martes, 14 de abril de 2009

Artículo para el debate 14-04-09 LA IZQUIERDA POSIBLE

Desde Murcia
…la izquierda posible

Víctor Meseguer. DOTRAFORMA.

“En la vida como en el ajedrez las piezas mayores pueden volver sobre sus pasos, pero los peones sólo tenemos sentido de avance”

Este es el espacio de la izquierda posible, porque todo pensamiento que a nivel global suponga una ideología, debe concretarse a nivel local.

La izquierda posible, esa que niegan quienes desde la derecha anuncian el fin de las ideologías, tiene sentido junto al ciudadano que camina cansado de vuelta a casa. Es la izquierda que hunde sus raíces en la verdad más simple del pan nuestro de cada día.

Hay intelectuales capaces de explicar la verdad que nos mueve, de definirla de forma global y abstracta; está bien, hacen falta, pero aquella sólo se entiende a pie de vida.

Ante los problemas, cada vez más complejos, del momento que nos ha tocado vivir, el individuo únicamente podrá identificarse con las propuestas de la izquierda desde lo palpable de sus pueblos y ciudades.

Porque el ser humano sólo tendrá cabida en un mundo en el que el tiempo cada vez tiene menos que ver con la distancia, si resuelve sus certezas y sus dudas desde la cercanía.

De no hacerlo así, lo global, lo “ineludible” concienzudamente diseñado, suplantará al ser humano por una ley del mercado sin alma.

Por eso os decía que este, y no otro, es el espacio de la izquierda posible, de la izquierda que trabaja por dar respuesta al dilema de nuestro vecino, porque sabe que sólo a través de este puede cambiar el mundo. Sin aspirar a tanto, simplemente haciéndolo.

Pero dar respuestas al ciudadano que camina junto a nosotros no es sólo aspirar a gobernarle. No es decirle agua cuando se gobierna y sequía cuando se está en la oposición. El silencio que espera la derrota del contrario por desgaste tampoco es nuestra victoria. Porque el socialismo no es sólo una opción de alternancia, de la que se pueda esperar una mejor gestión, o la alternativa menos mala ante un inevitable hartazgo de los rostros y formas de la derecha. Siempre he defendido que no se trata únicamente de hacer mejor las cosas, sino de hacer cosas diferentes.

Debemos recuperar para ello la capacidad de comunicarnos con el ciudadano, escucharle en primer lugar, pero también explicarnos. Aprender de sus angustias, de sus necesidades; trasladarles nuestros proyectos, nuestra ilusión. Hace confluir su hambre de pan y la nuestra de horizontes.

No son silencios lo que nos piden, sino la palabra como arma cargada de futuro, para esperanzar y convencer al ciudadano de que no renuncie ser el actor y el objeto de mañana.

Palabras camino del trabajo, hablando de lo que nos preocupa, explicando porqué el agua no es patrimonio de nadie y lo es de todos, porqué debemos regular cualquier intervención que modifique su naturaleza, respetando escrupulosamente el futuro de nuestros hijos.

La oposición como contraposición del negro al blanco no refleja ideología alguna, aburre y aleja al ciudadano que termina por pensar que es todo lo mismo.

Respeto al medio ambiente y solidaridad, en el vino y en el agua, se gobierne o se esté en la oposición, son elementos irrenunciables de la “marca” socialista y ninguna estrategia debe alejarnos de nuestras señas de identidad. Para que la sociedad confíe en nosotros debemos ser absolutamente respetuosos con lo que afirmamos representar.

Abanderar la negación del reparto de un agua excedentaria es difícilmente explicable para una izquierda solidaria.

Pero dicho reparto en ningún modo debiera superar lo que puede suponer de aportación a un crecimiento sostenible. Respeto al medio ambiente es un signo irrenunciable de la izquierda.

Su ignorancia como contrapartida del beneficio inmediato traslada un coste insostenible a medio plazo.

Es decir, agua sin paseos militares sobre las heridas de regiones hipersensibilizadas con seculares abandonos, que no hacen sino generar estériles enfrentamientos, ni huevos que traten de suplir los necesarios estudios técnicos sobre la viabilidad de cualquier proyecto.

Palabras a pie de obra para explicar que el mundo necesariamente no tiene por qué dividirse en vencedores y excluidos, que no existe un único modelo, por lo que las leyes de la lógica del crecimiento no tienen porqué profundizar en la separación entre países pobres y ricos y, dentro de estos, en sociedades injustamente estratificadas. Hay que evidenciar que el socialismo, esté en el Gobierno o en la oposición, tiene un modelo de crecimiento no excluyente.

Escuchar a pie de obra las angustias de quienes se ven obligados a trabajar doce horas cobrando sólo seis, a quienes llevan ya tres contratos en lo que va de año y a los que saben que lo terminarán sin ninguno. Escuchar y comprometerse con ellos ahora en la oposición, y cuando se gobierne.

Palabras al volver a casa, mientras agotados esperamos un autobús que nunca llega, porque el transporte público no interesa al mercado.

Palabras que hagan ver de forma clara a nuestro vecino que quien le arroja del mercado no es ese hombre que llegó en patera, sino quien le explota porque sin papeles está indefenso. Que es demagógico el discurso de una derecha que hace leyes para fabricar seres humanos ilegales, a los que esclaviza y luego arroja a los desesperados de cualquier El Ejido del mundo.

Palabras cuando se ha hecho de noche, y ya cansados de esperar ese transporte que nunca llega, caminamos por calles mal alumbradas, palabras para hacer comprender que la izquierda quiere velar por la seguridad, porque las primeras víctimas de su ausencia son siempre los pobres.

Palabras y hechos que nos identifiquen con un proyecto en el que el ser humano sea el objeto y el fin del modelo propuesto. Un proyecto codo a codo, para ser mucho más que dos, en el que sea indiferente si estamos en la oposición o en el gobierno.

2 comentarios:

  1. ¿Por qué no conviertes este llamamiento en un manifiesto y recoges firmas? Seguramente porque recogerías tantas que habría que talar miles de árboles... y eso no es socialista.

    "El individuo únicamente podrá identificarse con las propuestas de la izquierda desde lo palpable de sus pueblos y ciudades". Ahí tenemos uno de los principales problemas de la izquierda (y, por qué no, de la política) hoy: la conciliación de lo local y lo global, la "micropolítica" y la "macropolítica". Supongo que el primer paso para conseguirlo es acabar con la demagogia. Pues vamos.

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  2. Es cierto que la política tiene que aportar soluciones personales, pero también debe tener miras globales. Ha habido mentiras y demagogias, pero el éxito del gobierno de esta Región es que ha resuelto los problemas de muchos haciéndolos partícipes del pelotazo, recalificando la huerta de su abuelo para que se ganara unos millones, colocando al hijo de alicatador para que dejara la escuela diciendo que cobra más que el maestro, y suministrando inmigrantes ilegales que hicieran el trabajo duro por cuatro perras. Y a cambio, pidiéndoles su voto y malbaratando la Región para hacer a los amiguetes más partícipes del pelotazo.

    Sí, creo que la política tiene que bajar a pie de obra. Para enterarse de los problemas y buscarles solución, pero también para explicarle a la gente que, cuando vendieron la huerta, se hicieron cómplices de los pelotazos y las corruptelas, y se aprovecharon de lo que es de todos (el paisaje, el aire, el medio ambiente, el agua o los derechos humanos) para beneficiarse ellos solos. Y esa pedagogía es para mí el signo diferencial de la izquierda: favorecer que se analice el problema, hacer de los votantes ciudadanos y colaborar con ellos en un cambio de estructuras.

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VICTOR MESEGUER DOTRAFORMA

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