jueves, 16 de abril de 2009

Artículo de debate 16-04-09 PAPELES MOJAOS


"PEDIMOS MANO DE OBRA...Y LLEGARON PERSONAS".

Víctor Meseguer. DOTRAFORMA

La célebre frase que pronunció en 1965 el escritor suizo Max FRISCH ha contribuido a abrir, en todos estos años, los ojos de aquellos que veían al inmigrante como un recurso más barato, más rentable. Y no sólo porque su necesidad le obligara a asumir condiciones inadmisibles, sino porque su desesperado esfuerzo, deprecia el valor de la mano de obra.

Pura rentabilidad que convierte el sudor en calderilla. Pero por lo visto solo los ojos de algunos, pues son innumerables, los que siguen considerando la inmigración como algo coyuntural, de ida y vuelta; y a los inmigrantes como mano de obra poco cualificada, que poco o nada aporta a la cultura, a la política, a la cohesión social. Frases como las que se le han escuchado a algún alcalde en nuestra limítrofe Almería, lo atestiguan: “necesitamos mas inmigrantes entre las siete de la mañana y las siete de la tarde, pero que desaparezcan todos, entre las siete de la tarde y las siete de la mañana siguiente”.

En la legislatura anterior, fue un gobierno socialista el que introdujo un viraje fundamental en política migratoria. Consideró al inmigrante como ciudadano en toda su globalidad, y no sólo como mano de obra. Recordemos que fueron años en los que se creó, por primera vez en España, una Dirección General de Integración de los Inmigrantes, en los que la gestión de las políticas de inmigración pasaron de Interior a Trabajo, y en los que se elaboró el primer Plan de Integración y Ciudadanía.

Se estableció entonces, un fondo específico, dedicado a favorecer los procesos de integración de las personas inmigrantes en nuestras ciudades y en nuestros barrios; un fondo, destinado a construir la convivencia ciudadana, que a la vez, supuso un refuerzo de los servicios públicos. Fueron años en los que España supo liderar en Europa, el discurso de la integración, de una integración que respeta e integra los valores culturales de los otros, frente a modelos que se han demostrado fracasados como la asimilación o la separación del diferente. Y todo ello, sin menoscabo, de la regulación de los flujos migratorios, la lucha contra la inmigración irregular y el control de nuestras fronteras exteriores.

Pero se fue Caldera al mundo de las ideas socialistas, para que otros, desde la izquierda, vengan a posiciones de Gobierno y, superando la santa semana, se queden, impulsando un cambio de discurso en política migratoria; eso si, sin cambiar nada, sólo de cara a la galería. La realidad, sin embargo, es tozuda y desvela que al final un endurecimiento del discurso, buscando el ansiado voto, termina provocando un cambio en las políticas. Y lo que es peor, también un cambio de discurso en la ciudadanía. Así se retrocede, en poco tiempo, una parte importante de lo andado en materia de integración y convivencia.

Un cambio y un endurecimiento del discurso político en materia de inmigración, que puede también propiciar que algún mando policial se extralimite y se sienta legitimado para establecer cupos de detenciones de irregulares, volviendo al error de vincular inmigración con delincuencia y a querer buscar en la inmigración el origen de la situación de crisis económica.

Desde la izquierda cometeremos un gran error si no seguimos apostando, también en época de crisis, por una política migratoria que ponga el acento en construir los procesos de integración de las personas inmigrantes; en fabricar el edificio de la convivencia entre personas de diferentes culturas, en las ciudades y en los barrios, creando espacios de relación y comunicación entre la población autóctona y la inmigrante.

Una política migratoria que no esconda el Plan de Ciudadanía e Integración en un cajón, sino que lo desarrolle y lo dote presupuestariamente; una política migratoria que apueste por reforzar y adaptar nuestros servicios públicos a la nueva realidad de la diversidad cultural, avanzando desde los principios de normalización, ciudadanía y no discriminación en la igualdad de derechos y deberes para todas las personas que habitamos un mismo territorio.

Y liderando en España y en Europa un discurso que nos sitúe a todos, autóctonos e inmigrantes, en una posición de igualdad a la hora de ir buscando juntos nuevas soluciones a esta situación de crisis que estamos viviendo. No culpabilizándonos unos a otros de situaciones que debemos aprender a abordar y a resolver juntos.

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