lunes, 4 de mayo de 2009

Marta del Castillo

El dolor ya suma un día más. Yo estoy con los padres de Marta del Castillo.

Una escena cruel donde la implacable lentitud de la tortura alimenta un dolor sin descanso. Necesitamos encontrar el cuerpo de la niña para que sus padres puedan romper los llantos contenidos.

La lógica indignación popular, la irresponsabilidad de algunos medios de comunicación y, sobre todo, la impune y cobarde perversidad de los presuntos verdugos de su hija, contribuyen a reabrir el debate sobre el límite de los instrumentos en función de un final que todos deseamos.

Creo que este es un camino errado. Una cosa es que se te retuercen las tripas al ver su cara sin cuerpo y, otra, la convicción de que el edificio de la justicia no se puede construir a partir de un caso concreto.

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