jueves, 15 de octubre de 2009

¡CUERPO A TIERRA QUE VIENEN LOS MIOS!



LA VERDAD 15.10.2009 - VÍCTOR MESEGUER

LOS COSTES DE LA ESTUPIDEZ
La erosionada reputación de nuestras instituciones alcanza niveles mayores allí donde gobierna el Partido Popular. El caso Gürtel ha hecho visibles las correas de transmisión de la mano invisible que mece la cuna en los aledaños del poder y en el mismo epicentro del poder. Como diría Rajoy... ¡Cuerpo a tierra que vienen los míos!
Son las consecuencias de la irresponsabilidad. Los expertos vaticinan que, tras la crisis, necesitaremos un nuevo modelo productivo pero, a mi entender, ética y regeneración democrática deben compartir las prioridades en la agenda. La democracia puede morir por falta de vida o, lo que es lo mismo, porque entre todos la matamos y ella sola se murió.
Para solucionar un problema no podemos aplicar la misma lógica que lo ha creado. La identificación de los delincuentes es nuestro compromiso con la ley, pero no constituye en sí misma una salida a la lamentable situación higiénica de nuestras instituciones. El cambio pasa por la corresponsabilidad de todos en la defensa de la decencia en la vida política, económica y social.
Urge devolver la política a los ciudadanos. Porque aunque algunos confían en que el destino lo decide Dios o una instancia superior, en una sociedad como la nuestra, los que decidimos de verdad somos los ciudadanos, si nos dejan ejercer como tales y, a veces, incluso porque no nos dejan.
Ante la ausencia de un cuarto poder (no me refiero a la prensa sino al poder de los ciudadanos), los responsables de la irresponsabilidad, parapetados y apestillados en la máquina de condicionar voluntades, que da el ejercicio del poder, se dedican a desacreditar y/o amedrentar cualquier voz crítica, promoviendo la cultura del chantaje a propios y ajenos, la del desprecio, las medias verdades o verdades interesadas... Son los costes de la estupidez.
A estas alturas del cuento ni tan siquiera nos puede sorprender el creciente envilecimiento del debate político. Cuando los jefes se pelean... y se pelean, arriba se lanzan insultos; abajo, los indios, no más oyen, ven y luego... ¡se matan!
Algunos, intentando emular o superar las lindezas que se cruzan sus jefes de fila sacan del fondo del armario el más destructivo de los discursos: el discurso de la mentira, del insulto generalizado, de los juicios de valor gratuitos,...
Este tipo de discursos se sabe cuándo empiezan pero no cómo y dónde acaban; crecen y se desarrollan tras el cobarde discurso del anonimato y «el calumnia que algo queda». Una política de tierra quemada donde pueden acabar pagando justos por pecadores.
Por todas estas razones y alguna más que dejo en el tintero, no entiendo la imagen de un Rajoy a la defensiva. Debería aprender del pasado y situarse en la vanguardia del cambio. Aunque sólo fuera en defensa de la honorabilidad de la inmensa mayoría de los militantes del PP -que estoy seguro- repudian la corrupción.
No obstante, no seré yo el que utilice la corrupción como arma arrojadiza contra el PP (bastante tienen los pobreticos defendiéndose del fuego amigo) estando como estoy convencido de que vivimos una crisis de valores que, en mayor o menor medida, va penetrando en el tejido social sin distinción de colores ni clases. No nos engañemos. La diferencia la marca el poder en sus distintas dimensiones/manifestaciones y la probidad moral o su carencia de quienes lo ejercen.
Este país necesita un poder que controle al poder de las instituciones y de los partidos políticos. Necesita de la corresponsabilidad de todos, de un cambio orientado a alcanzar una vida democrática más plena, donde sea posible contar permanentemente con el compromiso responsable, la participación y la movilización de la ciudadanía. Esta implicación, en los últimos años ha tendido a debilitarse, con el riesgo que comporta para las libertades y las instituciones. Es imprescindible, pues, un nuevo impulso democrático que haga ver el papel decisivo que en la política tienen los ciudadanos.
Para avanzar en esta dirección es necesario, en primer lugar, que las instituciones sean percibidas como patrimonio de todos y no como instrumentos de una sola voz, monopolizados por la fuerza política que las gobierna. Por eso, las instituciones y las administraciones deben ser más abiertas y más cercanas a los ciudadanos. Solamente de esta manera, podrán responder con flexibilidad y celeridad a sus demandas. Y solamente así, serán, a la vez, controlables y transparentes.
Además, las instituciones representativas y las organizaciones políticas no agotan la expresión de la participación ciudadana en la vida pública. La política se hace hoy de muchas maneras y en muchos ámbitos -asociativos, profesionales, culturales y laborales-, y no únicamente por la vía de los partidos y de las instituciones. Estos tienen una función fundamental e insustituible. Pero deben ser complementados con movimientos y asociaciones ciudadanas, como parte de la red social que asegura la participación política permanente, amplía y desde la base.

3 comentarios:

  1. Para qué sirve crear una asignatura:
    "Educación para la ciudadanía y los derechos humanos", si antes NO dan ellos mismos ejemplo (distintas fuerzas políticas).
    Situaciones actuales, como las que estamos viviendo destruyen los pocos valores y principios que puedan existir en una sociedad civilizada.
    Y ¡¡ojo!! solemos confundir civilización con riqueza en la distinción real de derechos y deberes de todos y cada uno de los ciudadanos de un estado o nación; o mejor dicho, para alcanzar un Orden Mundial. Porque no debemos olvidar que todos somos ciudadanos del mundo. Estamos implicados desde que nacemos en el terreno de lo social y, ello implica un nivel superior de convivencia y respeto; y eso, en general y, por desgracia, escasea. Lo vemos en el día a día, y lo peor es que arrastra masas, llegando a nublar nuestra conciencia de la verdad. Estamos machacados por imágenes, palabras y sinsentidos; el que es débil, se deja arrastrar; y el que no lo es, acaba asimilando a la fuerza esa realidad por indefensión. Si perdemos nuestra dignidad, ¿qué nos queda?. NADA. Sólo el vacío. Por lo tanto deberíamos despertar y, reclamar nuestros derechos, siendo igualmente consecuentes con nuestros deberes. ¿Cómo?. Democráticamente, mediante el voto.
    Todo lo demás, está muy bien. Y me refiero a que, cuenten con "la Voz del pueblo". Se impliquen con el pueblo, lo escuchen. Estudien sus problemas y, posteriormente, lo solucionen adecuadamente, sin perjudicar a nadie.
    De esa manera, todos seremos parte de una nación:
    "La Tierra".

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  2. Amigo y compañero:
    Sabes que, desde siempre, te he dicho que me gusta cómo y lo que escribes y continúas en esa línea y mejorando, que es lo interesante. Tienes, en mi opinión, mucha razón. Pero también debemos ver la paja en nuestro ojo; quiero decir que la sociedad de la que formamos parte ha sido la causante paulatina de esa pérdida incontenible de VALORES y EDUCACIÓN. Se ha consentido demasiado, por pensar que estábamos coartando la libertad de la persona. Y no era eso. Bien sabes que los que "no nos hemos doblegado" NOS HA IDO MUY DIFÍCIL. Pero hemos sobrevivido a ello y seguimos estando de pié y con dignidad, que no todos pueden decir lo mismo. En cuanto al "Cuarto Poder" es una pena que ese "sunami" también se haya tragado a la Prensa, la mayoría de ella con la voluntad "atrapada" y con sus peones (periodistas) amordazados, si es que quieren tener (quien aún lo tenga) un trabajo. Eso, sin contar con esos que poseen la titulación, pero no son PERIODISTAS. Sabes que puedes seguir contanto con mi amistad, mi admiración y mi respeto por tí. Un abrazo.

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  3. Um abraço amigo e uma boa semana para ti.
    Graça

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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