércoles, 22 de julio de 2009

EL PAPEL DE LOS BANCOS EN LA CRISIS I


















Se trata sin duda de "papel higiénico": son los primeros que se han descubierto llenos de mierda (fueron ellos quienes prestaban a quienes no podían devolver y los instigadores de todo el boom inmobiliario... y, claro, si es "boom" tiene que estallar.) Eso sí, no olvidemos que el papel higiénico sirve para limpiar, y es lo que han hecho los Gobiernos: invertir en papel higiénico (traducción simultánea: dar pasta a los bancos) para limpiar lo que les salpicaba del chorreo de la crisis. Perdón, ¿he dicho limpiar? Quería decir "cambiar la mierda de sitio". Y es que la porquería, como la energía, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. La única forma de acabar con ella es acabar con lo que la genera: el modelo económico.
Según el Perich, la religión sirve para solucionar los problemas que no existirían sin la religión. Hagamos el ejercicio de cambiar "religión" por "banca"... Aunque quizá ambas se parezcan bastante: anda que no hay que tener fe para creer que alguna vez terminarás de pagar una hipoteca; lo de la Santísima Trinidad se queda en ná. Ojo que con todo esto no pretendo escribir una invectiva demagógica contra los bancos. No podría: podemos comer gracias a ellos. Yo, concretamente, gracias a la cubertería de acero inoxidable (hasta que se oxida) que me regalaron por la hipoteca que se llevará el 40% de mi sueldo durante los próximos 50 años

domingo, 12 de julio de 2009

DEMOCRACIAS PERPLEJAS

La elevada abstención en las últimas citas electorales es una crítica rotunda a la manera actual de hacer política. Los valores públicos están en quiebra y no hay grandes diferencias en los programas de los partidos

POR: JOSÉ VIDAL-BENEYTO EL PAIS 11/07/2009

Vivimos bajo el signo de la perplejidad. El imperio de la corrupción, el descrédito unánime de las instituciones, el nepotismo desbordado y sus prácticas, el oprobio inagotable en que ha devenido la política han llevado a la quiebra de todos los valores públicos, a la implosión de todas las referencias colectivas y nos han dejado sumidos en la confusión, átonos e inermes, sin pautas ni asideros a los que agarrarnos. Perplejidad que afecta a todos los ámbitos, incluyendo los más glorificados e intocables como la democracia. Causas de ello, múltiples; veamos algunas.
A partir de los años setenta se confirma el enclaustramiento de lo público en los partidos y su tendencia a la endogamia y al sectarismo partitocrático. Al mismo tiempo, su acción se reduce a las luchas por el poder y con demasiada frecuencia al enriquecimiento de sus líderes. Cabildeos y corruptelas en las alturas y cinismo en la base se convierten en datos de la más concreta cotidianeidad política. Era inevitable que los ciudadanos que no militaban en los partidos, la inmensa mayoría, se desinteresasen por los avatares de sus pugnas y que buen número de ellos rechazasen sus modos y ejercicio. Este rechazo que ha asumido modalidades diversas, unido a la perplejidad a que me estoy refiriendo, tiene en la reiterada abstención electoral a la que se asiste en todos los comicios, su expresión más patente. Y así, sería un error considerar el abultado porcentaje de abstenciones de las últimas elecciones como una impugnación específica al proyecto europeo, cuando todo apunta a una desafección de las propuestas presentadas y, con carácter más general, de la práctica electoral como expresión privilegiada, sino única de las democracias.
En efecto, la descalificación de las elecciones es antes que nada una crítica de la política democrática actual y de su falta de opciones claras, consecuencia de la atenuación de los perfiles diferenciales de los grandes partidos, que los hace, programáticamente, cada vez más próximos. El trasvase casi unánime de la socialdemocracia al social-liberalismo o el implacable desmantelamiento del sector público, al que procedieron, con tanta eficacia, Blair en el Reino Unido y Felipe González en España, sin olvidar el caballo de Troya del atlantismo británico liberal, que bajo el manto laborista instigó la nefasta reunión de las Azores, responsable de tan dramáticas iniciativas como la guerra de Irak, son los principales responsables de la deserción de la izquierda europea. Pues de otro modo es incomprensible que, en plena crisis económica y con la absoluta debacle de los principios y de la práctica del liberalismo que conllevaba, se ignorase o se rechazase el patrimonio que representaban los ideales y los programas socialistas y socialdemócratas, cuando eran el único arsenal conceptual y propositivo que podía sacarnos del atolladero.
El comportamiento de la derecha ha sido mucho más diestro y pugnaz. Sin abandonar la doctrina y la práctica liberal, sino al contrario revindicando su plasticidad adaptativa, ha incorporado, sin rubor ni recato, los elementos de la oferta socialdemócrata que le han parecido más compatibles con su ideario a la par que más sugestivos para los electores. Paralelamente, ha alentado, por detrás de la cortina, a sus tropas ultra que han reactivado en Europa, de manera notable, la presencia de la extrema derecha, más o menos fascista según los casos. Por lo demás, el incesante trasiego de la clase política, de un bando a otro, por iniciativa propia o respondiendo a incitaciones del poder, de las que el presidente Sarkozy es el ejemplo más cumplido, han creado una retribuida circulación que nada tiene que envidiar a la de los futbolistas profesionales, y que alienta la confusión y perfecciona la perplejidad.
El modelo neoliberal responsable del desastre no sirve ya, pero el social democrático, generalizado por Keynes hace 70 años, ha dejado también de ser útil. La razón fundamental es la inadaptación del keynesianismo, que sigue siendo hoy la espina dorsal de la socialdemocracia, a la sociedad actual y más concretamente su imposible y postulada función alternativa al capitalismo contemporáneo. Decir Keynes es invocar la regulación como piedra angular del edificio socialdemocrático, pero su posible y necesaria implantación es ahora, con la economía-mundo, absolutamente inoperativa en la perspectiva nacional e impracticable en la mundial. Por lo que no cabe ni siquiera pensar en una eficaz regulación general. Las grandes instituciones económicas -OMC, FMI, Banco Mundial, FAO, OIT, OMS, AIE, G-20, la futura Organización Mundial del Medio Ambiente- carecen de verdadera capacidad reguladora susceptible de organizar flujos e intercambios y se limitan a marcar pautas de alcance, en la mayoría de los casos, estrictamente retórico.
Olivier Ferrand, agudo analista francés y presidente del think-tank progresista Terra Nova, insiste en que la dimensión reparadora que caracteriza las intervenciones socialistas se queda hoy siempre corta, por la extraordinaria onda expansiva de las crisis que comienzan siendo sectoriales y relativamente modestas y acaban siendo amplísimas y generales. Las subprimes que se inician en EE UU en el mercado financiero inmobiliario, con poco más de 1.000 millardos de dólares y se extienden en pocas semanas a Europa y a los países en desarrollo, sobrepasando los 30.000 millardos, son un buen ejemplo, como lo son también, las rupturas ecológicas con el desmontaje de la biosfera, las sanitarias con la multiplicación de pandemias, las sociales con la radicalización del hambre y las desigualdades. El mito liberal del mercado, que se autorregula sólo, tiene hoy tan poco fundamento observa Olivier Ferrand, como el Estado Bombero que apaga los incendios, cura los males y repara los destrozos, pues no tiene medios para ello. Hoy no es posible curar, sólo prevenir, y además mediante una intervención muy antecedente y de perspectiva mundial.
Escribo mundial huyendo de la manipulación semántica a que nos han sometido los promotores del término y de la ideología de la "globalización", que hereda y culmina los escapismos economicistas que comenzaron en 1949 con la consagración de la expresión y de la doctrina del subdesarrollo, que Truman populariza el 20 de enero de dicho año en el discurso de investidura de su segundo mandato. Con ese término se designaron, a partir de entonces, los países que no alcanzaban el nivel económico y técnico de los países occidentales, medidos con los solos baremos e instrumentos de la contabilidad económica capitalista, en la que el producto nacional bruto por habitante y la acumulación financiera son los criterios fundamentales. Estas pautas que tanto deben a las determinaciones ideológicas y a los supuestos básicos del capitalismo convencional ignoran la dimensión cualitativa de todos los procesos y condenan a la inexistencia a lo más específico de las culturas nacionales y de las tradiciones autóctonas. Gracias a Gilbert Rist en El desarrollo. Historia de una creencia occidental y sobre todo a Amartya Sen y a su Índice de desarrollo humano comienza a aparecer un movimiento de resistencia, en el que la educación, la esperanza de vida, el bienestar social y todas las otras variables del progreso humano tienen el mismo peso que el PIB por habitante. La lucha por la contrahegemonía que es nuestro objetivo permanente debe comenzar por ahí, olvidando un poco las luchas de poder de los partidos, e insistiendo cada vez más en que el problema no es a quien votar, sino para qué votar, lo que exige enraizarse en la ciudadanía. Ya que frente al descrédito de la política y al encogimiento de los políticos, el movimiento social y los actores sociales y societarios de base están cobrando un protagonismo principal. La película Good morning England nos muestra la extraordinaria capacidad de transformación que esos sectores primarios, a caballo de las radios libres y de la música rock, operaron en la década de los sesenta en una sociedad tan encorsetada como la británica, liberando fuerzas y procediendo a una impresionante movilización de las energías de la gente. La izquierda, más allá de la conquista y gestión del poder político, debe revindicar esa acción directamente popular como la vía más segura para sacar a las democracias de su atonía y perplejidad, logrando promover el progreso de los pueblos.
José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela.

jueves, 9 de julio de 2009

LA 7 RM ¡50 MILLORES DE EUROS/AÑO!















(Para los de letras, 8.319.300.000 de las antiguas pesetas)
DOTRAFORMA
Por: Víctor Meseguer

Hablamos de la televisión autonómica (la que pagamos todos los murcianos), 7 Región de Murcia. ¡Mírate! (No me veo). Se supone que en España, la televisión, -toda- es un servicio público; es decir, el Estado es el que da las concesiones. Redundo, se trata de un servicio público. Una tele de todos (como la 7) debería ser, por tanto, un servicio público al cuadrado.

Claro que el PP parece entender servicio público como "servirse del público" y no como "servir al público", ya que con el dinero de todos produce su canal. Viendo la programación de la 7 también puede pensarse que han confundido lo de "servicio público" con esas casetas de plástico con urinario que colocan en los recintos feriales.

Los formatos (esos magazines eternos con estentóreas risas de señora) ya eran antiguos cuando le bajó el cacharro a Laurita Valenzuela; las "estrellas" de la cadena son más caducas que los postres de "con las manos en la masa"... Vamos, que han armado un modelo de televisión de rabiosa demodé. Y por demodé me refiero a "idiota": siguiendo la máxima de "cuanto menos contenido, a más gente llego"; alegre perversión del "cada colectivo tiene su inquietud".

Y eso ahora que el futuro de la tele está en los nichos... y no me refiero a que la tele la vaya a palmar. Hablo de los "nichos" de audiencia, esto es, los targets específicos: cada vez la televisión se consume de forma más atomizada... porque cada miembro de la familia tiene diferentes inquietudes culturales o de entretenimiento. Ya no se arrejunta toda la familia en el sofá a ver Verano Azul.

Pero bueno, esta explicación sobra, porque hablamos del futuro de la tele comercial y aquí toca hablar, recordemos, de una tele "pública al cuadrado", cuyo interés fundamental, es la gente. La 7 debería ser plataforma de talentos murcianos y espejo de minorías, porque ese público plano (de encefalograma plano) al que busca, ya está satisfecho por el 99% de los canales.

El dinero público se debe usar para integrar y educar... y sí, se puede integrar y educar entreteniendo. Y se puede entretener sin integrar y educar... pero también sin insultar. Y yo me siento insultado cuando veo el reflejo deforme de los murcianos que ofrece la 7.

Sobre la "autoría intelectual" de la 7 no hay dudas: todo político necesita su tele. Al Partido Popular, más que barata, le sale gratis: la televisión es un medio fantástico para la difusión de sus ideas e intereses a cuenta del contribuyente.

La cuestión es: ¿Hacía falta una televisión pública regional? Pues, depende como se mire…Lo que está claro es que la tele que se ha hecho, no era necesaria. Otra, con distinto enfoque, quizá sí lo fuese. Ojo que cuando digo "necesidad" no es "necesidad imperiosa"... obviamente hay prioridades.

Entendiendo la tele como el medio de comunicación por excelencia, como el creador de opinión por antonomasia, como un mecanismo de cohesión impagable. Y no sólo impagable porque cueste un ojo de la cara, que lo cuesta, sino porque, bien empleada, es capaz de formar, de culturizar.

Concibo la cultura como "red de conceptos compartidos por un colectivo", donde la tele puede convertirse en aliada. Cómo: Apostando claramente por contenidos culturales propios, que generen unidad por medio del conocimiento compartido. Hablo de una tele que se sumerja en el patrimonio cultural murciano para exponerlo al público. Y la cultura, en la tele, no tiene porque suponer un coñazo. En resumen: una tele autonómica es útil si crea autonomía. Y no hablo de ínfulas nacionalistas sino de ausencia de complejos. Somos murcianos, SÍ... y es que acaso ¿No hay arte en Murcia?; ¿No hay universitarios?; ¿No hay investigación?

Conseguir una tele así es difícil. Mucho. Pero las hay: por ejemplo TV3. Hay programas culturales a patadas... y programas humorísticos sobre política. Quizá por eso el primer paso sea… cambiar el modelo. Quizá uno como el nuevo de TVE sería útil, con un director de consenso, de perfil técnico.

Por cierto, una de las mejores maneras de tener una buena tele es teniendo buenos profesionales y tratarlos como tales. Una de las taras del periodismo actual es que a los que están arriba les da igual que el trabajo lo haga un becario que acaba de entrar o un trabajador con 30 años de experiencia. Y lo peor de todo, es que al público también parece que le da igual.

Pienso, ¿No es curioso que cuando queremos dar una imagen exterior moderna, sofisticada y alternativa con campañas como el ‘No-Typical’ nos conformemos con una imagen interior, con una tele, tan rancia, conservadora y vacía de ideas?

VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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