jueves, 26 de noviembre de 2009

CRISIS VS DESARROLLO SOSTENIBLE (1)



(...el papel de los gobiernos)

LA VERDAD 26.11.2009 - VÍCTOR MESEGUER

Para salir de la crisis lo mejor hubiera sido no haber entrado en ella con tanta avaricia. No es ninguna tontería; durante los últimos cinco años he escuchando a más de un alto cargo, de los distintos gobiernos de las naciones sin estado que conforman España, -eso sí, siempre «off the record»- que no se privaba de anunciar la verdad revelada sobre la que se nos venía encima. Mi pregunta siempre ha sido la misma: ¿Por qué no hacéis algo para evitarlo?
El Consejo de Ministros aprobará mañana el proyecto de Ley de Economía Sostenible. Zapatero dijo, el domingo pasado, que tiene previsto convocar a las comunidades autónomas a la IV Conferencia de Presidentes para pedirles «su colaboración» a fin de que «la economía sostenible tenga también el empuje de los gobiernos autonómicos». Sólo le pido a Dios.. ¡que no se les ocurra hacer un brainstorming!
Ha hecho falta la acumulación de demasiados dramas, traducidos en hundimiento de empresas e incremento del paro, para que reconozcamos que las reglas del juego eran totalmente obsoletas y que, de seguir utilizándolas, sólo demostraríamos un enfermizo deseo autodestructivo.
Si de verdad hemos aprendido algo, es más que evidente que la única alternativa es emprender el camino hacia el desarrollo sostenible a través de la responsabilidad social. He dicho camino y no meta, porque de todos es sabido que lo único permanente hoy es el cambio. A la sostenibilidad no se llega, se camina hacia o junto a ella. Pero como la culpa es siempre de los demás, los gobiernos, como la Iglesia, están preparando la revolución bajo el lema de «haz lo que yo te diga, pero no lo que yo haga». Algo así como si en la cátedra de Ética de la UCAM, el Sr. Aznar impartiera un curso sobre «Haz el amor y no la guerra» para veteranos de Irak.
Constituiría un acto de cinismo, con mención honorífica, que pidiéramos a las empresas que caminen hacia la responsabilidad / sostenibilidad a la vez que los gobiernos caminan en la misma dirección pero en sentido contrario ¿Por qué las empresas tienen que ser más responsables que los demás? &hellipSon las consecuencias de una sociedad ausente e indolente.
Las empresas no pueden sustraerse a su entorno, no viven aisladas. El notable éxito obtenido por numerosas empresas en Alemania y Francia para superar la crisis no es fruto de la casualidad, ni lo es el estruendoso fracaso que, a pesar de loables esfuerzos, se produce en otros países.
La diferencia no radica exclusivamente en diferencias estructurales de las respectivas economías -que también- sino en la capacidad de reacción de los gobiernos para promover medidas que ayuden a reformular un modelo económico que nos conducía indefectiblemente a la quiebra económica y también ética. Y, como en todo, hay niveles. La experiencia de los polos industriales y círculos virtuosos en Francia, es casi tan interesante como el de las bombillitas del Sr. Sebastian en España, pero los resultados avalan más la primera que la segunda.
Son necesarios gobiernos que apuesten decididamente -como anunciaba Zapatero, al presentar la nueva ley- por el ahorro energético, las energías renovables, la educación de calidad, la inversión en I+D+i, el urbanismo a la medida del hombre y no del especulador y la internacionalización de las empresas.
Pero también hacen falta gobiernos que abonen la responsabilidad en casa propia, que promuevan servicios e infraestructuras económicas y sociales de calidad, que olvidando las luchas sectarias excluyentes, exijan que el servicio público deje de constituir un lugar de enfrentamiento ideológico en el que, por ejemplo, el antagonismo público/privado subsista como bandera de la mitológica lucha derecha-izquierda.
Es absurda la discusión de más o menos Estado; lo que queremos, quienes lo mantenemos, es un Estado mejor, más competente. Un Estado, por ejemplo, donde los intereses corporativos no constituyan una restricción para el desarrollo de los servicios públicos. A modo de ejemplo, el Ayuntamiento de Guadalajara aprobó la semana pasada que los funcionarios volverán a tener un plus por no faltar al trabajo ¿No sería más acertado ligar el salario de los empleados públicos a la calidad del servicio prestado?
Hace unos días escuché una acalorada discusión, en la que un ciudadano le venía a espetar a su interlocutor que hay un abismo entre los dirigentes políticos y el resto de la sociedad. Le decía que «están por hacer su revolución cultural..., su forma de gobernar está intelectualmente desfasada. Viven aún el paleolítico del proselitismo fundamentalista, sin percibir, todavía, que su misión no consiste en restar a otros para sumar ellos, sino en dar para que sumemos todos».
Tenía el hombre su parte de razón. La Administración constituye un elemento fundamental en esa carrera por el objetivo de la sostenibilidad, pero para ello debe dejar de tomarse como su propio objetivo y redescubrir, que ella no es su propia razón de ser. Que la necesaria prestación de servicios públicos no sólo no puede seguir sirviendo de coartada para aplazar su evolución, sino que le exige evolucionar inmediatamente. No podemos seguir permitiéndonos el lujo de la referencia a Quevedo o a Kafka, según tengamos que volver mañana o nos perdamos en «el proceso». Es muy caro.
Emprender el camino hacia la sostenibilidad tampoco tiene futuro sin políticas inteligentes de intervención social; políticas desde las que se eviten en la medida de lo posible guetos de miseria hartos de desesperanza y sin futuro. Murcia constituye un claro ejemplo donde la distribución de la riqueza es muy asimétrica, situándose en el pelotón de cabeza de las regiones con mayor índice de pobreza relativa, a la vez que de Mercedes-Benz u otros vehículos de alta gama.
Y es imprescindible -cómo no- una profundización en la exquisitez, en el respeto al medio ambiente que no es, ni más ni menos, que el respeto por el propio ser humano y, en definitiva, actor y beneficiario del desarrollo sostenible. Las administraciones tienen que predicar con el ejemplo. ¿Cómo se puede pedir a la gente (ciudadanos y empresarios) que recicle si los camiones tiran todas las bolsas al mismo vertedero? (Alcalde Cámara, seguimos esperando una respuesta)
«Sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo». La construcción de territorios socialmente responsables es la prioridad y la mayor de nuestras empresas -las administraciones públicas»- tienen que predicar con el ejemplo. Un reto para valientes porque, no se confundan, para hacer tortillas, previamente, hay que romper los huevos.
http://dotraforma.blogspot.com/

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